16 de marzo de 2018

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LA PENA DE MUERTE Y EL FANTASMA DE SENDERO LUMINOSO.

Por: Luis Arce Borja.

2 de noviembre de 2006

¿Pena de muerte en Perú?. ¿Por qué esta medida y contra quiénes va dirigida. El primer elemento que hay que tomar en cuenta cuando se plantea la pena de muerte es la naturaleza del Estado peruano. Aquí no se trata específicamente de un problema jurídico o legal. La medida es política, y tiene que ver con las ambiciones del régimen aprista, y sus planes de gobernar mediante el terror y leyes draconianas que amenacen y repriman permanentemente el más leve movimiento popular. García Pérez, es conciente que el Estado peruano es inestable, en crisis, en estado de putrefacción, y que en esas condiciones es mejor gobernar mediante el estilo de las dictaduras terroristas, en cuyo terreno la vida no vale nada.

Uno de los temas que Alan García abordó desde su campaña electoral fue la pena de muerte tanto para violadores y terroristas. El 7 de marzo del 2006 durante un mitin en el distrito de La Victoria, dijo que propondría una consulta popular para introducir la pena de muerte, tanto para violadores y terroristas. Ya en el poder ha concretado sus planes en un proyecto de ley (remitido al parlamento) para aplicar la pena de muerte a los violadores de niños. Entre su campaña electoral y su pedido para sancionar con la muerte a los violadores, solo ha pasado algunos meses, y ahora ha propuesto extender la pena de muerte a los que el califica de terroristas. Así el martes 31 de octubre mientras inauguraba un programa de salud en San Juan de Lurigancho, dijo que entregará un nuevo proyecto de ley al Congreso para que se aplique la pena de muerte a los que “intenten retomar las acciones subversivas de Sendero Luminoso”. García, en su tono de facho latinoamericano, señaló que la pena de muerte incluía el fusilamiento para “aquellos remanentes de Sendero Luminoso” que se estén reorganizando con el fin de revivir la “lucha armada” por medio de atentados terroristas. "Enviaremos el artículo de ley que aplica la Constitución para que cualquiera que comience este gravísimo delito de terrorismo, que hizo retroceder tanto al Perú, se enfrente a un pelotón de fusilamiento". En tono amenazador anotó que si “Sendero Luminoso intenta volver a infiltrarse en las universidades, sindicatos u otras organizaciones, el gobierno "intervendrá" esos lugares.

En 1871 Francia había capitulado frente al ejército de Prusia. La derroca del gobierno francés fue desastrosa y aceleró la lucha de clases y la explosión social. Estallo la revolución y se estableció la Comuna de Paris. Los trabajadores por primera vez en la historia tomaban el poder, y se habían atrevido “asaltar el cielo” como dijo Carlos Marx. En alto del local municipal, ahí donde solo se reunían nobles y burgueses, ahora flameaba la bandera roja de los obreros parisinos. El sanguinario Thiers apoyado por el gobierno de Bismarck atacó la comuna y con ello se impondría el terror y el crimen para liquidar la revolución. Los obreros levantaron barricadas, y sin partido ni ejército, defendieron valerosamente el poder del proletariado. La derrota fue inminente, y ahí entre el fuego de los cañones y fusiles, quedaron miles de trabajadores degollados y fusilados en juicios sumarios. “Las matanzas continuaron durante varios días más. La última barricada, construida en un cuarto de hora, estaba defendida por un sólo hombre. Disparó su último cartucho y murió como todos, fusilado. Para el domingo 28 de Mayo la Comuna había desaparecido”. Y Si era verdad que la Comuna había terminado gloriosamente defendida, los fusilamientos no. Al final quedaron más de 30 mil parisinos muertos por la represión del ejército de Thiers. Como señalan diferentes historiadores, la sangrienta derrota de la Comuna de Paris y la represión impuesta contra el movimiento obrero de Francia, se extendió durante cinco años después de la histórica Comuna. En ese periodo post revolución de Paris, los mejores cuadros obreros sobrevivientes fueron muertos o enviados a prisión.

