20 de noviembre de 2017

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PROCESOS ELECTORALES EN MEDIO ORIENTE, BALANCE Y PERSPECTIVAS

Por: Anay Cano y Yulianela Pérez.

17 de diciembre de 2008

(CEAMO). Los gobiernos de Medio Oriente están asistiendo a un llamado general a cambiar sus históricos regímenes políticos, esquemas económicos y patrones ideológico-culturales como parte de la ofensiva política desplegada por las potencias occidentales hacia la región. El objetivo a largo plazo es volver “democráticas” a las sociedades orientales para ejercer una mayor influencia en un área estratégica desde el punto de vista de seguridad energética. Garantizar que los procesos electorales de estos países sean transparentes y democráticos es uno de los slogans anunciados.

En el siglo XX varias naciones de la región afrontaron momentos de cambio donde los procesos electorales fueron utilizados como mecanismos para legitimar los sistemas políticos que eran construidos. El sistema de República Islámica que fuera elegido en Irán tras la victoria de la revolución islámica de 1979 por un referéndum que acaparó los votos a favor del 98 % de los votantes (1), es un ejemplo de ello. Igualmente, los partidos y figuras que han resultado electos de algunos de estos sufragios han sido una respuesta de los votantes a la situación socioeconómica e incluso a la falta de representatividad de éstos en el sistema político regente. Hechos como el triunfo del Frente Islámico de Salvación (FIS) en Argelia en la década de los 90; de Ahmadineyad en Irán, en 2005 y del Islamic Resistance Movement (HAMAS) en Palestina, en 2006, evidencian este fenómeno. Los diferentes sistemas electorales árabes, persa e israelí han sido analizados desde una perspectiva eurocentrista por observadores internacionales que se concentran en el monitoreo de los comicios para la elección del poder ejecutivo, legislativo, judicial o de las administraciones locales. Pero ante la panorámica coyuntural en la que se encuentran los estados mediorientales y la presencia de actores e intereses exógenos se hace necesario analizar los procesos en curso interrelacionándolos con la situación regional e internacional.

Irán vive hoy un ciclo de gran actividad electoral: en el pasado mes de marzo se celebraron las octavas elecciones legislativas calificadas por los propios dirigentes iraníes como una validación del gobierno islámico y posible antesala de lo que ocurriría en las décimas elecciones presidenciales programadas para mayo de 2009. Pero en medio de esta coyuntura política, que ocupa un lugar destacado en la prensa, confluyen distintas problemáticas en los órdenes de la seguridad internacional y nacional. El gobierno iraní, creciente polo regional de poder económico y militar e importante mediador de los conflictos en el área, constituye una amenaza al hegemonismo de Washington en el Medio Oriente que, por diferentes mecanismos de presión, pretende el “cambio de régimen” en la nación persa. Hacia el plano interno varias causas han conllevado a la adopción por parte del ejecutivo de una serie de medidas con vistas a modificar aquellos aspectos que afecten el modelo socioeconómico del país.

Este escenario es el trasfondo de la campaña electoral para las figuras que opten por la candidatura presidencial en 2009. La reputación, el desempeño que cada uno de los futuros contrincantes haya tenido en otras funciones y el poder material de éstos pesará, sin dudas, en la elección final. La victoria de los conservadores en las legislativas, que reafirmó la administración de Ahmadineyad, su ejercicio durante el primer período presidencial y el apoyo que le brinda el Líder Supremo le otorgan gran ventaja sobre los posibles candidatos si participara en los comicios. Incluso, Mehdi Karrubi lo ha considerado como su “amigo-contrincante más serio” (2). Este último, respaldado por la coalición reformista y por el antiguo presidente Khatami, no cuenta con un currículum tan popular aunque sí con una larga trayectoria política como presidente del Majlis en dos ocasiones, fundador del partido Militant Clerics Society y secretario general del National Trust Party. Por su parte, Mohsen Rezai, actual secretario del Consejo de Discernimiento y antiguo comandante de los Guardianes de la Revolución Islámica (Pasdaranes), anunció que tenía un nuevo proyecto presidencial para lanzarse como candidato, aunque no descarta que el actual presidente pudiera ser reelegido si tuviera que enfrentarse a los mismos rivales que en 2005. (3)

