19 de septiembre de 2021

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¿LOS CHINOS VEN IGUAL ESTE FIN DE UNA HISTORIA?

Opinión de Eduardo Pérsico.

2 de septiembre de 2007

Sin adentrarse en cuanto acontece últimamente en el escenario de Irak, donde las tropas de Gran Bretaña se retiran con discreción cuando más crece la confusión de Estados Unidos en el área, - que no define irse, quedarse o veremos- esa invasión inexplicable exhibe otro brulote del Poder. Muy similar al difundido reinado hasta el fin de los tiempos de la economía liberal, el orden natural de los mercados, la globalización y su prometida consecuencia: la libertad política y económíca indiscutible y absoluta para todos los habitantes del planeta. Vamos capitalismo todavía. que no era poco aquello cuánto nos darían según sus mentores, esos felices ‘intelectuales’ del estilo que opinan en la CNN en español, que coparon hasta los más escondidos medios de comunicación del mundo para difundir esa imbecilidad. Una tarea prodigiosa donde actuaron no sólo confusos pensadores del Departamento de Estado norteamericano, tipo Francis Fukuyama y su conjunto, sino el gigantesco enjambre periodístico y fabricante de opinión, que dispuso en la operación el Poder en todo el mundo y en Argentina, por qué no aceptarlo, con personajes ausentados hace mucho de los almuerzos que solían frecuentar en televisión. Bueno, otra neta costumbre argentina…

Entonces, el futuro de la humanidad era ‘bastante lindo’, sin contradicciones en tanto desaparecían las Ideologías y discursos contra el liberalismo económico, la única manera de vivir que recitaron fervorosos los miles de opinadores del establishment, y que de puro temerarios, le faltaron el respeto a la razón al decir que la caída del Muro de Berlín en 1989 marcó entre otras ocurrentes maravillas, ‘el fin de la historia’. Algo fenomenal; y estos tipos parecían creer de verdad ese dislate como algo muy sencillo si al fin, los gigantescos intereses que financiaron esas teorías insostenibles no les permitieron discutir ni un párrafo de esa concepción contraria a la naturaleza humana. Sepamos, fue una tarea ejercida por medio de un aparato publicitario inigualable y alguna que otra incursión armada por Medio Oriente; para no dejar sin energía a Estados Unidos y Europa, ese fantasma; y así continuaron su negocio dos o tres décadas más. Pero claro, también los artificios económicos terminan y hoy, a principios de setiembre del año 2007, la realidad le advierte al sistema que sin posibilidad de quedarse gratis con todo el petróleo de Medio Oriente, - aspiración de los republicanos yankis al invadir Irak- y reventada la fantástica burbuja inmobiliaria dentro de USA, el verso neoliberal se desinfla como globo de carnaval. Y al menos por ahora, si los principales bancos centrales de los países capitalistas dejan de invertir dólares en los mercados bursátiles, la crisis de los ‘años treinta’ pasará a ser un incidente menor y olvidable.

Esos bancos centrales, en menos de un mes volcaron más de trescientos mil millones de dólares para evitar el reventón global, porque cuando el negocio de la construcción que mantuviera viva la economía norteamericana con ventas a largo plazo y bajísimos intereses, empezó a mostrar la crecida de hipotecas impagas, los bancos ya vendían malamente a los ‘fondos buitres’, que compran lo devaluado, esas tres millones de deudas incobrables. Y como también en economía la realidad es la única verdad, ‘la corrida’ entró a sacudir todos los mercados, incluidos los sudamericanos, un territorio donde al margen del desenlace que nadie vislumbra con una opinión categórica, ya empezamos a extrañar con cierta nostalgia tanguera, aquellos innombrables augures que llenaron páginas y horas de televisión burlándose de cuanto no fuera ‘viva el neoliberalismo aunque la humanidad perezca’. Porque entre algunas razones que harían a muchos de estos atorrantes pasibles de la justicia penal, añoramos a tantos ‘iluminados’ de aquel triunfalismo oscuro negando con una sonrisa, por ejemplo, que el gobierno republicano en USA podría ‘lograr’ un ochenta por ciento de opinión desfavorable a mediados del 2007. Así como desecharon antes las derrotas electorales que esta ‘ideología’ soportara en España, Gran Bretaña, Italia, Alemania y donde hubiera elecciones, certeras expresiones populares contra el pregonado fin del pensamiento crítico. Que no es poco; por ahí el final de la historia humana entró a quedarnos lejos y si además de Europa revisamos el vuelco de las tendencias populares en América Latina, - salvo como en la última elección en Buenos Aires, donde ganó el pasado- en todo nuestro mapa se imponen los opuestos a considerar al destino del hombre como algo ya preestablecido. El capitalismo neoliberal ya es mala palabra no sólo entre gente con gran información; hoy pocos discuten que esa experiencia no fuera otra absurda perversión impuesta a sangre y fuego por los perpetuos ganadores del sistema, y aunque esto recién comienza puede servir para informar que el planeta tiene varios participantes y no apenas los que imaginaron, - febrilmente y sin atender a Gardel cuando anuncia “y el mundo sigue andando- que el fin de la historia lo había dispuesto el neoliberalismo económico que solamente enriquecía a ellos y a unos cuantos más.

Volviendo a lo dicho, por estos días pareciera que el mismo Poder no pudiera atenuar ni explicar los gigantescos daños patrimoniales que se irán dando entre los deudores hipotecarios, una minucia, sino que las movilidades sociales y políticas no tendrán fin en tanto uno de los misterios de la especie sea la diversidad infinita; digamos, si un individuo nunca es rigurosamente igual a otro y así asegura el devenir perpetuo, lo mismo sucede con las comarcas. Cuando un grupo pretende una manera de comportamiento debe procurarse un conjunto de ideas comunes, y en cuanto usemos la palabra para comunicarnos, señores del Poder, eso se llama Ideología. Que es algo que subyace sin manifestarlo textualmente en las mejores familias, en cuanto bregar por algo común no es delito. No solamente en el Pentágono, ni siquiera entre quienes insisten en alienarse en los barrios cerrados; un ademán que exhiben quienes dicen despreciar las ideologías y al fin, asumen la intención común de los ganadores en preservarse de la contaminación del mundo real. Bueno, por supuesto, tan peligroso y lleno de pobres; pero eso no deja de ser una contradicción de los individualistas tan ajenos a las preocupaciones de la gente común. Pero un asunto que preferimos discutir en otro momento porque ahora los chinos, - que pueden vender novecientos mil millones de dólares en bonos norteamericanos- nos miran con atención.

(*). Eduardo Pérsico, narrador y ensayista, nació en Banfield y vive en Lanús, BuenosAires, Argentina.