9 de diciembre de 2018

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PERU: OLLANTA HUMALA SIGUE MATANDO

Por Augusto Álvarez Rodrich.

12 de mayo de 2015

(La Republica). Un policía que le ‘siembra’ un arma a un manifestante y el registro del embuste por parte de un reportero gráfico que termina de portada de un diario para convalidar el atropello constituyen una vergüenza para dos instituciones que son fundamentales para la construcción de una sociedad digna como la policía y el periodismo, pero que, cuando envilecen su actuación, se vuelven motores de injusticia.
Todo habría quedado en la impunidad si no fuera por un video de Mollendinostv Islaytv que puso al descubierto una farsa cuya perversidad se refleja en el contraste de la realidad con lo publicado al día siguiente por Correo Arequipa –“se puede ver a un detenido que empuña fierros de construcción puntiagudos, arma que podría ser letal para los infortunados que reciban el golpe del iracundo manifestante”–, y con el diálogo observado en el video: Policía: ¿Por qué cargas esto? Detenido: Yo no he cargado eso. Policía: ¿Entonces nosotros lo tiramos?
La ciudadanía necesita instituciones en las cuales confiar, pero es imposible hacerlo cuando estas pervierten y emputecen su desempeño.
La policía significa para el ciudadano la presencia cotidiana más importante del Estado, pero si integrantes de la institución se dedican de un modo tan asqueroso a sembrar ‘pruebas’ a una persona, solo se puede generar desconfianza.
Es lo mismo que ocurre cuando algunos malos elementos de la policía le ponen droga en el bolsillo o en el auto del que quieren hundir, cuando van en modernos patrulleros literalmente asaltando vehículos que detienen para ver cuánto le pueden sacar al chofer, o cuando en la misma situación descrita en Islay golpean a un manifestante ya detenido con el escudo de protección.
Algunos manifestantes portan armas con las cuales agreden de un modo también inaceptable a la policía, que es una entidad en la que trabaja gente muy sacrificada, pero la institución se vuelve indigna cuando se convierte en motor de inseguridad, ilegalidad e injusticia.

De otro lado, tanto o más asco produce el periodismo cuando se aleja de su papel fundamental, que es, en esencia, contar la verdad.
Un periodista puede equivocarse, por supuesto, y lo sabemos de sobra quienes trabajamos cotidianamente en este oficio, pero mentir adrede es la peor manera de envilecer la profesión. El periodismo se degrada cuando tergiversa la verdad para ‘ajustar’ la ‘noticia’ al servicio de la causa que se defiende, por más importante que pueda ser esta.

Con una policía y un periodismo como los vistos en ese video, se destruye la posibilidad de construir confianza en dos instituciones fundamentales para la construcción de una sociedad digna.

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