17 de enero de 2022

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CHACALÓN EN EL PUEBLO

Por: Alfredo Chávez Olivera.

6 de octubre de 2009

En la actualidad, las discrepancias y controversias sobre el origen de la cumbia peruana van tomando forma y consenso para su esclarecimiento y mejor comprensión sobre este ritmo de masas. Los estudiosos de este género coinciden en señalar que su probable origen se remonta a los años 60 del siglo XX. Fueron las bandas de músicos que interpretaban huaynos, entre ellos: “Los Demonios del Mantaro” y “Los Demonios de Corocochay”; quienes interpretaron el tema histórico, llamado la “Chichera”, fusión de cumbia colombiana con el huayno andino y matizado timoratamente con el mambo caribeño, fueron la esencia de su aporte musical.

Por consiguiente, es incuestionable declararlo como la madre de todas las variantes de la cumbia peruana (cumbia costeña, cumbia norteña, cumbia sureña, cumbia amazónica, tecno cumbia. chicha, otros). Fuente inagotable de inspiración enraizado en el alma de miles de peruanos y diseminado en casi todos los países de Latinoamérica. En primer momento, rechazado, despreciado, marginado, satanizado y excluido por las “clases altas” de nuestra sociedad por su extracción popular y origen provinciano y; luego, más tarde convertido en ritmo de masas de trascendencia nacional.

Este novedoso ritmo, a fines de los años 60 sufre serias modificaciones en su estructura rítmica y sonora, y en su composición y esquema organizativo. Es decir, que ya no eran las bandas orquestadas de huayno los que interpretaban estos temas; sino, eran grupos de estilo rockero y nuevaolero los que se atrevieron a incursionar en este nuevo género musical. Es así, como la guitarra eléctrica se convirtió en motor que marcó el compás del floreciente ritmo. Versión musical que fascino principalmente a los jóvenes de sectores urbanos marginales de Lima y otras ciudades de nuestro País. Entre los máximos exponentes, se pueden nombrar, principalmente, a “Los Destellos” de Enrique Delgado Montes, a “Juaneco y su Combo”, a “Manzanita y su Conjunto”, a “Los Diablos Rojos” y a “Los Mirlos”, entre los más destacados.

Fue el ingenioso músico Enrique Delgado Montes, quién jugó un papel protagónico en la transformación de este nuevo genero tropical. Asimismo, se impuso con un sonido muy peculiar en la primera guitarra, con su creación e inspiración de cientos de composiciones muy bien interpretadas, con su inagotable producción y talento musical. A la par, incorporo otros ritmos, como, la cumbia colombiana, el rock, el huayno, el folklore, la guaracha, el vals, entre otros y posesiono este nuevo ritmo emergente en el mercado nacional. Por lo cuál, con justa razón, él le llamó a este nuevo fenómeno: “Cumbia peruana”. Y así, tomar distancia con otros músicos de su época que venían generando otras variantes de este mismo género tropical suburbano, específicamente de corte más andino, llamado más tarde, despectivamente “Chicha”.

La “Chicha” como nueva variante de la cumbia peruana, tuvo sus propios Interpretes y músicos; quienes en un nuevo escenario llamados pueblos jóvenes y/o zonas urbano marginales, antiguamente, llamados barriadas se asentaron y forjaron. En estos cinturones de la miseria por los años 74 iniciaron su despegue y promoción, entre las más importantes agrupaciones nombraremos a los siguientes: “Grupo celeste”, “Grupo Guinda”, “Los Ecos”, “Los Ilusionistas”, entre otros. El primero, cuna musical de Lorenzo Palacios Quispe; quién más tarde, por los años 75 formara su propio grupo: “Chacalon y la Nueva Crema”.

Como no podría ser de otra manera, este fenómeno musical nace en nuestro país como expresión y producto del proceso migratorio y del desarrollo social suburbano, y se aúna al crecimiento explosivo de la ciudad de Lima. Estos nuevos espacios territoriales ocupados violentamente sirvieron como habitad para la sobrevivencia de miles de peruanos pobres principalmente de procedencia andina y fue cuna de implante de una rica y variada manifestación sociocultural.

