10 de noviembre de 2019

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PERU: GARCIA PEREZ Y HENANDO DE SOTO.

Por: Fernando Sánchez Cuadros.

1ro de septiembre de 2006

Se debate en el Perú acerca del sentido que tendrían las contradictorias declaraciones de funcionarios del gobierno acerca del nombramiento y los alcances de la función de Hernando De Soto como representante en Washington del gobierno peruano para “renegociar” el TLC. En el discurso de García se hace referencia al “TLC de los pobres” pretendiendo con ello implicar la renegociación del acuerdo comercial en un sentido menos lesivo para los intereses de los sectores más pauperizados. Cabría observar que el TLC entre Estados Unidos y Perú aún no ha sido ratificado por el Congreso de Estados Unidos, de manera que ratificarlo parecería desubicado. Hay quienes piensan que García está confundido, no tiene claro ni los procedimientos y menos aún qué espera obtener del TLC que se apuró en apoyar desde su bancada en el Congreso al cierre de la anterior legislatura con la clara intención de vender la especie de que al asumir el gobierno se encontró con hechos consumados que, sin embargo, no se hubieran podido consumar sin la contribución aprista. Lo primero que habría que preguntarse es a través de qué mecanismo los sectores más pauperizados podrían acceder a los beneficios de un acuerdo comercial. Como evidentemente no será a través de las exportaciones que pudieran enviar al mercado estadounidense, se esperaría que el mayor beneficio provendría de la generación de empleos que debería seguir al aumento de las inversiones y de las utilidades de las empresas nacionales que sí exportarían en mayor medida y se verían impulsadas a aumentar su producción para aprovechar los beneficios del libre comercio y de la apertura del mayor mercado del mundo, contratando más mano de obra. Todo esto parece libro de texto. En rigor, si se analizan las condiciones que ha establecido el acuerdo firmado por el ex presidente Toledo, se puede comprender que García se referiría en realidad a las enormes desventajas que el capital nacional encontrará si se ratifica un Tratado que para los estadounidenses es Acuerdo, aunque lo más probable es que García tenga la mente puesta en los comicios regionales y municipales de noviembre y la presiones que ello genera en el vasto sector popular que ya votó por Ollanta Humala y entre aquellos que votando por él creyeron que no estaba comprometido con el TLC a la Toledo.

Alan García no está confundido, está practicando un juego en varias bandas. El problema es para cuánto le va a alcanzar en esta ocasión intentar mantener contentos a todos al unísono. El nombramiento de Hernando De Soto es parte de las maniobras para endulzarle la existencia a la derecha y convencer al imperio de su ’seriedad’ como gobernante comprometido con la ’disciplina del mercado’. ¿Hasta cuándo considera García que debe demostrarle a la derecha que se ha reformado? Cada paso que da está impregnado por la obsesión de convencer a las clases dominantes, pero sin ofender al pueblo. En rigor, en relación con esto último lo que a García le preocupa no es el bienestar de los más necesitados, sino la unidad del partido, que a su interior tiene fuerzas que desde la derechización sin ambages hasta la genuina convicción (que el propio García ha contribuido a generar) de que son un partido socialdemócrata y que la socialdemocracia es de ’izquierda democrática’, pasando por aquellos a los que sólo motiva el mezquino interés por la supervivencia política, se disputan la orientación del gobierno del líder que, por ahora, todas las fracciones reconocen. ¿Alcanzará el generoso crédito-bienvenida que recibió García para mantener amalgamados a estos sectores, o solamente se trata de ganar tiempo para saltar la barda -que se ve cada vez más alta- electoral? Para el gobierno de García sería un revés muy grave salir mal parado de esa justa electoral y no contará en esta ocasión con narices tapadas de la “gente bien”, por eso no cesa sus ataques y maniobras contra el nacionalismo lo que irá marcando, ahora que se gesta la alianza con la izquierda socialista, un perfil cada vez más reaccionario en su discurso. ¿Lo podrán tolerar las bases apristas ’socialdemócratas’?

Más allá de la relación que entable el gobierno con la oposición de izquierda (especialmente considerando que la necesitara si en serio pretende pasar por el Congreso iniciativas que atiendan las demandas de los sectores populares), lo que tensará las contradicciones al interior del aprismo es la necesidad de las direcciones locales y regionales de contar con los recursos necesarios para consolidarse como fuerza política. El APRA repetirá la vieja historia de las derechas gobernantes en América Latina que han hecho del populismo más rancio un instrumento de “gobernabilidad” comparable en su eficacia sólo al uso de las “fuerzas del orden”, al mismo tiempo que un epíteto para descalificar a quienes aplican políticas sociales orientadas a fortalecer a los sectores populares, con el sabio consejo de la tecnoburocracia del Banco Mundial y de la academia neoliberal. Los programas de combate a la pobreza extrema promovidos por el organismo considerado multilateral han sido la coartada para la distribución espuria de recursos destinados a la compra de conciencias y al clientelaje político, cuyo principal objetivo es desbaratar la organización independiente de los pueblos.

