24 de agosto de 2019

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BOLIVIA: TRES AÑOS DE EVO Y UN SEXTO MENOS EN EL BOLSILLO

ECONOTICIASBOLIVIA.

8 de mayo de 2009

Los trabajadores bolivianos perdieron el 15 por ciento de sus ingresos entre el 2006 y 2008, años de bonanza económica para el Estado y las grandes empresas privadas. Ahora, en el inicio de la crisis, los más pobres temen que su situación empeore aún más.

A los empobrecidos trabajadores bolivianos no les ha valido de mucho ser uno de los principales puntales de apoyo del presidente Evo Morales. En los tres primeros años del gobierno de la izquierda indigenista (2006-2008) el salario real de los trabajadores cayó en por lo menos el 15 por ciento, a la par que aumentaba la explotación de la fuerza laboral y no cedía el desempleo ni los abusos patronales.

Los datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística (INE) y de la Unidad de Análisis de Política Económica (UDAPE) establecen que el salario real (la capacidad de compra) de los trabajadores del sector privado disminuyó en una sexta parte, como resultado tanto del acelerado aumento de precios de los productos alimenticios y de consumo popular como del insignificante y/o nulo aumento en la cantidad de billetes que reciben los obreros, empleados y profesionales bolivianos.

Esta merma en los bajísimos ingresos de los trabajadores bolivianos, que son los que menos ganan en la región y que literalmente tienen “salarios de hambre”, ha empujado a muchos a la pobreza y a otros tantos a la miseria extrema. Muchos de ellos ya son parte de los más de 300 mil nuevos pobres que han emergido en la administración de Morales, según el recuento preliminar de los organismos gubernamentales recogida por ECONOTICIASBOLIVIA.

Y esto ha ocurrido a pesar de que el conjunto de los trabajadores ha dedicado más horas al trabajo, buscando algo más de ingresos. En el 2006 las mujeres trabajaron cuatro horas semanales por encima del límite definido legalmente, y en el 2007 las horas extras ya fueron de cinco a la semana. Entre los varones, el esfuerzo adicional fue de cinco horas por semana en el 2006 y de algo más de tres en el 2007.

“A todo esto se suma la terciarización, la inestabilidad laboral, el incumplimiento de leyes laborales y sociales (…) El gobierno del MAS (Movimiento al Socialismo) ha impulsado algunas reformas que no cambiado significativamente la situación de la clase obrera fabril”, se queja una decepcionada Confederación de Trabajadores Fabriles.

Otros indicadores dan cuenta de la persistencia del desempleo en las ciudades (7 por ciento según el INE y 10 por ciento según el no gubernamental Cedla), de la bajísima calidad de las fuentes de trabajo (en más de la mitad de los empleos no se gana ni siquiera para pagar los alimentos de la familia), de la creciente inestabilidad laboral (crece el número de trabajadores eventuales y la subcontratación), del aumento de los despidos y la creciente “insatisfacción laboral”, especialmente entre los que trabajan sin contrato ni beneficios sociales ni laborales.

Este deterioro en la situación de los trabajadores, especialmente por la caída en su poder de compra, ha encendido la luz de alarma en algunos sindicatos que lamentan no haber logrado nada para los trabajadores en estos tres años de “boom económico” de las materias primas y en los que, paradójicamente, según los datos del Ministerio de Hacienda, los ingresos del Estado y las ganancias empresariales se han multiplicado entre dos y tres veces. Ahora, en el inicio de la crisis, los más pobres temen que su situación empeore aún más.

Cifras de la caída

En el primer y segundo año de gobierno de Morales (2006-2007), el salario promedio real de los trabajadores cayó en 9,53 por ciento, mientras que la “remuneración promedio real” (que incluye el salario y los bonos de antigüedad, horas extras, dominicales y otros) se redujo en 9,78 por ciento, según los datos del INE (Actualidad Estadística No. 830, noviembre 2008) y de UDAPE (Dossier de Estadísticas Sociales y Económicas No. 18, enero 2009).

Esto significa que, aunque el trabajador boliviano podía tener unos cuantos billetes más en el bolsillo, producto de los incrementos definidos por el gobierno de Morales, su poder adquisitivo se había reducido y ahora compraba menos que antes.

En el 2008 esta tendencia se habría agudizado como resultado del acelerado aumento de los precios de consumo. La inflación alcanzó, según las cifras oficiales, a 11,85 por ciento, un registro que sin embargo es cuestionado por los sindicatos y sectores de oposición que creen que el aumento de precios fue mucho mayor. Así, por ejemplo, la opositora Fundación Milenio considera que, tan sólo en el primer semestre del 2008, el crecimiento del precio de los alimentos fue de 21 por ciento.

Por ello, los informes preliminares de las entidades públicas recogidos por ECONOTICIASBOLIVIA estiman que en el 2008 se habría producido una caída en el ingreso de los trabajadores similar a la del 2007, año en el que el salario promedio real disminuyó en 7,48 por ciento y la remuneración real en 8,68 por ciento, según los datos del INE.

Como resultado de todo ello, el poder de compra de los trabajadores bolivianos del sector privado habría disminuido en los últimos tres años en por lo menos el 15 por ciento, a pesar de los sucesivos incrementos dispuestos por el gobierno de Morales, que en los hechos tuvieron un impacto más simbólico que real.

