16 de marzo de 2018

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“Operación Chavin de Huantar” otro de los crímenes de Fujimori.

HEROES DE PACOTILLA Y USO MAFIOSO DE LA PRENSA

Por: Luis Arce Borja.

28 de abril de 2007

Los hechos: El 17 de diciembre de 1996, un comando del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) integrado por 14 guerrilleros tomó la embajada japonesa en Lima. Los tupacamaristas capturaron 900 personas al interior de la embajada que se habían reunido para celebrar el nacimiento del emperador del Japón. Entre los rehenes había diplomáticos, ministros del gobierno peruano, altos jefes de la policía y de las fuerzas armadas, políticos y parlamentarios de todas las tiendas políticas. Los subversivos declararon que la accion tenia el propósito de plantear un dialogo de paz con el gobierno de Fujimori, y que se inicien los primeros “pasos a una solución global al problema de la violencia política por vía del camino del dialogo y un acuerdo de paz”. En las siguientes semanas los subversivos, para dar muestra de su voluntad negociadora, dejaron libre a la mayoría de los rehenes y finalmente retuvieron solamente a 72 personas. Después de 126 días de capturada la embajada, las fuerzas armadas pusieron en ejecución el ”Plan Chavin de Huantar”. Este operativo se aplico el 22 de abril de 1997 cuyo objetivo no fue salvar ni proteger a los rehenes, sino exterminar al grupo guerrillero que había tomado la embajada japonesa. Semanas antes Néstor Cerpa el jefe del comando tupacamarista había declarado ante la prensa que ellos no atentarían contra la vida de los rehenes. En la accion de rescate murió un rehén (de infarto cardiaco), dos militares y los 14 subversivos fueron asesinados cuando ya se había rendido y entregado sus armas. La matanza de los guerrilleros fue considerada tanto por el gobierno, así como las fuerzas armadas y los medios de comunicación una accion épica y heroica de los militares que ingresaron a la embajada japonesa. Alberto Fujimori, algunos minutos después del operativo militar, con chaleco antibalas ingresa a la embajada japonesa. Ahí entre el humo de las bombas y la sangre aun fresca de los subversivos que corría en el piso, posa para los canales de televisión y el resto de la prensa. Se le ve caminando entre los cadáveres de los guerrilleros mutilados por las balas de la ejecución. De ahí salio al exterior de la embajada, subió a un ómnibus y con una bandera peruana en la mano se paseó saludando a los curiosos, algo así como el hincha que festeja un triunfo de su equipo de fútbol. Solo en Perú se podía ver este espectáculo surrealista y dantesco.

La interpretación de la historia social tiene carácter de clase, y en es sentido la historia no es abstracta y al margen de los intereses de los grupos sociales en contienda. En este terreno también se expresan los conflictos entre oprimidos y opresores. La objetividad o subjetividad para narrar los hechos pasados corresponde a la naturaleza de la sociedad imperante, al tipo de Estado y a la esencia de la cultura clasista. En este terreno escribir la historia, puede ser una tarea noble, veraz y objetiva, pero también puede ser una labor infame, falsa y substraída a toda objetividad de la realidad. Así se puede afirmar que la historia, desde el punto de vista del materialismo histórico, no es otra cosa que la historia de la lucha de clases.

En Perú, la historia oficial desde los orígenes de la Republica en 1821, es una grotesca falsificación de los hechos. Las clases sociales en el poder han fabricado “héroes”, han ganado guerras ficticias, y sus cuadros políticos o sus jefes militares decadentes y sin merito alguno son llamados ridículamente “padres de la patria”, o “soldados victoriosos”. Su propósito político ha sido consolidar el poder de los grupos de poder (terratenientes y grandes burgueses) y del imperialismo. Manipular la historia es uno de los mecanismos de dominación, y se usa indistintamente, para salvaguardar el sistema de opresión, como para encubrir la responsabilidad de los gobernantes civiles y militares en hechos mafiosos, de corrupción y crímenes masivos contra la población. En Perú, como ningún otro país de América Latina, la historia oficial es incontestablemente un subproducto de la torva imaginación de intelectuales y periodistas mercenarizados, cuyos trazos historiográficos no tienen ningún valor ético ni moral. Se ha dicho por ejemplo, que Fernando Belaunde, ex presidente del Perú, era un defensor del sistema democrático, del estado de derecho, y aguerrido defensor de los derechos humanos. Sin embargo durante su primer gobierno (1963-1968), las fuerzas armadas fueron enviadas a los andes donde exterminaron brutalmente a los guerrilleros del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) que dirigió Luis de la Puente Uceda en 1965. En su segundo gobierno (1980-1985), el “demócrata” Belaunde ordenó la intervención de los militares en la lucha antiguerrillera, cuyo saldo sanguinario fue uno de los mas altos en todo el periodo que duró el conflicto armado. Solo en 1984, las fuerzas militares, secuestraron, torturaron, y asesinaron a más de cuatro mil personas, en su mayoría campesinos andinos.