A pesar de que existen otras figuras activas en la política iraní que han declarado sus posiciones respecto a la postulación, un listado final resulta aún difícil de anunciar. La cercanía al momento del sufragio y la aprobación del Consejo de Guardianes, ayudarían a vislumbrar mejor un candidato seguro. Queda claro que independientemente del presidente electo la proyección exterior iraní es prioritaria para el gobierno y, como tal, debe ser mantenida sin descuidar los asuntos domésticos. No menos interesante es el contexto iraquí con vistas a las elecciones provinciales. La indefinición de una fecha precisa y la aprobación de una ley electoral provincial que excluye a 4 de las 18 provincias iraquíes, evidencian las incongruencias del actual gobierno que debate con Estados Unidos los marcos de un acuerdo de seguridad. (4) Igualmente varias formaciones, partidos políticos, personalidades independientes y grupos que representan a todas las etnias y confesiones se están preparando para presentarse como candidatos, pero la amenaza de una revancha de la mayoría chiíta es un hecho y el riesgo al aumento de la violencia por la pérdida del poder de los jefes regionales persiste. Paralelamente en Egipto, el gobierno realizó elecciones locales en el mes de abril, después de haber sido aplazadas dos años debido al éxito sin precedente de la Hermandad Musulmana en el 2005. Este proceso tuvo lugar en un clima tenso por el deterioro hacia el interior de las condiciones socioeconómicas y el desempeño de una política exterior que persigue afianzar el histórico papel de mediador en los conflictos regionales, respaldado por la agenda política norteamericana que ubica a Egipto como segundo receptor de la ayuda económica de esta potencia.

Gran importancia se le atribuyen a estas elecciones que serían las primeras llevadas a cabo bajo los cambios constitucionales realizados en el 2007 y que preparan el campo político para los próximos comicios presidenciales en el 2011. Concretamente el artículo 76 establece que cualquier candidato independiente que quiera presentarse a las elecciones para la Presidencia de la República, además de tener el apoyo de 65 miembros de la Asamblea del Pueblo (Congreso de Diputados) y 25 del Consejo Consultivo (Majlis al-Shura), debe también lograr el apoyo de 140 miembros de los consejos locales de las gobernaciones (muhafaza), a condición de que sean de 14 gobernaciones distintas de las 28 totales. (5)

Los comicios electorales del 2005 fueron los primeros donde se presentaron múltiples candidatos para la presidencia y se caracterizaron por un alto nivel de ausentismo; pero a la vez mostraron un paso de avance si a oportunidad política nos referimos. Se permitió la incursión de diputados islamistas dando como resultado una conquista irrevocable de 88 escaños por parte de miembros de la Hermandad Musulmana, que sumados a los 316 que obtuvo el Nacional Democratic Party (NDP), solo dejaron 40 escaños a repartir entre los otros partidos. (6)

Los métodos utilizados por el gobierno para monitorear y realizar el último proceso en el 2008 se pusieron en duda por las fuerzas opositoras y por los observadores internacionales; desenlazándose un boicot en torno a estas elecciones. Otra dificultad en la escena política para los comicios fueron los niveles de ausentismo de la población egipcia; solo alrededor de 23 de los 80 millones de habitantes ejercieron su derecho al voto. (7) La causa pudiera estar en la no identificación del pueblo con el proceso electoral y por las necesidades agudizadas debido a la desfavorable situación socioeconómica actual. Si en el 2011 saliera elegido Gamal Mubarak, se rompería con la tradición de un líder militar en el poder. En cualquier caso, un Egipto que asuma un cambio a gran escala como resultado de elecciones podría generar consecuencias para todo el Medio Oriente. Muchos se preguntan que pasará con el país después de que Mubarak padre se retire de la escena política.

El escenario político de los países mediorientales pudiera recrudecerse por la injerencia de actores externos sobre los procesos electorales y las gestiones que realizan los gobiernos, el reto para éstos pudiera ser la necesidad de encontrar soluciones alternativas que garanticen un mayor respaldo nacional.

Referencias:

(1) “The Constitution of the Islamic Republic of Iran”. Tehran: Islamic Propagation Organization, 1980, p. 7.

(2) IRNA: “El reformista Karrubi presenta oficialmente su candidatura para las próximas elecciones a la presidencia de Irán”, 12-10-08, sitio web www.irna.ir.

(3) Iran News: “Rezai to Contest Ahmadinejad”, 04-10-08, sitio web irannewsdaily.com.

(4) AFP: “Iraq presidency okays provincial election law”, 04-10-08, sitio web www.afp.com.

(5) Calderón, C.: “Comicios municipales en Egipto. ¿Elecciones sin elección?”, 26-08-08, sitio web www.seminarioasiaafrica. blogspot.com.

(6) Gutiérrez de Terán, I. y J. Fuentelsaz: “El Egipto de Mubarak: esclerosis reformista y crisis económica”, Política Exterior, Vol 22, núm. 125, 09/10-08, pp. 143-153.

(7) Stacher, J.: “Egypt: The Anatomy of sucession”, Review of African Political Economy (ROAPE), No 116, 2008, pp 301-314.

Anay Cano y Yulianela Pérez son investigadoras del Centro de Estudios sobre África y el Medio Oriente de La Habana (Cuba).

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