17 de enero de 2022

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MAL CUENTO UNIVERSAL: Y DURADERO

Cuento de Eduardo Pérsico (*).

28 de abril de 2007

Los tres mochileros que venían desde la montaña entraron al boliche y acomodaron sus bultos en el piso. El patrón los midió con un vistazo y repitió el ademán de repasar el mostrador con un trapo. La escasa luz del local entraba de afuera y las figuras se deformaban contra el espejo, en sombras tras una hilera de botellas.

- ¿Qué quieren?

- Tres sánguches y una cerveza.

- ¿Sánguches de qué?

- ¿Hay de salame y queso? – preguntó el más grueso mientras los otros dos, que por flacos parecían más altos, miraban el contorno sin detener la charla que traían con ellos. Los tres calzaban borceguíes de cuero, camperas desteñidas, y uno se refirió a una piedra que observaba con atención y volvió a guardar en su bolso.

El bolichero preparó los sánguches de fiambre sobre una tabla, molesto por la pinta de de esos tipos que aunque le sonreían, hablaban con palabras diferentes. No eran de confiar...

- Servidos, tres mixtos y una cerveza. Noventa. ¿Para dónde van?

- Hasta la ruta, a tomar el ómnibus - dijo el que pagaba con un acento que al bolichero le sonó ajeno.

Comieron con ganas, entre mordisco y trago no hablaron mucho y luego de reacomodar sus mochilas salieron saludando. El dueño les respondió y no se quedó tranquilo; él no era ningún estúpido y de estos barbudos alguien debía ocuparse, así que ni bien se fueron ni siquiera limpió el mostrador, trancó la puerta del almacén y se encaminó al destacamento.

- Es que si no hacemos nada se nos llenará el pueblo de terroristas – les contó a los de uniforme y ellos entendieron. Así que se apuraron para alcanzar a los tres antes de llegar a la ruta, y como ningún ‘defensor del orden’ conocía el código para identificar desconocidos, los hicieron caminar con las manos en la nuca entre los yuyos y los ametrallaron sin bajarse del auto.

(*). Eduardo Pérsico, narrador y cuentista, nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.