17 de enero de 2022

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PRIMER ECUENTRO ENTRE GONZALO Y MONTESINOS

El video secreto.

22 de agosto de 2007

Después de la captura del Abimael Guzman, todos creíamos que el gobierno lo mantenía en el más absoluto aislamiento. Los que estábamos en el extranjero sosteníamos la campaña para “romper el aislamiento” de Guzmán, y estábamos seguros que ese “aislamiento” era la antesala a un seguro asesinato. Por eso decíamos “defender la vida del presidente Gonzalo”. Error, Gonzalo no estaba aislado ni el régimen de Fujimori lo quería asesinar. En realidad, como cuenta la revista Caretas (9 de mayo del 2002), que tuvo acceso a una filiación secreta, Guzmán inicio sus tratos amigables con Vladimiro Montesinos, apenas a tres semanas de su captura que como se conoce se realizo el 12 de septiembre de 1992). Dichas conversaciones secretas, que sirvieron para más adelante redactar las traidoras cartas de paz (octubre de 1993), hicieron confortable la vida de Gonzalo y llevaron a la derrota la lucha armada en Peru.

VIDEO SECRETO ABIMAEL SE RINDIO SONRIENDO (extracto).

Escribe PABLO O’BRIEN (Revista Caretas, octubre del 2002).

EL hasta ahora desconocido e insólito encuentro comenzó con cierta tensión:

Vladimiro Montesinos: Tome asiento.

Abimael Guzmán: Gracias.

VM: El señor y yo estamos aquí, pero antes de empezar esta conversación académica que vamos a tener varios días, queremos preguntarle cuáles son sus necesidades para que se sienta cómodo.

AG: Lo primero doctor es que me quite esto (se agarra el traje a rayas). ¡Qué sentido tiene! Esto es absolutamente ilegal. Usted lo sabe perfectamente. ¿En algo beneficia? Se quiere hacer irrisión, humillación. Si usted dice que viene a conversar, incluso académicamente, yo no veo que esto sea académico.

VM: Bueno, esto no tiene nada que ver con nosotros. Esas son decisiones de otro nivel. Nosotros sólo le estamos comunicando el propósito de nuestra visita.

AG: En ese caso, doctor, permítame disculparme.

Rafael Merino da su testimonio sobre el crucial acontecimiento. der.: Montesinos y Guzmán ríen amistosamente en su primer encuentro en la isla San Lorenzo.

VM: No se preocupe. Vamos a hacer llegar su pedido a las instancias superiores. Que no le quepa la menor duda. ¿Qué otras cosas quiere ventilar? ¿Quizá su medicina?

Este crucial encuentro quedó registrado en un vídeo al que CARETAS accedió en exclusiva esta semana.

La cinta revela que el primer encuentro entre ambos personajes se realizó a las tres semanas de que fuera capturado Guzmán el 12 de setiembre de 1992 y no, como se creía, un año después. Aunque no se ha determinado la fecha exacta de la reunión, fuentes consultadas aseguraron que se realizó a los pocos días de que Abimael fuera trasladado a la isla San Lorenzo a un lugar de reclusión transitorio, después de pasar 15 días en la Dircote.

Como otros tantos episodios de su vida de asesor presidencial, Montesinos grabó las sucesivas entrevistas que mantuvo con Abimael en audio y vídeo.

Al igual que el resto de vladivideos, esta filmación tiene una marca de fábrica amateur con audio defectuoso, desenfoques, etc., pero documenta un hecho desconocido.

Montesinos y sus acompañantes llegan al chalet-prisión de Abimael. FOEs entregan un traje a rayas a un prisionero.

UN PASEO EN BOTE

Los primeros minutos del vídeo se asemejan al de un paseo dominical. Parten del embarcadero de la Escuela Naval de la Punta. Montesinos es acompañado por Merino, el comandante EP de confianza Roberto Huamán Azcurra, Manuel Aivar Marca y de un suboficial apellidado Palomino, que fuera guardaespaldas y chofer.

Poco a poco se hace nítida la silueta de la isla y después una inscripción en el cerro: Estación Naval de San Lorenzo.

VISITA A LA ISLA

En la isla los espera un grupo de oficiales. El único reconocible es Américo Ibárcena, más adelante ascendido a comandante general de la Marina. Por esa época era el jefe de la Dirección de Inteligencia Naval (DIN).

La cámara es portada por Manuel Túllume -el suboficial que acompañó a Vladimiro en su viaje a Panamá y fugó con él en el yate `Karisma’ en noviembre del 2000 hacia las Galápagos.

El grupo se detiene frente a un pequeño pabellón en el que se ha improvisado una rudimentaria cárcel. Hay tres calabozos.

Frente a la celda A14, dos FOEs (Fuerzas de Operaciones Especiales de la Marina) introducen por una rendija de la puerta un traje a rayas.

Después se ve a Montesinos frente a un hombre vestido con ese uniforme. Es el camarada `Zósimo’, el enlace que permitió dar con la casa y academia de baile de Maritza Garrido Lecca, donde se escondía Guzmán -apodado entonces `Cachetón’ por la Policía.

En su breve conversación con `Zósimo’, Montesinos le pregunta desde cuándo milita en Sendero. `Zósimo’ niega una participación directa, Montesinos con sorna comenta: "No tiene ninguna. Es ajeno a todo. Nada sabe". "Alguito", le responde el terrorista.

Abimael se resiste en un primer momento a salir de su cuarto. Luego acepta la invitación, pero sin dirigir mirada a los visitantes.