Tergiversar la historia de un país, de una nación o de un pueblo, no es simplemente tarea de historiadores o de simples escribas. Es fundamentalmente una labor de la prensa mercenarizada que se alquila a los gobierno de turno, y que miente, encubre y falsea la realidad cada día. Para no ir muy lejos en la historia, habría que ver la naturaleza corrupta y sin ningún valor de la prensa peruana, cuyo rol en los últimos 20 años ha sido, encubrir crímenes planificados desde el Estado, apoyar los planes represivos de los militares, y sostener toda suerte de lumpen político o militar en el poder. Esta prensa, sin ningún nivel y al margen de cualquier índice de ética y moral, ha construido personajes de leyenda a partir de individuos criminales, mafiosos e ineptos. La prensa escrita, televisiva o radial, casi sin excepción alguna, se pusieron al lado de los mas sanguinarios regimenes civiles o militares del Perú Han sido cómplices de las más brutales acciones represivas contra la población, y alentaron la militarización de la sociedad peruana. En 1986, durante el régimen de Alan García Pérez sostuvieron la matanza de 300 prisioneros en tres penales del país. En 1992 apoyaron y justificaron el crimen de cerca de 100 prisioneros cuando el Perú estaba en manos de Fujimori y Montesinos. Desde 1980 para adelante pactaron, en secreto o abiertamente con las Fuerzas Armadas, y participaron en los planes y estrategias militares que el Estado ejecutó para detener la subversión. Ningún crimen, selectivos o masivos, contra dirigentes sindicales, luchadores sociales, y militantes comunistas, se realizó sin el concurso de esta prensa. Durante el gobierno de 10 años de Fujimori y Montesinos (1990-2000), los medios de comunicación y la mayoría de los periodistas del Perú fueron asiduos visitantes del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), aparato de represión del Estado donde se redactaban los editoriales de diferentes medios, y desde donde se dirigían los grupos paramilitares que ejecutaban clandestinamente, estudiantes, campesinos, obreros, intelectuales y cualquier opositor al régimen.

Una prueba reciente, de la forma que actúa esta prensa la entrega el diario La Republica, un medio de comunicación que se presenta falsamente como objetiva y democrática, pero cuya trayectoria la ubica al lado de los gobiernos de turno y de los grupos de poder. Este cotidiano durante años fue vocero de Izquierda Unida (IU), y algunos de sus más altos directivos fueron asiduos visitantes del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN) en el periodo de 1990 hasta la caída de Fujimori en el año 2000. Este diario, bastante ligado a los regimenes oficiales, ha sido un soporte de primer orden para las fuerzas armadas y sus planes contrainsurgentes. La Republica, acaba de reafirmar su compromiso con los militares, y su desprecio de la verdad y la justicia. En su edición del 22 de abril de este año (2007) publicita en primera plana a un supuesto “héroe” de la “Operación Chavin de Huantar”, para referirse a uno de los jefes militares que participó en esa carnicería en la embajada japonesa en Lima cuyo saldo fue el asesinato de 14 militantes del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA).

“Habla un héroe de Chavin de Huantar”, dice el diario La Republica (22 de abril 2007), y hace una apología del coronel Jorge Fernández (ahora en retiro), un ex comando del ejercito que integró el grupo de elite de las fuerzas armadas que el 22 de abril de 1997, ingresó a la embajada Japonesa en Lima y a sangre fría ejecutó a la mayor parte de los guerrilleros del MRTA que se habían rendido y que se encontraban sin armas y maniatados por los soldados. El “Plan Chavin de Huantar”, fue organizado por Vladimiro Montesinos y el general Nicolás Hermosa Ríos, en ese tiempo presidente del comando conjunto de las fuerzas armadas. Este general, fue el soporte militar de Fujimori, y actualmente está acusado de crímenes de guerra, y de ser el responsable del secuestro y asesinato de 9 estudiantes y un profesor de la Universidad la Cantuta (Lima) en 1992. Está acusado junto con Montesinos, de robos, coimas y de haber organizado al interior del ejercito el grupo “Colina”, que funcionaba clandestinamente y que ejecutó una centena de personas en todo el país.

El diario La Republica, dice en su edición mencionada que este militar es “uno de los verdaderos héroes hasta ahora desconocido de la Operación Chavín de Huántar”. ¿Héroe o criminal?. Diferentes instituciones peruanas de defensa de los derechos humanos han confirmado que la matanza de los 14 integrantes que conformaron el comando del MRTA en 1997, fue un acto criminal de los militares. La ejecución de los subversivos se realizó cuando éstos se habían rendidos y habían entregado sus armas a los soldados. No es la primera vez que este diario se pone al lado de las criminales fuerzas armadas. Por ejemplo en su editorial dos días después de los hechos sangrientos del 22 de abril de 1997, cuando aún el gobierno fujimorista festejaba el festín sanguinario de la embajada japonesa, señalo que el “Operativo Chavin de Huantar, fue desarrollado en forma impecable y que la ciudadanía había recibido “con alegría y alivio el fin de este prolongado episodio… por lo cual felicitamos a nuestras Fuerzas Armadas”. (Editorial del diario La Republica, 24 de abril de 1997).

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