17 de enero de 2022

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EL MUNDO EXISTE Y OJALÁ DURE

Opinión de Eduardo Pérsico.

31 de diciembre de 2007

El año 2007 cerró con algunos remezones económicos dentro de los Estados Unidos, que en principio cambiarían la imagen de un país referente decisivo del Poder durante todo el siglo veinte y que al finalizar la Segunda Guerra Mundial, en 1945, emergió con un prestigio inigualable a cualquier otra nación dentro el mundo contemporáneo. Con tal ascendiente institucional ante el mundo que ni recibiera críticas por soltar en el final de la contienda dos bombas atómicas, sobre un Japón ya derruído que rogaba rendirse. Digamos, un dato; luego y por décadas USA hizo valer su ascendencia sobre países y organizaciones internacionales, generando también hechos nada virtuosos que por disponer de gigantes aparatos fabricantes de opinión, acallaron o diluyeron durante generaciones, confundidas hoy mismo sobre cuál debería ser la línea ética o moral del país más poderoso del mundo. Y al margen de ciertas exhibiciones grotescas del actual gobierno y que sincera quienes son esencialmente, - cárcel de Guantánamo incluida- nada secundario ejercitó sobre la humanidad ese ‘pleno gobierno del dinero en la democracia del dólar’, y el manejo feroz de una oligarquía financiera mandante que obedecen militares, intelectuales y políticos de cualquier rango y pelaje. Por supuesto y pese a no existir datos fehacientes de esa realidad, el imaginario colectivo dentro de USA no duda y asume que el empresario mandante de una gran corporación; Ford, General Motors o la gran telefónica; es también dueño de presionar al gobierno para obtener ventajas o privilegios. Eso tal vez represente una suposición pública muy difícil de probar, suelen decir ellos mismos, porque esa certeza básicamente es inaccesible por la infinidad de intereses entrecruzados y los tiempos que dura cada corporación en la cima del Poder. Además se sabe que las transiciones de unos a otros en el uso de las influencias no son gratuitas, naturalmente, y por ello el traspaso de ‘manufactureros’ a ‘financieros’ guarda perfiles no muy visibles. Ahora eso sí, ningún norteamericano descree ni negaría; íntimamente todos la sospechan; las imposiciones que el Poder de verdad le impone al gobierno de los Estados Unidos, sea republicano, demócrata o negro confederado. Quizá de modo más evidente el capital productivo interactúa con el financiero en muchísimos órdenes, pero se ha evidenciado últimamente que pese a la incidencia que sobre toda la economía ha mantenido Wall Street, ese aliado no alcanzó para sanear las recientes pérdidas militares y políticas, y menos para reconvertir el desaguisado que por alentar una actividad económica ficticia, otorgaron créditos hipotecarios que resultaron impagables.

Naturalmente, el sentido del crédito está orientado a mantener la actividad, eso es de manual, pero en este caso se usaron para sostener ficticiamente los índices de la ocupación y el empleo dentro de los Estados Unidos. ‘Una maniobra delincuencial’, dirían si eso lo pergeñaran en América Latina; aunque pese a la mucha imaginación y temeridad de los expertos yanquis en alquimia numeraria, esta vez el voluntarismo mágico no alcanzó y ahora existen dos millones de hipotecas impagables vagando por el universo financiero que incluye a varios bancos internacionales de primera línea. Un fracaso que desvaloriza un poco más la creencia de lo infalible del sistema, que por otra parte se resintió todavía más ante la ‘bancarrota operativa’ que anunciara el presidente de Chrysler en USA, que es aquello de haber perdido la confianza de los proveedores y llega un pco antes de la ‘bancarrota judicial’. Y ese sinceramiento dentro del negocio manufacturero no ha de ser el último, y lo anunciaron como un efecto parecido a la demanda de fondos que llegarían a Estados Unidos desde Singapur para evitar la caída de Merrill Lynch, la gigantesca consultora internacional de negocios.

Estos desmanejos del sistema económico en los Estados Unidos no se darán con la rudeza que soportan los países pobres, pero por más que nunca haya malestares ni ‘piquetes’ entre la población norteamericana, les notifica a muchos analistas que el Poder debe tomar en serio los cambios que se originaron en el mundo durante el último medio siglo. Por ejemplo, digamos que el proyecto de la Doctrina de Seguridad Nacional que propusiera una idea del mundo subordinada a Europa Occidental, Estados Unidos y Japón, - de la que aún hablan gallardamente- no atenuó ni eliminó la creciente incidencia que el conjunto de países productores de petróleo imprimieron a las decisiones globales. Eso para el común norteamericano pareciera no haberse producido y sin embargo hoy, los grandes capitales financieros saben que los países pobres pero productores de las materias primas indispensables, paulatinamente irán imponiendo mejores condiciones a los países ricos. Resulta innegable que desde la crisis petrolera de 1973 se aceleró una mayor relación de fuerza entre pobres y ricos, y sumado a eso la expansión demográfica del Tercer Mundo, hoy suben a la escena nuevos factores que el anterior poder hegemónico, Estados Unidos, Europa Occidental y Japón, no puede metabolizar íntegramente a su favor. La invasión norteamericana y sus asociados a Irak, hoy es una afirmación del fracaso que el Poder por los setenta postergó, al menos en América Latina, con la implantación de sangrientos gobiernos militares que destruyeron toda iniciativa nacional superadora de la desigualdad y la pobreza. Una nueva instancia que apareciera por aquellos años, peligrosamente para el Poder, y que como esta asoma en estos años por Medio Oriente, Asia y Latinoamérica, donde los países ‘pobres’, - que cada tres segundos ven morirse a un pibe de hambre y atesoran casi toda la riqueza energética de sostener la forma de vida occidental- lo menos que nos debemos proponer es valorar nuestro subsuelo con mayor dignidad y firmeza. Que no significa liquidar de un disparo la fiesta del capitalismo procaz y prepotente, pero eso sí, hacer que a ellos el festejo les resulte más caro.

Eduardo Pérsico, narrador y ensayista, nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.