UNA PRISION CON VISTA AL MAR

La comitiva se detiene entonces frente a una cabaña rodeada de alambres de púas militares y por comandos encapuchados que la custodian. Es el lugar de reclusión transitorio de Guzmán. Parece relativamente placentero comparado con el calabozo que después tendría en la Base Naval del Callao.

Durante unos minutos Vladimiro y sus acompañantes se detienen en la entrada. Todos son cateados y dejan relojes, llaves, celulares.

Una vez adentro toman el control de la situación. Merino señala el lugar que debe ocupar Abimael.

La casa tiene una pequeña sala y un cuarto con un baño para el reo más peligroso del país. Aparte del mobiliario espartano se observa un refrigerador y como decoración una fotografía de Courret.

La sala ha sido transformada en un estudio de grabación, con cámaras y dos micros.

Se afirma que la cabaña estaba sembrada con otros micrófonos, para vigilar a los propios custodios y evitar filtraciones.

El único momento tenso de la conversación. Guzmán exige que se le quite el traje a rayas. "Se quiere hacer irrisión, humillación", protesta. der.: Las medidas de vigilancia son extremas. Todos los FOEs usan pasamontañas y se ubican dentro y fuera del chalet que funge de prisión.

LA CONVERSACION

La cámara realiza un paseo del escenario. A contra luz, se ve Guzmán vestido con un traje a rayas en el dormitorio contiguo. "Tiene unas visitas", le dice Ibárcena. Tras dudar, Abimael se acerca de mala gana y sin mirar a nadie se sienta donde le señala Montesinos.

Se produce el tenso diálogo que reproducimos líneas arriba, pero Guzmán rápidamente abandona su actitud confrontacional.

Montesinos sonriente se esfuerza en crear un clima de confianza. De abogado arequipeño a colega, y con deferencias mistianas. Trae a la memoria recuerdos de infancia y juventud en Mollendo y Arequipa, la Universidad de San Agustín. Ambos mencionan después a maestros prominentes como Rodríguez Rivas, Cornejo Chávez, Guardia Mayorga, Maceira y otros.

Para entrar en mayor confianza Montesinos saca una cajetilla de cigarrillos Marlboro (la marca preferida de Guzmán) y uno de los asistentes se lo enciende al apresado.

La primera pitada parece saberle a gloria.

El proceso para "ganárselo" está en marcha, pero la verdad es que Abimael facilita las cosas enormemente prestándose al juego. Vuelven sobre los recuerdos del líder senderista: sus viajes, especialmente los dos que realizó a la China en los ’60. Su visita a Albania y a la URSS por unas horas.

Luego hablan de su militancia partidaria.

Ese es una suerte de punto de quiebre. Merino encauza la conversación hacia el debate doctrinario.

"Una discusión teórica y alturada, en donde no tenemos por qué ponernos de acuerdo necesariamente", dice. Los adelantados del SIN buscan enterarse del estado del pensamiento del `presidente Gonzalo’ para encontrar un resquicio que permita quebrarlo ideológicamente y para que admita que su causa está perdida. Eso debe conducir a un acuerdo de paz.

La conversación busca crear un clima distendido en el que Abimael se sienta cómodo. Después se realizan las primeras escaramuzas del debate ideológico.Der.; Como buenos amigos se despiden los tres participantes del diálogo. "No se preocupe que vamos a venir casi todos los días. Así que no se va a aburrir usted", le dice Montesinos antes de un apretón de manos con Guzmán.

EL PLAN TORMENTA EN LOS ANDES

Montesinos hace ostensiblemente el papel del "policía bueno", amable, casi cómplice, y nunca contradice a Abimael. Al contrario, lo halaga constantemente y le promete todas las facilidades que estén a su alcance.

Merino, en cambio, es más seco y lo interroga ideológicamente. ¿Qué libros ha leído o quisiera leer? Por momentos parece poner en aprietos a Guzmán.

Antes de despedirse los dos inquisidores se vuelven a presentar como sus interlocutores intelectuales. Con ello elevan a Guzmán al grado de un académico. En ningún momento se lo trata como el líder de una banda terrorista, ni se le critican sus métodos sanguinarios. Después de prolongados intercambios sonrientes, se despiden con cordialidad y un apretón de manos.

Montesinos, a sugerencia aparentemente de Merino, le dice al líder senderista que la razón de su visita "es recoger su testimonio para registrar cabalmente la historia del Perú y para que la posteridad conozca lo que ocurrió realmente".

Abimael da señales de sentirse halagado. Al partir los visitantes le dejan los cigarros y le anuncian que van a volver casi todos los días.

Guzmán les agradece la deferencia. El temible líder y guía de Sendero es un tigre de papel.

Guzmán ha estado en riguroso aislamiento. Durante algunos días nadie le ha hablado, salvo para darle órdenes e indicaciones. Lector empedernido, no ha tenido frente a sus ojos una sola letra a lo largo de semanas. Y de eso se ha quejado, "Se me ha tenido contándome los dedos". Ha pedido que le traigan libros, diarios y revistas. "Es inhumano tenerme así", protesta.

Ese primer encuentro con el `presidente Gonzalo’ resultó, pues, ser un paseo dominguero. El temible líder senderista que mantuvo en jaque al país durante doce años ya parecía dispuesto a arriar banderas a cambio de un trato mejorado y charlas prolongadas. Ahora se entiende por qué, tras recibir su compañera Elena Iparraguirre una torta de cumpleaños y una grabación de `My Way’ de Frank Sinatra -la insólita canción romántica de esta pareja de maoístas radicales y el himno que aún hoy cantan con el título de `A mi modo’ las senderistas en la cárcel- firmó el Acuerdo de Paz en octubre de 1993.