Si nos ocupamos específicamente de algunos contenidos del TLC, sería de esperar que uno de los mayores beneficios de la economía peruana debiera ser el flujo de capital en inversión extranjera directa (IED). De acuerdo con datos del banco central reportados por el economista Humberto Campodónico las privatizaciones llevadas a cabo durante el gobierno de Fujimori reportaron un ingreso por IED de US$ 7,720 millones (entre 1995 y 1999), que se concentraron en cuatro sectores: telecomunicaciones, electricidad, petróleo, minería y un banco. La IED que ingresó fuera de las privatizaciones entre 1994 y 2003 del orden de US$ 15,553 se orientó en cerca del 60% a los recursos naturales y a los servicios. Campodónico pone de relieve que “la inversión en minería, hidrocarburos, financieras y seguros y energía tienen apreciables ingresos y rentabilidad, pero no destacan, necesariamente, en la creación de empleos” (1). Si las preferencias del capital estadounidense por los sectores en los cuales esperan fincarse al ingresar en la economía peruana se mantienen -no hay indicios de que hubiera modificación relevante considerando que la estructura de la economía peruana tampoco se ha modificado para generar nuevos incentivos a los inversionistas-, queda sumergido su propia fantasía el mito del “TLC de los pobres” que García simula estar buscando con el nombramiento de De Soto.

Considerando la reacción de los observadores estadounidenses ante el TLC, que denominan Acuerdo de Promoción Comercial (APC), firmado con Perú, es evidente que la expectación de ganancia que ha generado no se corresponde con la controversia que ha desatado en Perú. Análisis realizados por la Comisión de Comercio Internacional del Congreso de Estados Unidos (ITC, por sus siglas en inglés) destacan los beneficios del APC: 25% de incremento de las exportaciones de Estados Unidos contra el incremento del 8% de las peruanas; beneficios para los agricultores estadounidenses derivados de la desaparición del arancel promedio de 18% para importaciones agrícolas y de alimentos; además incrementos en las exportaciones manufactureras procedentes del norte y ganancias adicionales para los proveedores de servicios. (2) Estas concesiones fueron refrendadas por la derecha y el APRA en el Congreso peruano en plena debacle de la Ronda de Doha de la OMC y superan con mucho las leoninas imposiciones de los países industrializados que los países que en desarrollo rechazaron obligando a cancelar la ronda de negaciones comerciales sin un acuerdo, es decir condenando al fracaso a la OMC. ¿Se podría ser más obsecuente?

A la ausencia de impactos sustantivos en la generación de empleos habría que agregar las ventajas para los empresarios estadounidenses que tenderán a consolidar la estructura productiva primario exportadora. De cualquier forma, el ambiente en Washington relacionado con la firma de nuevos TLC no ha sido del todo entusiasta: el CAFTA se aprobó por 217 votos contra 215, el TLC con Amás se aprobó por 221 votos a favor y 205 en contra, de acuerdo con los reportes ofrecidos por Campodónico. En este clima de frialdad y falta de motivación hacia el libre comercio por parte de los congresistas que se preparan para refrendar sus curules atrapados en un debate nacional acerca de la guerra que ya hizo rodar la cabeza del demócrata Lieberman en Nueva York, el gobierno aprista se ve compelido a hacer un extremo esfuerzo de lobby para que el congresistas tomen los riesgos políticos que suponen aprobar un acuerdo comercial que a pesar de los beneficios siempre tiene perdedores entre los sectores en los cuales se otorgan concesiones, mismos que también votan. Parecería, entonces, que la tarea de De Soto será estimular la vocación librecambista que los congresistas estadounidenses suelen honrar en los discursos y que el margen de acción para establecer condiciones “más equilibradas” para los pobres del Perú están muy lejos de ser realistas fuera de la divagación y la elocuencia del presiente peruano.

Las especulaciones con relación al nombramiento de De Soto podrán lindar con la fantasía, si ello complace a los analistas, lo que habría que preguntarse es que está dispuesto a representar el neoliberal De Soto. Las contradicciones y aclares de funcionarios del gobierno sólo expresan la confrontación al interior del aprismo y del propio gabinete y la disputa por la orientación del gobierno entre la estructura partidaria y los aliados del gobierno dentro y fuera del gabinete, así como la necesidad de afinar el equilibrismo que García parecería haber elegido para pasar el campo minado que colocó la derecha a su gobierno al otorgarle su voto para ganar las elecciones. De Soto podrá abogar apoyado en sus escritos por la necesidad de apoyar la consolidación de un sector de medianos y pequeños empresarios, incluidos los que se desenvuelven en la informalidad, para darle consistencia al capitalismo peruano. El problema es si el capitalismo estadounidense, es decir sus transnacionales, comparten esa angustia filosófica desotiana y están dispuestos a hacer las concesiones del caso a costa de intereses más mundanos centrados en la tasa de ganancia que poco o nada tienen que ver con la malograda utopía liberal del desarrollo impulsado por la fuerzas del mercado. Si no habría que preguntar que piensan del desarrollo exógeno de la democracia en el Medio Oriente las transnacionales ’reconstructoras’ y petroleras o los prohombres de la patria del Complejo Militar Industrial que se benefician de la política impulsada por los neoconservadores en Irak, que aspiran a hacer lo mismo en Irán.