Para tener una idea sobre este desplazamiento social cuasi forzado, solo basta revisar someramente algunos datos demográficos de la ciudad de Lima. En el año 1940 ya contaba con una población de 661,508 habitantes y en el año 1972 se multiplicó a 3’418,545 habitantes, con una tasa de crecimiento de 5.5 % anual. A consecuencia de este acelerado crecimiento ya se había creado en el año 1920 el distrito de La Victoria y en seguida en forma progresiva se inició la ocupación masiva del los cerros colindantes del ex fundo El Agustino; para más tarde por el año 60, crear otro distrito con ese mismo nombre. Es así como se fueron conformando, las primeras barriadas limeñas con una población constituida principalmente por migrantes y con grandes necesidades básicas de primer orden: agua y desagüe, luz eléctrica, servicios de salud, educación, entre otros.

Es como así, dentro de estas condiciones materiales de subsistencia, en esta incesante búsqueda de oportunidades para el empleo y el mejoramiento de su medio de vida. Los migrantes inician un proceso dinámico de interculturización para transformar su nuevo habitad y superar el hambre y la miseria. Frente a este violento desarraigo y éxodo de miles de personas, necesariamente, tuvieron que modificar sus sistemas y estilos de vida de corte campesino para dar paso a otro suburbano. Es en este incesante choque de contradicciones e intercambios culturales, es que se germina una nueva cultura de sobrevivencia, llamada suburbana.

En este submundo de exclusiones tan complicados y contradictorios, es ahí donde surge una variada mixtura de expresiones artísticas y culturales en su permanente búsqueda de identidad local. Diversidad cultural interactiva asociado a nuevos problemas sociales; Pero, que muy a pesar de estas contradicciones se vigorizó permanentemente por la solidaridad de su gente, por la fuerza espiritual pujante y progresista de sus pobladores. Condiciones subjetivas que sirvieron como instrumentos de transformación y cambio de estos espacios invadidos en prósperos y distritos emergentes, llamados en primer momento, despectivamente “conos”.

Dentro de esta realidad sociocultural nace la otra versión de la cumbia peruana, la “chicha”. Fenómeno que se origina como ritmo de masas excluidas y se enseñorea fusionando vivencias y sentimientos andinos con un sinfín de nuevas experiencias y emociones suburbanas. Esta nueva variante musical se convierte principalmente en refugio de soledades, sufrimientos, triunfos y victorias. En otros casos, en expresión melancólica de frustraciones colectivas y vidas marginales; manera muy peculiar de entender las cosas del “faite”, del “achorado” y del nuevo lumpen social. Así nace “Chacalon y la Nueva Crema” y se inmortaliza en los “cerros”. Porque es a él, a quién le toca encarnar el alma de los desposeídos y los marginados de la ciudad. Sus letras y canciones sintetizan las penas y sufrimientos de los excluidos; en fin, sus melodías se convierten en himnos de la miseria y la pobreza. Válvulas de escape de mil tormentos, entre sus principales temas, podemos citar: “Cruz Marcada” “Mi Dolor” “Soy Provinciano”, entre otros, todos encuadrados dentro de la misma temática social.

La vigencia del legendario “Papá Chacalón” fue sostenida en el tiempo por más de 20 años consecutivos. El modo de vida de los pobres de la ciudad y l@s jóvenes excluidos, fueron su fuente de inspiración. Sus penas y sufrimientos de hicieron canción en su voz. Voces de una Lima provinciana negada tantas veces y despreciado por las "clases altas" y los medios de comunicación social. Hoy tratan de darle el reconocimiento en el epitafio de su tumba, parodia comercial en este nuevo Perú emergente.

En el lado norte de la ciudad de Lima, paralelamente, en las pedregosas “pampas de Comas” se iba forjando un nuevo pueblo también por migrantes invasores venidos de diferentes regiones del Perú. Nace así, por los años 60 el populoso distrito de Comas. Y para no quedar exceptuado dentro de esta corriente de ocupación territorial, necesariamente, tenía que encuadrarse dentro de este proceso espontaneo de desarrollo social y ser parte de la cultura suburbana en crecimiento. Para más tarde, gracias al esfuerzo colectivo de su gente conjuntamente con Villa El Salvador convertirse en paradigmas de desarrollo social, de progreso y modernidad en la ciudad de Lima, muy a pesar de sus grandes problemas.

