25 de octubre de 2018

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LUCHA DE CLASES EN EL PERU EN EL SIGLO XX

Autor : T.Olarte (*).

24 de septiembre de 2007

(Especial para El Diario Internacional). Estado es violencia organizada del sistema, en el caso peruano, es un Estado terrateniente burocrático, una dictadura de terratenientes feudales y grandes burgueses bajo el mando del imperialismo norteamericano, que ejercen explotación y opresión sobre el campesinado principalmente pobre, el proletariado, la pequeña burguesía en sus distintas capas, y que restringe a la burguesía nacional. Estado que para desarrollar y defender el sistema que ha instaurado ejerce violencia reaccionaria, desde las consuetudinarias y brutales acciones represivas como la masacre de más de 150 braceros agrícolas de Chicama en 1912, los sangrientos sucesos de Morococha, Cerro de Pasco, Malpaso y La Oroya en 1930 contra obreros mineros; los fusilamientos en masa de Trujillo en 1932 contra el levantamiento aprista, que dejó 6000 muertos, las masacres de 1961 contra la invasión de tierras de cientos de miles de campesinos, la masacre de Huanta y Ayacucho en 1969, o la de Cobriza en 1971 y Andahuaylas en 1974, por citar sólo algunos de los miles de estos casos. Así también acciones militares como la lucha antiguerrillera del 65 por citar una; a lo que se suman las cotidianas actividades de persecución, represión, encarcelamientos, torturas, suspensión de garantías, estados de emergencia, etc. Todo esto como ejemplos tangibles de la tradición represiva del Estado Peruano contra la clase y el pueblo.

Así, no se puede entender la política genocida aplicada desde 1980 durante la guerra contrasubversiva al margen de esta tradición represiva propia del Estado peruano, pues la violencia reaccionaria es un medio que aplicaron y aplican para defender su orden a sangre y fuego. En el caso de las universidades, es parte de la política que ha buscado, en toda la sociedad peruana contemporánea, someter y controlar la universidad y ponerla al servicio exclusivo de las clases dominantes. Naturalmente que en el contexto de la guerra interna esta tradición represiva ha tomado un cariz nuevo debido a que las contradicciones de clase se elevaron a un nivel nuevo: el de la confrontación armada; por tanto ante la acción insurgente el Estado peruano estructuró y aplicó una línea y una política genocida, cogiendo las concepciones de la guerra contrasubversiva fundamentalmente el imperialismo norteamericano, extraída en base a la experiencia de éste en Vietnam y Centroamérica, etc, así como la "asesoría" antiterrorista de Israel, Argentina, Alemania Federal, Taiwán, España y otros; a lo que se sumó la experiencia de los pocos meses de lucha antiguerrillera del 65 contra el MIR y el ELN.

En el caso de la universidad peruana, la tradición represiva del Estado peruano contra ella se puede ver en un sinnúmero de hechos tales como el asesinato del estudiante Alarcón Vidalón y el obrero Salomón Ponce en mayo de 1923 en las luchas por la defensa de la libertad de conciencia y la Universidad Popular; el asesinato del estudiante obrero Juan García Collantes, héroe de la lucha magisterial y universitaria de 1961; en la masacre de más de 100 campesinos y estudiantes en Huanta y Ayacucho en junio de 1969 en las luchas por la Defensa de la Gratuidad de la Enseñanza; en el asesinato de 56 pobladores, campesinos y estudiantes en Puno en junio de 1972 en las luchas contra el régimen fascista de Velasco; el asesinato del estudiante cantuteño Walter Bravo Trinidad caído en 1977 en la lucha por la defensa de La Cantuta contra el receso; por citar sólo algunos casos de los que es pródiga la historia de la heroicidad del movimiento universitario y el pueblo en su lucha por el derecho a la educación superior. También es parte de esta política contra la universidad a lo largo del siglo XX los recesos e "intervenciones" contra ella que buscaron, reiteramos, someterla y controlarla, a fin de atarla a los intereses de los que mandan en el país.

Como se puede ver, el Informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación no toca para nada este aspecto que es indispensable para comprender la acción genocida contra el pueblo y los alzados en armas en el contexto de la guerra interna. Esto tiene que ver con que el Informe se guía en criterios como "causa inmediata y fundamental" que niegan los antecedentes en los procesos históricos, conforme ya hemos desentrañado líneas atrás; y que, como va quedando cada vez más claro, sirven para justificar la política genocida aplicada, así como para tergiversar los hechos históricos, la verdad histórica.

En cuanto a políticas específicas, en los 80 la acción contrasubversiva aplicó las siguientes: masas contra masas y el genocidio. La primera impulsando la infiltración de agentes y la formación de fuerzas complementarias como las "rondas" y "comités de autodefensa", así como sometiendo a las masas en los nucleamientos; y, la segunda, a través de matanzas genocidas en cientos de pueblos a lo largo de toda la década asesinando, violando, arrasando con la lógica genocida de "si de 100 muertos hay 3 ó 4 terroristas, están bien muertos los 100", (declaracion del general Cisneros Visquerra el 25 de octubre de 1985), como parte de la teoría de "envenenar el agua" enseñada en la "Escuela de las Américas" donde fueron formados los mandos de las fuerzas armadas peruanas, aplicando robar todo, quemar todo y matar a todos; fosas comunes, 4644 como reconoce la propia Comisión de la Verdad y Reconciliación , aunque le dan la denominación de "sitios de entierro" para atenuar la responsabilidad de las fuerzas represivas estatales; y, desapariciones, más de 8000 según los diversos organismos de familiares, aunque pasarían largamente los 10 mil si se tiene en cuenta que muchos de estos hechos no han sido denunciados hasta hoy.

En los 90, la política genocida apuntó a desenvolver una guerra contrasubversiva más desarrollada, replanteada y ajustada dentro de los criterios de la llamada "guerra de baja intensidad". Esta teoría de origen yanqui parte de concebir que es factible clasificar las guerras según la intensidad de las armas: las de máxima intensidad usan bomba atómica; las de mediana intensidad, armas de guerra convencional, todos los medios no atómicos; y, las de baja intensidad son aquellas en las que se usan medios más simples, de menor potencia. Así, la guerra de baja intensidad sería: Política de intervención imperialista sistematizada fundamentalmente después de la derrota norteamericana en Vietnam y que tiene tres "ejes " o formas: 1) La contrainsurgencia en aquellos países donde existe una amenaza evidente al orden establecido; 2) la reversión de procesos revolucionarios triunfantes; y, 3) el antiterrorismo, u operaciones militares desenvueltas como intervenciones directas de "decisión rápida". Es claro que la primera forma en la que se aplicó en el país a inicios de los 90 que tuvo como objetivo "ganar la mente y corazones de la población" como rezan los manuales de guerra contrasubversiva, y que muestran que las fuerzas represivas estatales eran y son ajenas al pueblo, están divorciadas de él. Según la teoría de la guerra de baja intensidad la Contrainsurgencia tiene cuatro componentes "no militares": inteligencia, operaciones psicológicas, asuntos civiles y control de la población y recursos.

Del libro: La Cantuta y la guerra interna-septiembre 2007.
(*). Catedrático de la Universidad La Cantuta
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SEPTIEMBRE 2007

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