Un aumento simbólico

Durante sus primeros tres años de gobierno, el presidente Morales decretó el aumento del salario mínimo de Bs 440 a Bs 577,50 (13,6 por ciento en el 2006, 5 por ciento en el 2007 y 10 por ciento en el 2008. En el 2009 el aumento fue de 12 por ciento, llegando a Bs 647). El monto de este salario mínimo (cerca de 90 dólares) no guarda, sin embargo, ninguna correspondencia con las necesidades básicas de los trabajadores (es menos de la mitad de lo que una familia necesita para alimentarse, según un estudio de la organización no gubernamental Cedla) y sólo sirve como referente para que, por lo menos legalmente, ningún trabajador pueda recibir menos que eso.

Los datos del INE son elocuentes sobre el mínimo impacto del incremento del salario mínimo dispuesto por Morales en la economía del conjunto de los trabajadores. En el 2007, por ejemplo, el gobierno decretó que el salario mínimo aumente en un 5 por ciento más de billetes, pero los trabajadores del sector privado recibieron, en promedio, sólo 0,94 por ciento más de billetes, con lo que el poder de compra del salario de estos trabajadores disminuyó, en términos reales, en 7,48 por ciento.

Los registros oficiales también muestran que los incrementos nominales otorgados a principios de año tuvieron un impacto positivo en el poder adquisitivo de los salarios tan sólo durante cada primer trimestre, tras lo cual desaparecían por efecto del alza de precios de los productos de consumo.

No se salvan ni los profesionales

La caída en el ingreso real de los trabajadores fue generalizada, impactando en todos los sectores laborales en el sector privado, donde se concentra el 85 por ciento de la fuerza laboral boliviana. Así, por ejemplo, el salario promedio real de los profesionales que trabajan en el sector privado disminuyó en 14,9 por ciento, entre el 2005 y diciembre de 2007, según el INE.

Otros informes de esta misma institución (Actualidad Estadística No. 798, marzo 2008) muestran, en cambio, que, en promedio, la situación económica de los trabajadores del sector público se mantuvo inalterable durante el gobierno de Morales. Esto quiere decir que los sucesivos incrementos salariales otorgados al sector público sólo permitieron que estos trabajadores no pierdan su poder adquisitivo y enfrenten el alza de precios, por lo que, al final de cuentas, se mantuvieron igual de pobres que antes de la asunción de Morales, aunque peor que hace cinco años. Un informe de UDAPE asegura que el salario promedio real de los trabajadores del sector público es casi 10 por ciento más bajo que el que tenían en el 2003.

Según los datos oficiales, el deterioro del poder adquisitivo del salario real de los trabajadores del sector privado viene desde fines del 2004, acumulando hasta el 2007 una pérdida de 13,5 por ciento, mientras que la caída acumulada de la remuneración promedio fue del 14,2 por ciento. Esto quiere decir que los trabajadores bolivianos han perdido en los últimos cuatro años el 20 por ciento de su poder de compra o, lo que es lo mismo, la quinta parte de sus ingresos.

Reclamo laboral, olvido dirigencial

No es casual, por ello, que haya malestar y protestas en varios sectores de trabajadores, tanto del sector privado como del público, que reclaman por una mejora en su situación económica y un incremento real de salarios.

“Los obreros fabriles rechazamos el anuncio de 12 por ciento de incremento salarial para el sector privado, y exigimos un incremento de acuerdo al costo de la canasta familiar, bajo parámetros sociales, que tiendan a que podamos cubrir las mínimas necesidades de una existencia digna para nosotros y nuestras familias”, dice un pronunciamiento de la Confederación de Trabajadores de Fabriles.

Otros, como los trabajadores de la educación ya se movilizan en las calles y piden un verdadero incremento real de sus sueldos, que no sean devorados por la inflación y mejoren su mala calidad de vida. Los maestros, como otros sectores, reclaman, además, para que Morales cumpla con la promesa electoral del 2005 para triplicar el salario mínimo.

“Llamamos a todos los obreros de Bolivia, a preparar una lucha nacional por el salario, por el respeto al fuero sindical, por una ley que prohíba la terciarización y plantee una sindicalización obligatoria, por vivienda para nuestras familias, por una reforma agraria integral, por la recuperación total de nuestros recursos naturales”, dice la proclama de los fabriles.

Lejos de ellos, sin embargo, los máximos dirigentes de la Central Obrera Boliviana (COB), han dejado en segundo plano las reivindicaciones salariales y sociales de los trabajadores y se han sumado con mayor entusiasmo a las huelgas de hambre y movilizaciones a favor del presidente Morales, al que ya han comprometido su apoyo en su campaña electoral por la reelección.

Los datos oficiales revelan que, en promedio, el ingreso laboral de los obreros es de algo más de Bs 1.100 (160 dólares), de los empleados de oficina Bs 1.700 (240 dólares), de los trabajadores por cuenta propia de casi Bs 900 (130 dólares), de los trabajadores de servicios y vendedores del comercio de Bs 1.000 (140 dólares), de los trabajadores de la industria extractiva, construcción e industria manufacturera de Bs 1.100 y de los trabajadores no calificados de Bs 700 (100 dólares). Todas estas cifras no alcanzan, sin embargo, para cubrir las necesidades básicas de una familia promedio que necesita cada mes entre 500 a 700 dólares para vivir en condiciones dignas de todo ser humano, para “vivir bien”.