16 de marzo de 2018

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EL HERMANO DEL PRESIDENTE: PRISIÓN MILITAR ERA UN HOSTAL

Caretas (Lima)

17 de abril de 2012

El director del penal castrense Virgen de la Merced, César Magno Torres, fue destituido del cargo, el domingo 1.

Antauro Humala tenía acceso permanente a la oficina del director del penal Virgen de la Merced, a su DVD, y teléfono. Se presume que Ina Andrade (foto) era la que le llevaba la marihuana.

El presidente del INPE había llegado en una visita inopinada para comprobar las condiciones de reclusión de Antauro Humala y el interno ni siquiera se encontraba en su celda.

José Luis Pérez Guadalupe se dirigió a la oficina del director del penal Virgen de la Merced para llamar por teléfono. Pero quien estaba allí era el hermano del presidente.

Antauro pasaba una plácida noche sabatina, tendido en el sofá del director del penal militar. En la pantalla del televisor LCD veía un DVD en vivo del grupo Kiss. Una humeante pipa de marihuana descansaba en su mano. Eran las 11 y 20 de la noche.

Ese sábado 31, Pérez Guadalupe le había pedido a su chofer y uno de sus elementos de seguridad que lo lleven a Chorrillos. Al llegar al lugar no encontró a ningún custodio del INPE en la puerta de ingreso. Tocó durante un buen rato pero nadie le abrió. Su chofer trepó una de las paredes para abrirle el portón. Una vez adentro descubrió que los ambientes de la cárcel estaban sin candado.

Todo confirmaba lo averiguado por Pérez Guadalupe. La cárcel militar de Chorrillos en la que pasó un mes se había convertido en un “hostal” para Antauro. Intentos anteriores por irrumpir en un operativo fracasaron por presuntas filtraciones internas.

Pérez Guadalupe procedió a levantar un acta (No 01 INPE /VDM-2012) en la que se dio cuenta de la escena. El documento subraya que la cárcel militar contaba con un solo servidor penitenciario, Rolando Chimoy Jirón, quien declaró que el hermano del Presidente era llevado diariamente a dicha oficina para pasar la noche por orden expresa del director del penal, César Magno Torres.

Le incautaron un teléfono inalámbrico de color negro, No 3010771 y la “pipa de porcelana conteniendo restos de al parecer marihuana”. El acta lleva las firmas de Pérez Guadalupe, sus custodios, Christian Sosa y Joseph Apata, y del agente Chimoy. Antauro se negó a firmar el documento.

LA PROTECCIÓN DEL EJÉRCITO
Las condiciones laxas de reclusión de Antauro en el penal militar en apenas 2 semanas de su traslado ya habían sido materia de inquietud.

Una requisa dos semanas atrás, ante la versión que tenía un celular, fue infructuosa, aunque se decomisaron nuevas cartas de recomendación, aun de oficiales de alta graduación. Se supo luego que ciertos militares rescataron el aparato horas antes del operativo.

Se precedió a instalar un bloqueador de celulares en el penal militar, pero Antauro usaba el teléfono fijo del director del penal.

La mañana siguiente, el domingo 1, Pérez Guadalupe informó de lo ocurrido al ministro de Justicia Juan Jiménez y juntos fueron a Palacio.

El jefe del INPE ya había previsto trasladar a Antauro a una prisión de máximo rigor en cumplimiento estricto de las normas penitenciarias, como sanción de las irregularidades en las que incurrió Antauro en el penal de Piedras Gordas.

El Ministerio de Justicia y el INPE barajaban varias alternativas, pero el consumo de droga en el penal Virgen de la Merced inclinó la balanza a favor de la Base Naval.

Anteriormente, Ollanta Humala le ordenó a Pérez Guadalupe velar por la seguridad de su hermano. “Es mi sangre”, le advirtió sin rodeos en una ocasión. “Si algo le pasa su cabeza rodará”.

Pero ahora a las consideraciones sobre la seguridad del problemático hermano del presidente se sumó la preocupación por su adicción a las drogas.

