24 de agosto de 2019

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PERU: MINERÍA: ¿LA NUEVA COLONIZACIÓN?.

Por: Avelino Zamora Lingán*.

9 de septiembre de 2006

Cada vez más en la imaginación popular existe una fuerte tendencia a asociar el “Boom” minero con lo sucedido en tiempos de la conquista española, debido a los enormes impactos negativos sobre el medio ambiente, los recursos naturales y en el aspecto sociocultural, generados en todo el territorio nacional y, particularmente, en la región Cajamarca. En las líneas siguientes sustentamos algunas de las razones.

Eduardo Galeano, autor del prestigioso libro “Las Venas Abiertas de América Latina”, describe la actitud de los conquistadores españoles así: “Los españoles impusieron la religión y cultura occidental, o mejor dicho la cultura europea, cometiendo los más brutales crímenes. Por ejemplo: en su afán de convertir al cristianismo, regalaban a los campesinos santos e imágenes de cristo y de vírgenes. Pero, los campesinos, por tener una cultura agro-céntrica, enterraban los regalos en la tierra, para que ésta de ‘mejores frutos’. Sin embargo, los conquistadores, incapaces de comprender la lógica cultural andina, creían que los campesinos arrojaban a los santos y por ello, los condenaban a ser quemados vivos, acusados de cometer sacrilegio y herejía”

Respecto de como los conquistadores saquearon el oro, el mismo Galeano sostiene: “Como unos puercos hambrientos ansían el oro americano y esto porque sus actividades y actitudes con los indios por someterlos, para llevar el oro fue tan brutal e irracional que los historiadores oficiales, políticos, el clero y los grupos dominantes de la América actual se avergüenzan de recordarlo”.

En esa época, como lo es ahora también, el oro y la plata era tan abundante que Galeano dice lo siguiente: “Antes de que Francisco Pizarro degollara al inca Atahualpa, le arrancó un rescate en andas de oro y plata, que pesaban más de veinte mil marcos de plata fina, un millón y trescientos veinte mil escudos de oro finísimo. Después se lanzó sobre el Cuzco. Sus soldados creían que estaban entrando a la ciudad de los césares romanos. Tan deslumbrante era el imperio incaico, pero no demoraron en salir del estupor y se pusieron a saquear el templo del sol: forcejeando, luchando entre ellos (cual bandidos de películas del viejo Oeste), cada cual procurando llevarse del tesoro la parte del león, los soldados con armadura de malla pisoteaban joyas e imágenes, golpeaban los utensilios de oro o les daban martillazos para reducirlo a un formato fácil de manejar y transportar... Arrojaban al fundidor para convertir al metal en barras, todo el tesoro del templo: las placas que habían cubierto los muros, los asombrosos árboles forrados de oro, pájaros y otros objetos de jardín”

Hoy, a más de 450 años, nuevamente se está reeditando acciones bastante parecidas a las de la conquista española, porque se está trastocando sistemáticamente, con ciertas variantes modernas, no sólo las fuentes de vida de la población, especialmente de los campesinos, como el despojo de sus tierras, la destrucción y contaminación de sus fuentes de agua, la contaminación del ambiente y violando los más elementales derechos, como los de vivir en paz y tener un ambiente saludable, entre otros, sino que se está vulnerando la cultura andina y la identidad, es decir, la esencia misma del poblador peruano. Pues, quienes no reconozcan que esto es así y que la dinámica social conflictiva que se está viviendo en estos últimos tiempos tiene como eje principal la actividad minera, es porque quieren, como se dice comúnmente “tapar el sol con un dedo”, vendarse los ojos con los dólares o simplemente porque asumen el rol de felipillos. A propósito ¿quiénes fueron los felipillos? Fueron los aliados de los conquistadores y cumplieron la función de traductores y facilitadores de dichos conquistadores, poniéndose en contra de sus compatriotas y de su propia etnia. Se dice que sin estos personajes, los invasores españoles tal vez no hubieran sometido tan fácilmente al pueblo inca. Actualmente, las compañías mineras no despojarían coercitivamente de sus tierras, ni depredarían indiscriminadamente a los recursos naturales, ni contaminarían y destruirían los colchones acuíferos, tampoco destruirían los cerros, si es que no hubiera personas que asumen, a cambio de unos cuantos soles o dólares, el rol de felipillos modernos. Sin ninguna duda, para la percepción popular esta función lo cumplen muy bien gobernantes de turno, autoridades nacionales y locales, y ciertos pobladores que salen en marchas de protesta a favor de los “nuevos conquistadores” modernos, tal y como se observó los días del reciente conflicto entre comuneros de Combayo y Minera Yanacocha.

