9 de diciembre de 2018

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EL APRA, SANTA ANITA Y LOS PARIAS DEL PERÚ

Por: Yásser Gómez.

4 de junio de 2007

"Por producción nacional y trabajo para los peruanos"
"Cuando la prensa calla, los muros tienen que hablar"

Mural de los estudiantes de la Escuela de Bellas Artes en el frontis del Mercado Santa Anita

Durante las dos últimas semanas los medios de desinformación se preocuparon por publicitar la historia del grupo de cumbia Néctar -siempre ignorado por el Perú oficial-, recientemente desaparecido en la ciudad de Buenos Aires. Resaltaron la lucha de los migrantes que llegan de provincias a Lima, los promocionaron como el ejemplo que todos debemos seguir. Sin embargo, cuando los provincianos no son famosos y no les producen ganancias, como los productores mayorista del Mercado de Santa Anita, la prensa criolla deja relucir su ferocidad limeñocentrista, clasista y racista. Ahí es cuando todos cierran filas a favor de las leyes y el Estado de Derecho, que nunca respetan los que ostentan el poder económico. Esta es una vieja historia, de Lima contra el resto del Perú.

Tractores que derriban muros de concreto y precarias viviendas. Bombas lacrimógenas lanzadas contra niños, señoras y ancianos, que huyen despavoridamente, pánico colectivo. Esta no es una narración de las tantas veces que el salvaje y abusivo ejército hebreo ataca poblaciones palestinas como Gaza o Czisjordania. Este es, el mercado de mayoristas de Santa Anita, ubicado en la Carretera Central de Lima, Perú, que a las 08:22 horas del lunes 28 de mayo, sufrió un operativo represivo del Estado peruano y de la Municipalidad de Lima, que utilizó a casi 8 mil efectivos policiales contra los menos de un millar de productores agrarios mayoristas, quienes fueron desalojados luego de una hora. Miles de comerciantes del mercado Mayorista de Santa Anita estuvieron resistiendo veinticinco días, luego que un fallo judicial fuera resuelto en su contra.

Hace cinco años alrededor de diez mil comerciantes invadieron 85 hectáreas de un terreno abandonado en el distrito de Santa Anita, en el que construyeron sus puestos de venta y viviendas. Seguro que muchos lectores que no viven en Perú, podrían argumentar que es algo ilegal, como lo hacen los medios de desinformación limeños. Entonces, con ese argumento, pudiéramos declarar como ilegales al 60 por ciento de viviendas y construcciones de Lima Metropolitana, porque desde hace cincuenta años esta ciudad se ha construido a punta de invasiones, porque el centralismo -que aún subsiste- obligó a los provincianos a viajar a la capital, en busca de supuestos mejores niveles de vida.

La Policía en complicidad con el Ministerio del Interior, la Municipalidad de Lima y los medios de desinformación, realizaron durante la última semana, su estrategia de desgaste, anunciando cada doce horas que ya se iba a efectuar el desalojo, cuando no existía la orden del juez, sin la que era imposible proceder con el operativo. Incluso movilizaron a miles de policías en vano, desperdiciando cientos de miles de soles del erario público, sólo con el fin de asustar a los productores. Pero en la noche del viernes 25 de mayo cerraron el ingreso y salida del mercado, impidiendo el tránsito de personas, alimentos y agua. Nadie ni nada salía, ni entraba. Era el aviso de lo que vendría horas después.

Sin embargo, el mismo viernes cuando recién caía la tarde, decenas de estudiantes, integrantes de la Coordinadora Interuniversitaria de Lima (San Marcos, UNI, Federación de Estudiantes de la Agraria, Calllao, Federación de estudiantes del Cuzco, Villarreal, La Católica, La San Martín y la escuela de Bellas Artes) llegaron al mercado para solidarizarse con los mayoristas. Colocaron banderolas de apoyo en la puerta principal, los estudiantes de Bellas Artes pintaron un hermoso mural que representaba la lucha de los productores con leyendas que decían: "Por producción nacional y trabajo para los peruanos". Sin olvidarse de los medios de desinformación: "Cuando la prensa calla, los muros tienen que hablar". Luego departieron un baile de Sikuris y finalmente un gran sector de estudiantes se quedó a pernoctar para acompañar la defensa del mercado.

Mientras el agua y los alimentos se agotaban, los medios de desinformación denunciaban ante los represores, que por algunas paredes, -lejos de la puerta principal- los Productores recibían alimentos, agua y a veces salían. Así transcurrió el sábado y domingo, la prensa criolla denunciando el menor movimiento de los mayoristas y repitiendo que en cualquier momento se produciría el desalojo.

Cuando se inició el operativo, la Policía Nacional no portaba armas de fuego, pero estaba bien apertrechada de palos, escudos, tanquetas, caterpillers, bombas lacrimógenas y vomitivas. Derribaron muros, portones de metal, ingresaron a la fuerza al mercado, se iniciaba la estampida de niños, señoras y ancianos, que buscaban una salida a los gases, mientras la mayoría de productores estaba en la puerta principal desafiando al caterpiller que intentaba ingresar. Y la prensa criolla pedía orden y orden, sin importar las consecuencias. La policía avanzaba destruyendo las puertas de los puestos-casas de madera, buscando fundamentalistas andinos en cada rincón. La situación se hizo insostenible para el casi un millar de mayoristas, que no tenían ninguna experiencia en este tipo de enfrentamientos. Sesenta minutos después, había culminado el desalojo ordenado por el establishment neoliberal, con el saldo de doce heridos y 27 detenidos que fueron llevados a la comisaría de Santa Anita y al local de la DINOES (Dirección Nacional de Operaciones Especiales).

Minutos después, de manera extraña la policía muestra a la prensa un arsenal de armas y explosivos caseros, (parecían extraídos de la casa de Agustín Mantilla) que no fueron utilizados por los productores como defensa, durante el desalojo. Con esto, las autoridades sustentaron que los cargos contra los dirigentes de los mayoristas, serían más graves y tendrían mayores penas. En la tarde del lunes -al estilo de Fujimori con los criminales del Operativo Chavín de Huántar- Alan García salió a felicitar a sus valerosos uniformados, que en una diferencia de ocho a uno, concretaron un heroico desalojo, sin mencionar que a esa misma hora, la policía municipal del alcalde limeño, Luis Castañeda Lossio, estaba llevándose la mercadería y pertenencias de los productores, con la excusa de que todo estaba inventariado para que lo reclamaran después. Encima que les siembran explosivos, les roban sus cosas. La clase política peruana, debería ser así de valiente con las transnacionales, la Casa Blanca o la armamentista Bachelet.

La Lima criolla se impuso nuevamente, dejando sin trabajo y casa a miles de provincianos. Porque las leyes están hechas para que sólo las cumplan los pobres, por eso, los peruanos somos parias en nuestra tierra.

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