Pérez Guadalupe y Jiménez expusieron lo ocurrido la noche anterior en el penal militar e hicieron énfasis en que Antauro seguía consumiendo marihuana en exceso y muy probablemente otras sustancias. ¿Quién le proporcionaba la droga?

Ante el agravante, el Presidente optó por no oponerse al traslado, aun a sabiendas de lo que significaría en su propia familia. “El INPE es autónomo”, confirmó a Pérez Guadalupe. “Proceda usted”, autorizó.

Esa misma noche, Pérez Guadalupe y una numerosa comitiva llegaron a Chorrillos listos a proceder con el traslado de Antauro y grande fue la sorpresa cuando descubrieron una ambulancia en la puerta del penal militar.

“¿Qué hace esta ambulancia acá?”, preguntó el jefe del INPE.

El conductor contestó que el hermano del Presidente había sufrido de fuertes dolores producto de cálculos a los riñones, por lo que se tenía previsto trasladarlo al Hospital Militar.

“¿Y quién le ha dado esa orden?”, insistió, ya indignado, Pérez Guadalupe. “El coronel Zapata”, aseguró el chofer de la ambulancia.

El aludido era el coronel EP Edgardo Zapata, jefe de inteligencia del Comando de Instrucción y Doctrina del Ejército (Coede), dependencia en la que se encuentra la prisión Virgen de la Merced.

Zapata dijo a CARETAS que, el domingo 1, recibió una llamada de Magno Torres, director del penal, solicitándole una ambulancia para trasladar a Antauro al policlínico, pero que él sólo se limitó a transmitir el pedido al oficial de guardia. “Allí murió mi participación en el tema. No sé más”, dijo. Zapata es miembro de la promoción Héroes de Pucará y Marcavalle, del año 1984, a la que perteneció el Presidente de la República (CARETAS 2176).

Para los funcionarios del INPE, sin embargo, se trataba de una argucia para llevar al hermano del Mandatario al Hospital Militar y evitar el traslado a la Base Naval del Callao. Algo similar sucedió en diciembre último, cuando Antauro fue internado en dicho nosocomio aquejado de supuestos males renales y permaneció allí 25 días, protegido por oficiales del Ejército leales a él.

De todos modos, Pérez Guadalupe ordenó examinar a Antauro y al certificar su buena salud se ordenó el traslado. Luego de resistirse por una hora, refugiado en su celda, fue finalmente trasladado a la Base Naval enmarrocado y en una unidad completamente acolchada en su interior para evitar que el recluso se haga daño. Eran las 3 de la madrugada del lunes 2.

TRATAMIENTO EN LA BASE
“Esta es una traición y miren de quién, de su propio hermano. No saben cómo me siento yo como madre. Mi hijo Ollanta ha actuado mal, vilmente con su hermano y todo por presiones”, se quejó la señora Elena Tasso, la semana pasada.

“Mi esposa y yo estamos tremendamente mortificados con esta injusticia”, añadió el patriarca Isaac Humala.

Una versión confiable indica que los padres del Presidente le pidieron una última oportunidad para su hermano. Ollanta Humala respondió con su autorización para que se le inicie en la Base Naval un tratamiento médico, mental y de desintoxicación.

Antauro Humala culminó su período de aislamiento el domingo de resurrección. Ahora podrá recibir la visita de su padre, que es su abogado, y tendrá acceso al patio de la prisión. No puede realizar llamadas telefónicas, escribir cartas o acceder a sus correos. Atrás quedaron el iPhone-4 y la laptop azul.

Un auténtico drama doméstico que ya se había puesto en evidencia con el traslado de Piedras Gordas a la Virgen de la Merced (CARETAS 2223). Una preocupación latente en la cabeza de presidente que se debe sumar a la de Conga y Doe Run. Los lazos de las familias pueden tomar rehenes entre sus propios miembros. (Américo Zambrano)

(Revista Caretas, 16 de abril 2012)

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