En el año 2000, el programa “Mi jato” aplicó una encuesta a 90 adolescentes y jóvenes integrantes de “pandillas”. Una de las preguntas, fue: ¿Quién es tu artista preferido en el género musical? De todas las respuestas múltiples, se pudo evidenciar que un 38.7 % consideró como artista favorito a “Chacalon”. Respuesta que nos pareció básico, porque estos jóvenes nunca vieron tocar a “Chacalon” en vida; pero lo más curioso, es que muchos de ellos se identificaban con su música, con sus letras, con sus canciones. Por lo cuál derivamos, que este personaje legendario a pesar de estar muerto, estaba vivo y presente en el corazón del pueblo y se fermentaba en el alma de las nuevas generaciones de excluidos de nuestra ciudad. Trasmisión cultural suburbana incólume en nuestro medio.

Después de 10 años de aplicado esa encuesta, volvimos a realizamos esta vez, un Focus group con 10 adolescentes (Setiembre 2009). El objetivo de esta sesión grupal fue revalidar la vigencia de la “Chicha” en los jóvenes de Comas. La pregunta fue la misma ¿Quién es tu artista preferido en el género musical? Y agregamos otra ¿Qué sientes al escuchar a este artista? 70 % nos respondió “Toño y su Grupo Centella”, el 50 % nos mencionó el reggaetón y el 20 prefirió al “Grupo 5 y otros”. El primero de ellos, es un cantante de “chicha” pero con marcada influencia “chacalonera”. Este artista viene afiebrando a miles de adolescentes y jóvenes, principalmente de sectores sumergidos en extrema pobreza y los más excluidos y marginados de Lima Norte. Hoy en día, no hay moto taxi, “combi” y rincones de los barrios que no escuchen la música de este artista de moda. Además, las agrupaciones de “pandillas” lo tienen como emblema musical y en sus aniversarios lo celebran conjuntamente con su grupo sonoro; y además, comparte sus canciones, melodías y sentimientos en el llano. Muchos de estos adolescentes en sus presentaciones, cantan, lloran, beben, se pelean, se cortan las venas y se agreden mutuamente para liberar sus supuestas tensiones, rivalidades y frustraciones colectivas.

Y en referencia a la segunda pregunta, nos respondieron manifestando: “Que con la música de Toño y Centella, sentimos que desfogamos muestras penas y sufrimientos, sus letras de sus canciones hablan del pueblo y nos hacen llorar” - ¡Nos llega al “bobo”¡ ¡Toño, es un cantante de la Con…Su Ma…¡ sentenciaron. Estas fueron sus principales respuestas.

Indudablemente, que toda este cúmulo de vivencias disipadas de los adolescentes y jóvenes van acompañados de licor y violencia. Entonces, nos preguntamos: ¿Estaremos frente a un nuevo fenómeno musical o a una simple caricatura de la vigencia chacalonera? Lo que si podemos apreciar, es que la “chicha” sigue enraizado y presente en las diferentes zonas de Lima y el Callao. Por ejemplo: En Lima Norte, “Toño y su grupo Centella” encarnan al faraón de la cumbia peruana; en Lima Oeste, “Los Amantes de la Cumbia” y “La Ley de la Cumbia” cumplen ese mismo papel; en Lima Sur, “Los Nenes de la Cumbia” perennizan ese ritmo musical; en la Carretera Central, “Sombra Azul” y “Pascualillo” trasmiten esos mismos sentimientos y; en el Callao, el “Grupo Mantaro” se esfuerza por posesionarse con este genero suburbano. En conclusión, son los nuevos chacalones en sus respectivas zonas; talvez, no con la misma contundencia y aceptación como “Papá Chacalón”, pero si, le inyectan su vigencia a esta variante de la cumbia peruana hasta que la historia los depare y los adolescentes y jóvenes excluidos se sigan identificando con este genero musical.

Blog: (LA CASA DE CHAVELITO)