18 de mayo de 2020

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Bolivia: Viejo vino en odre nuevo

Por: Pedro Jankaquipa

18 de mayo de 2020

“Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”

CARLOS MARX

La llamada izquierda latinoamericana durante la década de los 70 promovió y desarrolló una vieja y equivocada tesis sobre los gobiernos vigentes en la región, educando a su militancia y promoviendo en la población un falso discurso: democracia o dictadura, un falso debate que llevaba a los pueblos a luchar ilusamente por una democracia de papel exigiendo asambleas constituyentes y/o elecciones generales como acción política e ideológica contra los gobiernos militares instaurados en la mayoría de los países latinoamericanos y que llevaron adelante una acción coordinada en muchos casos (Plan Cóndor por ejemplo) para combatir el comunismo a nivel continental en el marco de una agresiva política imperialista digitada desde los Estados Unidos de Norteamérica.

En esas décadas y las que vinieron, los gobiernos militares o civiles salidos de elecciones impulsaron distintas medidas de reformas de administración estatal llamadas de “modernización” para ser más funcionales al imperialismo, principalmente norteamericano. Durante las décadas del 90 y las siguientes, la estrategia política de la llamada izquierda latinoamericana fue luchar por tomar el poder (en realidad los gobiernos) a partir de su participación política en el circo electoral, hasta que lograron ganar las elecciones en este siglo en distintos países como Brasil, Venezuela, Argentina, Bolivia,Ecuador y Uruguay, lo que llevó a que algunos intelectuales denominaran a estos gobiernos de progresistas o peor aún elucubraran teorías como “el socialismo del siglo XXI”.

¿Qué lecciones se puede sacar de la participación de la izquierda “progresista” y electorera? Mucho, fueron gobiernos que intentaron promover reformas, pero que finalmente terminaron conciliandocon la oposición reaccionaria interna ligada a los terratenientes y sirviendo al gran capital imperialista. sea colocando en bandeja de plata a las transnacionales nuestros recursos naturales o colocando el aparato productivo nacional en función de las políticas imperialistas, promoviendo el agro cultivo, el biodiesel y empresas de ensamblaje de mercancías (autos, notebooks, etc.) con mano de obra barata nacional al servicio de marcas de vehículos norteamericanas o europeas como en Brasil, Argentina u otros países al igual que los gobiernos neoliberales. El llamado progresismo latinoamericanos se caracterizó por la colusión y pugna con los sectores más conservadores en sus países.

En el país, sucedió lo mismo y podría decirse que mucho más grave, desde el punto de vista ideológico, económico y político. En lo ideológico no solamente se confundió al pueblo en que la lucha era entre democracia o dictadura, sino que se redujo la posibilidad de construir una nueva sociedad al ejercicio de ciertas libertades y a la promoción del paradigma del “vivir bien” y del “socialismo comunitario” como retórica funcional al extractivismo y desarrollismo promovido por organismos financieros internacionales. En lo económico, se entregaron en cuerpo y alma a la ayuda imperialista vía Banco Mundial, BID, UE, China, como a las negociaciones con las transnacionales siguiendo el lema de “socios y no patrones” con el cual convivieron durante 14 años, sin modificar ni tocarle un pelo al mentado decreto neoliberal 21060 de flexibilización laboral, esquilmando a los trabajadores su fuerza de trabajo vía no solo ampliación de la jornada laboral, sino de eliminación de derechos laborales vía contratos de trabajo mercantil, mayor imposición tributaria a los profesionales o consultores (pagan casi el 30% de sus ingresos) , además de realizar grandes concesiones a la gran minería, a las transnacionales hidrocarburiferas como a los agroexportadores y facilitar pingues ganancias al sistema financiero, solo en un año, el 2006, ganaron lo que con el neoliberalismo en cinco años anteriores, ganando hasta el 2018 un monto superior a los 1.500 millones de dólares. En lo político, la utilización de la prebenda a las dirigencias sindicales como mecanismo de cooptación corporativa, además de la corrupción y la permanente campaña de despolitización, calificando de “política” y “de servir a la derecha” toda manifestación popular (indígenas del Tipnis, discapacitados, estudiantes) contra su política gubernamental, aplicando el derecho penal del enemigo.