Del mismo modo, este proceso de “nueva conquista o colonización”, con ropaje color oro, no fuera posible si es que no existieran los instrumentos jurídicos y tributarios que lo amparan. Como se sabe tales instrumentos están bien establecidos en la constitución de 1993, en la ley de minería, en los contratos de estabilidad tributaria, etc. con los cuales se otorga legalidad al saqueo, pero no legitimidad ni mucho menos licencia social. Veamos como están establecidos los contratos mineros:

El 5 de abril de 1992 el golpe de Estado por Fujimori y Montesinos, se produce con el único objetivo de fondo de realizar modificaciones sustanciales al marco legal minero. Y una de estas modificaciones es la Ley de Minería Decreto Supremo N° 014 -92- EM, promulgada en junio del mismo año; además, se da los decretos leyes 662; 668 y 757, cumpliendo de esta manera con la fraudulenta y entreguista Constitución de 1993. No hay que olvidar que el Decreto y las leyes aludidas fueron resultado de la presión que ejercieron sobre el dictador la sociedad de minería. Obtener tales arreglos legales constituyeron una victoria para los “lobby” de la minería, pero pisoteando los derechos de la mayoría de la población.

La constitución neoliberal de Fujimori, permite a las empresas extranjeras lo siguiente: repatriar el total de su capital y utilidades, es decir, sacar su capital a su país de origen sin ninguna restricción; los inversionistas extranjeros disfrutan de tratamiento especial, contemplada en el texto simple de la ley general de minería; el acceso a las concesiones mineras es rápido, el título de la concesión minera es irrevocable y perpetuo, las concesiones son libres de impuesto, la legislación reconoce todo tipo de asociación y no existe ninguna limitación a la comercialización de productos mineros. Adicionalmente, las transnacionales y el Estado peruano pueden entrar en contratos que tienen fuerza de ley (Llaw contracts), con el propósito de garantizarles seguridad y garantía.

Otras prebendas legales otorgadas a las transnacionales son: régimen de estabilidad tributaria, es decir, no se les puede crear ningún impuesto fuera del que ya se acordó al momento de la firma del contrato; estabilidad en el régimen de tipo de cambio, lo cual les permite utilizar la tasa más favorable; libre movimiento de remesas de capital, utilidades, dividendos, no es obligación de las transnacionales mineras realizar depósitos en nuestro país; el derecho a no discriminación en relación con el trato del capital nacional, es decir, cualquier ventaja que hubiera para el producto nacional, se aplica también al capital extranjero. Un hecho, necesario de resaltar es que existe una ley de tierras, la N° 26505, que en su artículo 7 señala que cualquier empresa minera que desee operar en alguna área, primero tiene que solicitar permiso al propietario o en todo caso entrar en negociación con él, para reconocer el justiprecio o precio justo de su tierra; pero las transnacionales tratan de “corregir” dicho artículo, imponiendo criterios que indiquen la no obligación de entrar en tal negociación ni menos pedir permiso a los propietarios de las tierras afectadas por la minería. Su pedido es que se les deje intervenir sin ningún permiso ni negociación.

