16 de marzo de 2018

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LUCHA DE CLASES Y LITERATURA

Por: Dante Castro Arrasco.

10 de octubre de 2007

La literatura es un escenario específico de la lucha de clases. Es, en realidad, un campo de batalla que los marxistas no podemos eludir. Arguedas y Vargas Llosa son los representantes de posiciones antagónicas en la literatura; posiciones que no fueron trazadas por ellos sino por la propia dinámica de la lucha de clases. No me ocuparé de ATORRANTES sino de maestros que han dado la clarinada del combate. Mi compromiso está fuera de toda duda y creo que es justo el pensamiento de Vallejo: escritor revolucionario es aquel que escribe y milita simultáneamente.

El joven Vargas Llosa asumió ese compromiso con la lectura de Sartre y se enfrentó con la derecha cuando estaba de moda y era ’marqueteable’ ser de izquierda. Después de su conversión, hizo carrera como intelectual orgánico de derechas. Sus novelas emprendieron esa direccionalidad. Trató de demostrar en sus obras que se podía hacer literatura sin tocar a fondo el tema social y negando cualquier compromiso extra literario. Pero pedía un imposible. Toda literatura es social por dolo, error u omisión. Hacer "La guerra del fin del mundo" para demostrar que hubo rebeliones monarquistas o reaccionarias, fue un ejemplo. Otro fue el de las putas amazónicas para el personal de tropa. Y otro el de su querida tía Julia: una falta total de respeto a la mujer que amó. Cuando llegamos a Historia de Mayta, la histeria del narrador contra la izquierda lo hizo perder la oportunidad de una gran novela: destilaba rencor.

José María Arguedas no ha sucumbido jamás a sus demonios de rencor. Su literatura está impregnada de amor a los oprimidos y lleva el paisaje metido dentro de las retinas. Mantuvo la hidalguía propia de quienes se inmolan por una sociedad justa y solidaria. Arguedas cabalgó por la ruta abierta por los Amautas que lo precedieron. Demostró que tras un gran libro hay un gran humanista, no solamente un "gran escritor".

Las nuevas generaciones que aparecen bajo el ala protectora de Vargas Llosa carecen de humanismo. Hacen una literatura vacía de valores humanos, ecuménicos o solidarios. Ni siquiera es la glorificación del significante. Es simplemente trepar en la escala social con aquella literatura que hoy es publicable como demostración de la muerte de las ideologías y del fin de la historia. No han hecho una gran literatura, mucho menos hay grandes humanistas detrás de esas pobres obras. El varguismo ha producido en el mundo de la lengua castellana una crisis de la novela. No hay más una grans novela ni grandes novelistas. Se extrañan fenómenos como el boom de los sesenta.

Los "representantes" de la literatura peruana son elegidos por la Cámara Peruana del Libro, por Alfaguara, por Peisa, por Norma, etc. Ahora se ha agregado el Ministerio de Relaciones Exteriores como un tamiz más. Ese terreno es el espacio privilegiado donde ellos dan la lucha de clases, pero nosotros la estamos librando ahora en colegios, con lectores muy jóvenes que acaban con nuestras tiradas de ejemplares mediante el Plan Lector para cada escuela. La mayoría de escritores de nuestra tendencia son o han sido maestros. Para los jarjachas somos tan arcaicos que no salimos a radicar en el exterior, agitamos en el SUTEP y convivimos con personas que sólo son estadísticas para ellos, como la población escolar de los conos, la de Ventanilla, Pachacutec, Ciudad del Pescador, etc. Las muchedumbres no compran libros en El Virrey, Crisol, etc.

Por más que no salgamos en las páginas culturales, estamos quedando en la memoria colectiva de las presentes generaciones. Esa lucha contra la TV basura, contra la prensa amarilla, contra el chat y el video clip, la estamos dando nosotros por el libro en general. ¿Por qué los jarjachas no figuran allí?... Ademas de que sus temas son muy aburridos, una novela de ellos vale de 49 soles a más. Nuestros libros se venden por diez soles en millares y millares de ejemplares. Así es como ha terminado este lío iniciado en la polémica de Madrid, 2005. A los jarjachas les inventaron premios para que sobrevivan y desplacen a las "últimas" manifestaciones neoindigenistas, amazónicas, urbanomarginales y de la literatura social. A nosotros se nos acercaron algunas editoriales para generar grandes campañas con los jóvenes en edad escolar. La polémica no es lo más grave que puede ocurrirle a la literatura, sino el ominoso silencio de algunos genuflexos que aceptan la crueldad de los que todo lo tienen.

Los que persistimos en el legado de nuestros grandes Amautas, podemos correr el riesgo de sucumbir ante el desempleo y la pobreza, pero no estaremos condenados a escribir para el mercado, tiranizados por quienes dirigen la literatura como lo hacen con los medios de comunicación. La inmortalidad es un camino de espinas, como lo es la consecuencia política y la militancia revolucionaria. Eso nos enseñó Vallejo. El mismo que afirmó que nunca ha existido literatura apolítica, no existe ni existirá jamás.

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