20 de noviembre de 2017

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EL PAPA Y NOSOTROS, LOS OSCUROS...

Por: Omar Ospina García.

10 de junio de 2007

(ALTERCOM, especial para ARGENPRESS.info). Hace años un buen amigo me dio un sabio consejo que he procurado ignorar a conciencia: “Hay dos instituciones con las cuales no hay que meterse: la Iglesia y las Fuerzas Armadas”. Lo primero que pensé fue: “si agregaba los gringos me quedo sin tema”.

Sé que “hay asuntos que no se deben tocar”, pero los tres son temas ineludibles para quien comenta la diaria realidad.

Y aunque no quiera uno “meterse con ellos” por respeto a los creyentes, y a los militares y gringos buenos, que sí los hay, la Iglesia y los EEUU, al menos, se meten con uno.

EEUU: Medio Oriente, Plan Colombia, TLC, contaminación, migrantes, libertad a terroristas «aceptables» (Posada Carriles), embargo a Cuba, Guantánamo, etc. La Iglesia: divorcio, eutanasia, aborto, preservativos, celibato sacerdotal, vida sexual, castidad prematrimonial, en fin, esas cosas que afectan al ser humano pero que, comparadas con el paraíso, son minucias…

Ayer fue contra Mahoma y el Islam. Y ahora el Papa las emprende contra los creyentes en otros dioses o en ninguno.

Un diario local publicó la noticia el viernes santo: Benedicto XVI ha dicho que “quien no tiene a Cristo en su vida, es una persona oscura en su interior”. Casi cinco mil millones de personas somos, pues, “oscuros en nuestro interior”. Me ofendí.

No creo ser oscuro por dentro, aunque por fuera, como buen mestizo latino, sí lo soy.

Claro que he cometido faltas en mi vida: deseo a la mujer del prójimo, peco (si puedo) contra el sexto mandamiento, he comido de gula, me gustan el trago y ciertos etcéteras, soy perezoso, he robado libros y siento una ligera envidia de gentes envidiables por su talento y hasta por su apostura (soy, en verdad, algo feo). ¿Pero, quién no ha caído en algunos de esos pecadillos?, pregunto no precisamente arrepentido.

En cambio, los no creyentes jamás hemos perseguido, torturado y muerto a quienes no comparten nuestro descreimiento y ateísmo, ni enviamos a nadie a la hoguera por creer en dioses para nosotros improbables.

En lo particular, trato de no callar ante crímenes como el holocausto judío o el genocidio contra los palestinos; no he recibido o visitado, saludado ni confraternizado con dictadores genocidas; no he ordenado callar a mis amigos cuando no concuerdan conmigo. Hacer todo eso, creo, es oscurantismo. Y los no creyentes no lo hacemos.

Pero el Papa piensa que “no tener a Cristo nos hace oscuros por dentro”. Con lo cual mantiene la tradición de una Institución que ha perseguido por siglos, incluso hasta la muerte, el pensamiento disidente. Manes de Bruno y Galileo, de Boff y Sobrino, acójannos…

Está muy bien el regreso a la liturgia en latín, idioma que está en la esencia misma de la Iglesia. Pero, ¿también hay que retroceder al Santo Oficio, la Inquisición y la intolerancia? Eso sí, exigen respeto.

No es de extrañarse: el Papa es el Cardenal Joseph Ratzinger.

¿Dónde estás Juan XXIII?.

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