Como se puede ver: el marco legal tributario y jurídico, es más que beneficioso para las transnacionales mineras, y no hay duda que dicho marco legal y contratos para el resto de transnacionales como telefónica, Luz del Sur, Edelnor, gas de camisea, aerolíneas, puertos, aeropuertos, etc., etc., sean tan igual o más de entreguista, como en el caso de la minería. Estoy seguro que ni los propios extranjeros podrán entender el excesivo espíritu entreguista de los gobernantes peruanos. ¿Porqué tanta benevolencia con las transnacionales, sacrificando soberanía, dignidad, equidad, etc.? La condición de país subdesarrollado amerita acciones entreguistas como éstas? ¿Porqué no se le trata igual a los pocos empresarios nacionales? Y sobre todo a los micro, pequeños y medianos empresarios, que son los que dan trabajo al 80 % de la población?

Tanta benevolencia con los extranjeros a originado a que en nuestro país proliferen inversionistas de diversas nacionalidades. Puesto, que se dice que “el capital no tiene fronteras”, pero tampoco tiene conciencia; por ello, es que muchos inversionistas llegan con la idea de sólo acumular y acumular capital y explotar a los peruanos, basados en el criterio del “cholo barato” que no es capaz de exigir ningún beneficio social, estabilidad laboral ni mucho menos respeto a sus recurso naturales. Es tal la benevolencia que para muchos inversionistas extranjeros es mucho más barato venir a poner una empresa en nuestro país que ponerlo en el suyo, o explotar nuestros recursos antes que explotar los de ellos. Es tal la benevolencia que por ejemplo: según el mapa de denuncios mineros, el área a cubrirse con dichos denuncios se ha estimado en 44.5 millones de hectáreas, con aproximadamente unas 30,000 concesiones, involucrando a 22 regiones de nuestro país. Un indicador importante es que sólo la Newmont, Mining Corporation (Yanacocha), considerada una de las más grandes transnacionales mineras en América Latina y en el Perú, en asociación con la minera Buenaventura y la IFC del Banco Mundial, tiene previsto operar en un área de 900,000 hectáreas, a nivel nacional, concretamente en Piura, Huancavelica, Ayacucho, Ancash y Cajamarca. En esta ultima se estima que tiene proyectado operar en más de 180,000 hectáreas. Actualmente se dice que está operando en 30,000 hás. Y por otro lado, los chilenos, quienes ya han inundado nuestro país de inversiones, a través de cadenas de supermercados, ahora con el famoso ACE que es igual al TLC, van a venir a comprar nuestras tierras, para sembrar frutas, espárragos, etc, no para los peruanos sino para exportar a otras naciones. Ojalá que tales compras de tierras no sean en realidad despojos, es decir, obligados, tal como se estila en el caso de las transnacionales mineras.

¿Y el desarrollo? Al respecto, los indicadores son reveladores: 25 % de la población en extrema pobreza, 18 % de analfabetismo, hospitales y postas carentes de medicamentos, altas tasas de mortalidad infantil, 57 años de esperanza de vida al nacer, destrucción y contaminación de fuentes acuíferas: lagunas, ríos, quebradas, canales, altas tasas de migración campo ciudad, abandono de la agricultura y la ganadería, corrupción generalizada en todos los niveles sociales, pérdida de valores: solidaridad, honestidad, honradez, moral, etc. Y, cuando el pueblo hace sentir su protesta por esta problemática lo más fácil, para los felipillos modernos, es optar por la represión: bala, palo o bomba lacrimógena y acusaciones y persecuciones a líderes, dirigentes, estudiantes, sacerdotes y periodistas honestos y políticos de izquierda.

Por todo esto, creo que es legitimo sostener que los peruanos estamos inmersos en una nueva colonización. Sólo que esta vez es más moderna, más sofisticada y no sólo es por españoles sino por un sin número de nacionalidades. Sí esto es así, la alternativa del futuro probablemente sea abogar por una nueva independencia. que devuelva los recursos naturales: la tierra, el agua, los minerales, a sus legítimos dueños que somos los peruanos; pero, lo más importante que nos devuelva la soberanía y dignidad. y entonces entonaremos con orgullo: “somos libres, seámoslo por siempre”.

* Avelino Zamora Lingán es sociólogo.