La remembranza de la Comuna de Paris, no es para hacer compasiones históricas, sino más bien para mostrar que en todas las etapas de la lucha social, la represión, no concluye con la derrota del proceso revolucionario en si, sino que ésta se extiende durante mucho tiempo después. La represión, en este caso es por naturaleza, una forma de “prevención” del rebrote de la rebelión, y como estrategia contrarrevolucionaria se perfila como parte de los planes del Estado para impedir que nuevas fuerzas retomen la lucha. La opción que ahora plantea Alan García Pérez con la aplicación de la pena de muerte, no tiene porque sorprender, y se trata en ultima instancia, de una medida preventiva y reaccionaria a un proceso revolucionario, que a pesar que fue traicionado por sus propios dirigentes en 1993, significa en el aspecto histórico-político, una posibilidad de enfrentar con las armas en las manos al Estado y las clases que detentan el poder en Perú.

La pena de muerte para los “terroristas” como dice García Pérez, no es contra un peligro inminente e inmediato en la escena política actual del Perú. Por el momento nada amenaza con seriedad la integridad del Estado y del gobierno. En el caso del Partido Comunista del Perú (PCP), Abimael Guzmán y su “Comité Histórico”, desde las prisiones firmaron un acuerdo traidor con Alberto Fujimori, cuyo alcance contrarrevolucionario fue factor de primer orden en la derrota de la lucha armada. Guzmán, ahora más ocupado en sus trámites matrimoniales con Myriam Iparrguirre, sigue empecinado en buscar una “solución política a los problemas de la guerra”, en lugar de ser un peligro, resulta un nuevo aliado del estado y del sistema de opresión. Su objetivo político se reduce a una lastimera “amnistía general para los presos”. El Movimiento Revolucionario Tupac Amaru (MRTA), de origen aprista es inexistente y sus dirigentes en presión, incluido Víctor Polay Campos, han capitulado y reniegan ahora de la lucha armada. Por parte de la izquierda caviar, esto es un paco más de lo mismo, y su función política se reduce a convivir con los gobiernos de turno, o a lanzar estribillos políticos en torno a una “nueva constitución” y a “fortalecer la democracia”. Entonces, ¿qué teme el gobierno aprista?. La amenaza mas grande va a surgir del hambre, la miseria, la desocupación y otras lacras sociales que el gobierno de García Pérez acelerará en los próximos meses. Las luchas populares aunque espontánea y sin dirección política por el momento, serán la resistencia inmediata y su desarrollo, que duda cabe, serán un factor de calidad en el camino de construcción de la vanguardia política y revolucionaria. Vanguardia que como decía José Carlos Mariátegui, tiene que ser la fuerza política que “asuma la tarea de orientación y dirección en la lucha por la realización de sus ideales de clase”. (1).

Así la pena muerte y cualquier otra medida represiva, es como se dice en Perú, “poner el parche antes que salga el chupo”. Esto significa, que si bien cierto la lucha armada revolucionaria ha sido derrotada (a causa de la capitulación de sus dirigentes), ello no significa que el proceso la lucha de clases haya concluido. Al contrario, el Perú actual vislumbra un cuadro social donde las masas, espontáneamente, serán los actores principales de la lucha social. Y en esta lucha, las clases populares tienen una gran ventaja, y ello se refiere a que en Perú, existe independiente de los intentos del gobierno para reprimir el reagrupamiento revolucionario, la experiencia de cerca de 20 años de lucha armada, y la experiencia tangible de que las masas armadas pueden enfrentarse victoriosamente a las fuerzas armadas, a los miles de policías, a los paramilitares, y a cualquier fuerza represiva del Estado.

Nota:
1. José Carlos Mariátegui. Programa del Partido Socialista, octubre 1928).

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