Así, la colusión y pugna entre facciones burocrática y compradora de las clases dominantes, que se presentó durante el proceso de reestructuración estatal de los últimos 14 años, solo sirvió como telón de fondo para lo que en realidad querían: el sostenimiento del viejo Estado al que llaman democrático, pactando y resolviendo sus contradicciones. Hoy la historia se repite nuevamente, antes como tragedia y ahora como comedia.

¿Podemos hablar de un marxismo o los marxismos? Hablar de los marxismos es un viejo argumento para presentarse como seguidores de Marx, pero a la vez justificar su accionar de revisión del marxismo, cuestión medular que los ha llevado a justificar el imperialismo chino como el “camino socialista chino” o en el plano nacional hablar de “proceso de cambio”, de “socialismo comunitario” o de “revolución democrática cultural” para promover capitalismo en el campo y en la ciudad, justificando procesos de extracción de recursos naturales como “nacionalización”, el ingreso de transgénicos agro tóxicos al campo favoreciendo la agroindustria, grandes beneficios a la banca y sistema financiero, prácticamente casi exención de impuestos a la explotación minera de transnacionales (5% de impuesto a millonarias utilidades), entre otras perlas del gobierno de Evo Morales, el llamado “presidente indígena”. El llamado proceso de cambio se redujo a cambiar nombres a la vieja estructura estatal y a denominar ciertos procesos de su plan económico con eufemismos para dar la apariencia de encontrarse en un proceso revolucionario que nunca lo fue más allá de promover ciertas mejoras y bonos entre otras medidas en el marco del sistema capitalista-imperialista mundial.

Así, es urgente recuperar espacios de debate pues el gobierno reaccionario de Jeannine Añez como el partido de oposición del MAS, pretenden echar tierra a los ojos del pueblo, intentando y logrando en muchos sectores de la población centralizar la discusión en ¡Elecciones ya! como le gusta plantear al MAS o Salud, como plantea el oficialismo, cuando vivimos en un viejo Estado que no tiene la salud pública suficiente para contrarrestar el crecimiento de otras enfermedades estacionales como la influenza, el dengue, la neumonía, u otras, y mucho menos frenar la expansión del contagio del covid-19. Como muestra basta un botón, señalar que en Santa Cruz solo existen dos unidades de terapia intensiva, departamento que concentra el 70% de los casos de covid-19 a nivel nacional. La demanda del MAS y de las organizaciones de “izquierda” que le acompañaron en el gobierno sobre la salud, entre otras, de luchar por un “Sistema Único de Salud Pública. Universal, gratuito, eficiente y de calidad. Nuestro objetivo es que la salud privada desaparezca porque no se puede seguir lucrando con el derecho a la vida”, resulta oportunista, demagógica y cínica pues cuando tuvieron la posibilidad de realizarla (2006-2019) no hicieron absolutamente nada, dejando intacto el sistema de salud pública y el privado. Raquítico y sin recursos el primero, y fortalecido, dejando a la oferta y demanda, el segundo.

Como vemos, ambas facciones la compradora representada en el actual gobierno y la burocrática representada por el MAS defienden un sistema que se cae y buscan levantarlo, la facción compradora por mantenerse en el gobierno y la facción burocrática por recuperarlo, reduciendo las necesidades del pueblo al tema electoral, como si el pueblo se alimentara de elecciones.

El debate en el que el pueblo debería centrarse es entre vieja democracia o nueva democracia. De la vieja democracia no hablaremos mucho pues es la que hemos vivido y seguimos viviendo hasta ahora, una democracia para la minoría y dictadura para la mayoría, una democracia de justicia para el que tiene dinero y otra para el que no la tiene, una democracia que favorece a grandes burgueses, propietarios de latifundios y transnacionales y de dictadura de desempleo, flexibilización laboral, ampliación de la jornada laboral para el pueblo, cárcel y persecución a dirigentes.

Nuestro pueblo necesita una Nueva Democracia, una verdadera revolución que implica una nueva economía, nueva política y nueva cultura, derrumbando los viejos muros y marcos estrechos de la democracia burguesa, revolución de Nueva Democracia guiada por el proletariado en alianza con el campesinado, contraponiendo la violencia revolucionaria a la violencia reaccionaria como única forma de transformar el mundo. ¿qué significa ello? En sencillo, es romper el dominio imperialista, liquidar la propiedad terrateniente expresada en el latifundio y la gran propiedad agraria, confiscando los medios del capitalismo burocrático, apoyándonos en las amplias masas de trabajadores del campo y la ciudad en función de la revolución proletaria mundial.