9 de diciembre de 2018

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DERECHA Y LA “IZQUIERDA” CAVIAR SE UNEN EN DEFENSA DE SUSANA VILLARÁN

Por: Gabriel Adrián.

12 de marzo de 2013

El 17 de marzo tendrán lugar elecciones por la revocatoria de la alcaldesa de Lima, Susana Villarán. Las elecciones en la capital del Perú siempre se ha considerado como el pulso político a nivel nacional. Lima concentra alrededor de un tercio del electorado peruano. Villarán viene de las canteras de la izquierda legal peruana que la derecha llama acertadamente “izquierda caviar” y que antes la izquierda militante llámaba “izquierda de cafetín” o “izquierda barranquina” en alusión al punto de encuentro de izquierdistas parlamentaristas en el hermoso barrio de Barranco en Lima. Villarán llegó a la alcaldía con una imagen de honestidad y apoyada no sólo por sectores populares sino también por una fracción de las élites del país.

Los sectores más autoritarios y lúmpenes de la política peruana han iniciado la campaña contra Villarán: el APRA, el fujimorismo y ex-alcalde de Lima, Luis Castañeda, hundido hasta el cuello en acusaciones de corrupción. Castañeda fue presidente de la Caja de Beneficios Sociales del Pescador, y de su paso por esta institución ha quedado un historial de robos, desfalco y otros actos delincuenciales.

La burgomaestre es apoyada, a su vez, por la otra fracción de la derecha rancia corporizada en Vargas Llosa, Pedro Pablo Kuczynski, el partido Perú Posible de Alejandro Toledo, los seguidores del presidente Ollanta Humala y por las fuerzas de la izquierda parlamentarista como el Partido Comunista Peruano (Unidad), la CGTP, Patria Roja, entre otros. Cabe preguntarse, ¿qué ha llevado a tan vario pinto conglomerado de quienes apoyan a Villarán? ¿Qué buscan cada uno de los grupos en esta campaña en contra o pro la alcaldesa?

En esta revocatoria no se está decidiendo si la alcaldesa está haciendo un buen trabajo o no. Incluso la prensa más conservadora y reaccionaria como Frecuencia Latina ha tenido que aceptar que el trabajo de Villarán es más que aceptable en comparación con sus antecesores. Esta lid electoral se enmarca en una lucha por el poder. La alcaldesa ha seguro despertado simpatías en los sectores menos oscuros de la derecha peruana, que llamaremos “modernizantes”. Villarán se ha presentado desde un principio como una defensora de la igualdad de género, de los derechos de gays y lesbianas y de la laicidad. Estos son áreas en que nuestro país todavía se halla, en gran parte, sometido al oscurantismo de las sotanas del Arzobispo Cipriani. En este sentido, la burgomaestre ha contribuido en algo, desde la perspectiva de las élites porsupuesto, a luchar contra estas fuerzas más cavernarias de la sociedad peuana.

Pero la derecha más cavernaria del APRA y el fujimorismo no busca en primera instancia luchar por la la “moral” y la Iglesia Católica. En cierta medida, se trata de una bronca personal contra Villarán porque ella se les ha enfrentado. Pero esto no es lo determinante. Lo que la derecha más lumpen busca en realidad es afirmar y abrir espacios políticos. Y la derecha tradicional, que ahora se quiere presentar como liberal o “modernizante”, busca defender sus espacios de ingerencia y poder en la política peruana. Estas dos fracciones de la derecha, la autoritaria lumpen del APRA y el fujimorismo por un lado y la “modernizante” con Toledo, Humala, Kuczynski, Vargas Llosa se enfrentan en estas elecciones de la revocatoria.

A nivel programático estas dos fracciones de la derecha no presentan mayores divergencias. Ambas están de acuerdo en continuar con el modelo de acumulación neoliberal sin afectar los intereses de las transnacionales y de lás élites peruanas. Las divergencias se hallan en los intereses particulares a los que responden personajes de una u otra fracción. Es decir, antes se enfrentaban fracciones de la burguesía por paradigmas políticos. Durante los ochenta una fracción de la gran burguesía apoyaba un capitalismo de Estado en el cual sustentaba sus ganancias; la otra apoyaba un proyecto de la economía de mercado neoliberal. Este enfrentamiento tenía ribetes ideológicos. Ahora la ideología ha quedado desplazada a un último plano.

Ahora ambas fracciones de la gran burguesía se enfrentan para defender sus puros intereses sin caretas de lucha ideológica. Empresarios ligados a una u otra fracción esperan mayores beneficios poniendo a sus partidos en el poder. Sin embargo, esto puede cambiar de manera muy rápida. Recordemos, que todo el empresariado que apoyó la candidatura de Vargas Llosa en 1990 apoyó inmediatamente después el gobierno de Fujimori llenándose los bolsillos y empanzurrándose como pocas veces en la Historia del Perú republicano. Es por ello, también, que los calificativos que les damos a estas fracciones de las élites son para diferenciarlas en sus formas. Porque ambas fracciones de la gran burguesía presentan básicamente características similares. La derecha “modernizante” representada por Kuczyncki, por ejemplo, puede ser también lumpen; compran leyes adiestra y siniestra para garanitzar sus intereses como seguro lo hacen comprando resoluciones ediles de Villarán. Al respecto cabe recordar aquí como Kuczynski se levantó millones con el negociado de la Página 11 durante el primer gobierno de Fernando Beláunde. En suma, las dos fracciones de la gran burguesía se enfrentan en la lucha por la hegemonía política.

A todo esto, ¿qué papel juega la izquierda parlamentarista, PCP-Unidad, Patria Roja, CGTP y co.? Esta izquierda parlamentarista juega el mismo rol desde hace décadas: subirse al coche de la derecha para “ganarse alguito”, para ganarse algún puesto en el Estado, en el Congreso, en la administración edil y hasta administrando los fondos para paliar la pobreza en los cordones de miseria de las ciudades. Es decir, con tal que les “caiga algo” pueden hacer de congresista o repartir una miserable sopa.

Esta izquierda rastrera siempre ha tenido el mismo argumento: apoyar a candidatos “progresistas” para “acumular fuerzas”. Con el mismo argumento apoyaron la Junta militar corporativa de Velasco y a los proyectos de derecha de Alberto Fujimori, Javier Pérez de Cuellar, Alejandro Toledo y Ollanta Humala. Este política le ha valido a estos grupúsculos de izquierda de ser fuertemente castigados por el electorado. Ya ni se presentan con listas propias porque saben que no obtendrían ni el 3%. Esta práctica no es un monopolio de la izquierda peruana, ya apuntó Karl Marx hace más de un siglo: “La filosofía electorera de los candidatos al Parlamento es que le permiten a su mano izquierda ignorar lo que hace su mano derecha, y, de esta manera, lavan ambas manos en la inocencia”.

Esta campaña en torno a la revocatoria desenmascara el proyecto “izquierdista” de Villarán y pone en evidencia que la política de “apoyar al menos malo” sólo perpetúa un sistema de explotación y ayuda a que fracciones de la derecha se reciclen y ganen más adeptos entre los pobres y marginados. La izquierda parlamentarista es, de esta manera, orgánica a la reproducción del sistema capitalista y de dominación de la gran burguesía en el Perú. Como lo hizo lanzando vivas por el triunfo de Humala hace poco quien se ha mostrado como un cancerbero de los intereses de las transnacionales, del gran capital y de los militares genocidas y vendepatria. Al respecto también acertó Karl Marx afirmando: “al pueblo se le da la oportunidad, cada cierto tiempo, de elegir que fracción de la burguesía lo va a oprimir”.

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