15 de noviembre de 2020

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Vizcarra genocida: Más muertos que durante la guerra interna

Por Santiago La Chira / Gabriel Adrián

15 de agosto de 2020

En su mensaje a la nación por fiestas patrias, el 28 de julio, el presidente Martín Vizcarra dio un discurso que fue un insulto a todos los peruanos y peruanas muertos y enfermos por el CoronaVirus. La Ministra de Salud, Pilar Mazetti, ha anunciado que podría haber cerca de 46,000 víctimas por el COVID-19 desde que se inició la pandemia. Siguiendo las informaciones del Sistema Informático Nacional de Defunciones (SINADEF), podemos afirmar que a fines de julio han muerto más de 54 mil personas desde el inicio de la pandemia. Sin embargo, el gobierno se esforzó desde un principio por ocultar la verdadera dimensión de la epidemia. Para ello contó con una prensa comprada -con los grupos El Comercio y La República a la cabeza- que no escatimó esfuerzos para ocultar y manipular información que convenga al gobierno. Las cifras hablan por sí solas: estamos ante la peor tragedia desde el término de la guerra interna a fines de los años 90. Y esta vez no son los consabidos "terroristas", sino claramente el Estado peruano con el gobierno de Martín Vizcarra a la cabeza. Es este Estado que esta vez tiene como testaferro a Vizcarra, pero que está al servicio de los grandes grupos de poder económico y empresas transnacionales.

Con cinismo y desfachatez sin precendentes, ese régimen y su prensa servil le echaban la culpa al pueblo, afirmando que la epidemia se propagaba porque la gente no se quedaba en casa. Pero las personas salían y siguen saliendo a la calle a trabajar porque no les queda otra opción. Más del 65% de la población vive de un trabajo informal: es decir, de trabajos sin ninguna seguridad social. Informalidad es, en casi todos los casos, sinónimo de autoexplotación y pobreza.

Apenas dos semanas después de haberse iniciado la pandemia, el sistema de salud pública había colapsado. No había más camas UCI, los respiradores se habían agotado, faltaba material de protección para el personal médico. Los enfermos se hacinaban en patios y corredores a la espera de una cama, o simplemente se desmayaban en las afueras de los hospitales. Los muertos eran amontonados en pasillos y patios. Decenas de médicos y enfermeras se infectaron y han muerto.

El gobierno trataba de justificarse afirmando que el Coronavirus ha golpeado a todos los países. Esto es cierto. Pero el Perú está entre los más golpeados porque tiene un sistema de salud colapsado desde hace décadas, y también porque gran parte de la población vive en pobreza y pobreza extrema. Los pobres en el Perú son muchos más de los que dice la fría estadística. Quién puede pensar, seriamente, que una persona que gane 110 dólares al mes ya deja de ser pobre en el Perú, como lo afirma el Sistema Nacional de Estadística. Más de un millón de personas en Lima no tiene ni acceso a agua o desagüe. Bajo estas condiciones era previsible que el virus se iba a propagar como un polvorín. El Perú es un país en la miseria, y donde el neoberalismo impuesto por el régimen de Alberto Fujimori -profundizado por todos los gobiernos que le siguieron- ha agudizado las desigualdades y la explotación de la mayoría de la población. Y que esta crisis del Coronavirus no es propiedad del inepto de Vizcarra. Es suya y de todos los gobiernos que le predecieron y de los grupos de poder económico y empresas transnacionales que han profundizado el neoliberalismo que tiene sumido en la pobreza y miseria a la mayoría de los peruanos y peruanas.

Vizcarra no tuvo mejor idea que dar una medida absurda tras otra, y reprimir a la población; algo que escaló con policías y militares entrando a asentamientos humanos, inclusive arrojando ollas comunes con las que la población tenía que alimentarse: todo so pretexto que se estaba violando la cuarentena. Otra vez, soldados y policías evidenciaron el mismo sadismo de cuando asesinaban y reprimían al pueblo, a fines del siglo pasado, en su guerra sucia contra las guerrillas.

Y a pesar de esta desgracia, el Vizcarra y otros funcionarios del Estado no han dudado en continuar enriqueciendo con actos de corrupción. Ejemplo de ello es el de una empresa de familiares de la Ministra de Economía, María Alva, que se ha beneficiado con más de un millón de soles del Programa Subsectorial de Irrigaciones. Otra caso es el de la compra sobrevaluada de raciones de comida para el personal policial. El alto mando policial lucra con el sufrimiento de los peruanos y, al mismo tiempo, manda a su personal a la muerte por contagio del virus.

Estamos ante una tragedia sin precedentes que no termina y que da para largo. Ha muerto más población en 4 meses que en 20 años de la guerra interna, y los medios de comunicación hacen todo lo posible para normalizar esta situación. Este tipo de campaña mediática se pudo apreciar cuando tres conspicuos periodistas del consorcio La República, Augusto Álvarez Rodrich, Rosa María Palacios y Mirko Lauer, comentaban el reciente discurso presidencial con risitas y burlas del patético Vizcarra. No perdían mayores palabras respecto a los muertos por el virus mientras que en el Perú estamos ante 54 mil muertos tan solo tras 4 meses de pandemia. Esta es la masacre del gobierno de Vizcarra, del Estado peruano, del modelo neoliberal: en fin, del capitalismo y sus testaferros locales. Ante esto, la prensa peruana, con difuerzos mediáticos, sonrisitas estúpidas y análisis de cantina, como en otras ocasiones se hace cómplice del cruento atentado contra la salud y vida de la población.

Mientras que, en Chile, levantamientos locales se están sucediendo desde hace semanas en protesta por la falta de suministro de alimentos por el gobierno, en el Perú, estos más 50 mil muertos expresan una cruel impunidad histórica, y nadie organiza ni activa protesta alguna en calles y plazas. ¿Dónde están los partidos de la izquierda reformista, las oportunistas ONGs de derechos humanos, la Defensoria del Pueblo (presidida por un aprista embozado), las Verónica Mendoza, los Marco Arana y esa larga retahíla de supuestos dirigentes progresistas, que solo ansían ocupar un bien remunerando cargo oficial luego de ganar alguna otra elección de marras? ¿Por qué no llaman al pueblo a las calles a sublevarse contra la masacre que están perpretando Vizcarra y su gobierno, las grandes empresas, las fuerzas armadas y policiales?

Hoy más que nunca, en el actual escenario de grave crisis continental e internacional, donde las bases del capitalismo vuelven a crujir sobre los hombros y cuerpos lastimados de las masas explotadas, solo queda fortalecer la organización popular, a la vez que desenmascarar la verdadera base económica que sostiene el viejo sistema político imperante (sus normas, representantes, y fuerzas legales y represivas), así como la banalidad de sus aparatos ideológico-culturales (como la prensa en todas sus formas).

En dicha tarea, no cabe sino un trabajo conjunto que al mismo tiempo forje una alternativa viable de sociedad y un poder auténticamente popular, sin dejarse engañar otra vez por las maniobras ni las usuales tácticas de sobrevivencia y recambio político que los grupos de poder económico orquestan mediante inútiles elecciones. La emergencia de la situación actual nos convoca a construir sin dilaciones un mundo nuevo, una sociedad sin excluidos, iniquidades ni maltratos, y sobre todo sin más heridos ni muertos que siempre son, principalmente, de las clases trabajadoras y los proletarios del mundo.