17 de enero de 2022

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TEATRO CAMPESINO: HACIENDO JUSTICIA

Ernesto Toledo Bruckmann.

2 de noviembre de 2010

Obra de Víctor Zavala Cataño censurada en exposición de Casa de la Literatura Peruana

La Casa de la Literatura Peruana vio pertinente que el público realice dentro de su recinto un recorrido imaginario por uno de los géneros literarios menos estudiados. La exposición denominada “Panorama del teatro del siglo XX” pretende destacar a los dramaturgos más destacados de nuestras letras.

Sin embargo, los retratos de Manuel Beltroy, Sebastián Salazar Bondy, Enrique Solari Swayne, Alonso Alegría, Bernardo Roca Rey, Juan Ríos, Juan Rivera Saavedra, Delfina Paredes y César de María, así como el reconocimiento al Club de Teatro de Lima, la Escuela Nacional de Arte Dramático, la Asociación de Artistas Aficionados, los teatros universitarios de San Marcos y Católica, Yuyachckani, Cuatrotablas y La Tarumba, van acompañados de una síntesis cronológica inconclusa ya que el olvido, el descuido, el prejuicio y la censura arranca de sus páginas 1969, año de la publicación de Teatro Campesino de Víctor Zavala Cataño.

No se puede negar que el nombre de Víctor Zavala Cataño está ligado a la historia del movimiento del teatro popular del Perú ya que es el creador teatro campesino en nuestro país, el mismo que enfatiza en el rol social del arte e incorpora al hombre rural como personaje protagonista del arte escénico.

Como el mismo director lo señala: “El teatro es la isla a la que la imagen del trabajador agrario no ha podido arribar aún. O cuando ha llegado no ha sido él mismo, sino un fantoche, un ‘indio`, un ‘serrano’, un ‘cholo’, un ‘animal’, en fin dentro de una concepción despectiva de su realidad. La verdadera faz del labrador agrícola, llena de contrastes, frustraciones, sufrimientos, protestas contenidas y esperanzas, no ha sido iluminada por los dramaturgos.”

Teatro Campesino, publicado en 1969, contiene siete obras teatrales: El Gallo, La Gallina, El Collar, La Yunta, El Turno, El Arpista y El Cargador. Técnicamente se sustentan en una conjunción artística de medios, donde se incluye el monólogo, la pantomima, la danza, el canto, obtenidos de las propias manifestaciones populares. Los carteles y la sobreactuación también se convierten en instrumentos activos del drama, permitiendo el distanciamiento del espectador.

Además, Zavala Cataño publicó “Teatro Popular” y “Teatro Infantil”, poniendo en escena cada una de sus obras en costa, sierra y selva. Del mismo modo escribió “Color de la Ceniza y Otros Relatos” y algunos poemas aparecidos en revistas.

Su estrecho contacto con la naturaleza, esa riqueza ancestral legítimamente propia, le permitió a Zavala Cataño obtener esos materiales para formar criterios, conceptos y capacidad creativa, basándose en el universo andino. Del mismo modo el entendimiento acerca de la constitución de una sociedad peruana todavía excluyente, donde las clases sociales son las protagonistas del motor para el cambio.

El hecho de que Víctor Zavala Cataño sea un intelectual que comparta o haya asumido las ideas de un movimiento subversivo no resta la importancia de sus aportes al teatro peruano ya que fue el primero que puso en las tablas y como protagonistas a los desposeídos como el cargador, la empleada y otros personajes que aparecían antes en forma utilitaria. Zavala Cataño contribuye al desarrollo del teatro político, aparecido en la segunda mitad del siglo XX como una categoría estética. Aunque los antecedentes vienen de 1938 con la constitución de la Asociación de Artistas Aficionados y el Teatro popular con la presencia del mimo Jorge Acuña, es a través del Teatro Campesino de Zavala Cataño por donde ingresa con fuerza el legado dramatúrgico del alemán Bertolt Brecht, cuya presencia es imprescindible para cualquier estudio acerca del teatro.

A la usanza del teatro popular, es el mismo Zavala Cataño quien difunde, edita y monta sus obras. Su principal interés es la participación del público en el desarrollo cultural, social y político del país y para ello aplica las expresiones de ese mismo público a los medios artísticos.

El teatro campesino tiene el mérito de darle al hombre del campo su valor, una calidad de ser humano en medio de condiciones de explotación; despierta la consciencia del pueblo sobre la necesidad de construir un país distinto. En cada pieza escénica del Teatro Campesino se expresa un hecho, una denuncia y se ensaya una crítica respecto a la condición social del campesino peruano.

La permanencia, la figura y el perfil estético social de Zavala Cataño siempre fue el mismo, basado en la problemática del campo. Pese a los prejuicios y la censura, son y serán muchos los grupos teatrales que montarán sus obras ya que abordan problemas no circunstanciales ni coyunturales sino de profundo valor humano. La única forma de que el teatro de Zavala Cataño pierda vigencia sería con la desaparición del orden político, económico y social imperante en el país, algo que los propios sectores dominantes se rehúsan a promover.

Resultó absurdo e indignante que las celebraciones por los 40 años de la publicación del libro Teatro Campesino se hayan realizado casi en la clandestinidad, sin el despliegue mediático que se merece y que si se le otorgó a espectáculos con nula capacidad para despertar la consciencia.

El argumento que me dieron en la Casa de la Literatura Peruana es que “no había espacio físico para mencionar el Teatro Campesino ni para poner la imagen de Zavala Cataño en la pared”, algo que a más de uno no lo convencería.

Si aquella institución no tiene la mínima intensión de rectificarse ante tal omisión y reconocer en el Teatro Campesino de Zavala Cataño su significativo aporte a la dramaturgia nacional, la historia del teatro nacional siempre se escribirá con páginas en blanco cuyos párrafos fueron omitidos por la censura.

Hasta el momento, muchos de nuestros reconocidos artistas - callan y se convierten en cómplices; no hay indicios de que el arte de las tablas esté al servicio del pueblo sino que, una vez más, sigue siendo un privilegio para una élite.