15 de agosto de 2020

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MONSANTO Y LA RELIGIÓN DEL SISTEMA

Por: Carlos del Frade.

17 de enero de 2013

El capitalismo es una religión de fanáticos que necesitan inmolar víctimas humanas en el altar del dios dinero.

Por eso detrás de todo gran negocio hay víctimas, muchas víctimas.

Pero como toda religión que se precie, el sistema promete un futuro mejor basado en la destrucción de la cápsula espacial llamada planeta Tierra aunque la disfrace con leyes y mandatarios nacionales y provinciales con discursos progresistas.

“Un informe de mayo de 2012 del Ministerio de Salud de la Nación dice que en las poblaciones expuestas a las fumigaciones con agroquímicos, ya sea aéreas o terrestres, hay un 30 por ciento más de casos de cáncer que en otras zonas no expuestas. Las malformaciones se cuadruplicaron en diez años”, dice un reciente informe periodístico.
Agrega la noticia que “después de Estados Unidos y Brasil, Argentina es la tercera productora mundial de soja. En la última cosecha se sembraron 19 millones de hectáreas y en cada una de ellas, como mínimo, se estima que se usaron diez litros de glifosato. Por lo tanto en un año se rociaron por lo menos 190 millones de litros del herbicida”, apunta la publicación.

Familias enteras están afectadas por el modelo sojero, una de las máscaras del modelo extractivo que hoy padece la Argentina, la otra es la megaminería a cielo abierto.

Pero ya hay decenas y decenas de publicidades que hablan de los efectos “inocuos” del glifosato y también del cianuro.

Mientras tanto, de forma silenciosa, decenas y decenas de pibas y pibes terminan enfermos, paralíticos o simplemente mueren por esta religión que inmola vidas en el altar obsceno del perverso dios dinero.

Esta realidad argentina es hija directa de decisiones políticas tomadas por presidentas, presidentes y gobernadores varios. Sacerdotizas y sacerdotes de la religión del capitalismo.

Y tiene ganadores, los que no se fijan en las inmolaciones sino en las ganancias que produce el llamado modelo.

“Monsanto ya tiene la planta más grande del mundo productora de semillas de maíz en la Argentina. Y ahora anunció la instalación de lo que será la segunda planta el orden mundial, que también estará en el país. Este anuncio marca un punto de inflexión en la presencia de la compañía en la Argentina, ya que, debido al litigio por el pago de patentes sobre la semilla de soja transgénica RR, Monsanto había cerrado su negocio de soja local e iniciado acciones legales contra importadores europeos de la soja argentina”, dice la revista especializada “Prensa Económica”.

- Fue un largo camino de conversaciones para construir una plataforma que beneficiara a todos. Y hoy estamos a las puertas de una solución…De 18 millones de hectáreas de superficie sembrada, tenemos acuerdos con productores que representan 12 millones de hectáreas – sostiene, en la misma nota, Pablo Vaquero, vicepresidente de Monsanto en el país.

Monsanto es consciente de que maneja a la gran mayoría de productores. De que sus productos son vitales para ellos.

Claro que tiene socios importantes.

Profetas elegidos por el voto popular: la multinacional ha logrado que durante el año 2012, en medio de la disputa entre la presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner y el gobernador de Córdoba, José Manuel De La Sota, ambos funcionarios avalaran las nuevas inversiones de la principal productora de agroquímicos.

Es que ambos mandatarios comulgan la misma religión del capitalismo.

Y esos apoyos no le vinieron mal a la empresa: su balance exhibió ventas por 4.114 millones de pesos, a razón de 11,42 millones diarios, 476.154 pesos por hora y 7.936 pesos cada sesenta segundos.

Cifras que, entre otras cosas, son el resultado de aquel estudio del Ministerio de Salud de la Nación que sostiene que hay un 30 por ciento más de cáncer y que se multiplicaron por cuatro en los últimos diez años en las zonas más afectadas por la siembra directa y la consiguiente fumigación.

En el altar del dios dinero no tienen importancia los sacrificios sino el dinero.

En ese mismo altar, por otro lado, también son sacrificadas las promesas de un futuro mejor aunque no haya cámaras que televisen en vivo y en directo el color rojo de sangre que contienen los billetes.

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