15 de noviembre de 2020

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AFGANISTÁN: MATANZA DE CIVILES A CUENTA DE LOS ESTADOS UNIDOS

Fiodor Lukiánov (RIA NOVOSTI)

22 de marzo de 2012

Las autoridades de Estados Unidos considerarán la reciente matanza de civiles por un militar estadounidense en la provincia afgana de Kandahar “como si [las víctimas] fueran sus propios ciudadanos o sus hijos", declaró el presidente estadounidense, Barack Obama.

Al mismo tiempo, Obama reiteró que pese al incidente Estados Unidos no piensa cambiar su estrategia con respecto a Afganistán y mantendrá el calendario de retirada.

Este proceso se inició a mediados del año pasado y debe finalizarse en 2014. Se prevé que para aquel momento, el Ejército y la policía afganos estén en condiciones de garantizar la estabilidad en la región.

Los últimos acontecimientos trágicos, que sucedieron después de que hace unas semanas los soldados estadounidenses quemaran ejemplares del Corán, originando otra oleada de protestas, amenazan con torpedear la estrategia aprobada.

Desde un principio, ya en la campaña presidencial, Obama hacía distinciones entre dos conflictos que heredó de la época George W. Bush. Obama se oponía a la guerra de Irak cuando todavía no era más que un legislador local, calificando este conflicto de inútil y de aventura de Bush.

En cambio, la guerra en Afganistán era indispensable, según el presidente de Estados Unidos. Se preveía tácitamente que la retirada de las tropas estadounidenses de Irak será uno de los logros conseguidos por Barack Obama durante su primer mandato presidencial. Mientras que el fin de la operación militar en Afganistán marcará su segundo mandato.

El primer objetivo fue conseguido a finales de 2011, cuando el contingente estadounidense abandonó Iraq. La realización del segundo objetivo está prevista para 2014 y es curioso que en Afganistán se haya aplicado la misma táctica que en Irak.

En 2009 Estados Unidos decidió aumentar su presencia militar en Afganistán en 30.000 soldados y desde 2011 va retirándose paulatinamente su contingente. Esta táctica, que empezó a realizarse en Irak en 2007 cuando George W. Bush ocupaba el sillón presidencial, tuvo éxito. Se logró frenar la violencia en el país e iniciar el desarrollo de un proceso político eficaz y la creación del ejército iraquí. Hacia 2010, cuando la mayor parte de las tropas abandonó Irak, la situación en el país ya era bastante estable.

En lo que se refiere a Afganistán, muchos expertos dudan que la táctica anunciada pueda ser eficaz en este país. Una de las causas consiste en que la sociedad iraquí siempre tenía una mejor estructura que Afganistán, pese a las contradicciones internas y el caos que reinaba en el país tras el colapso del régimen de Saddam Hussein.

La situación política y social en Afganistán se parece más a un pantano. Uno no siente el suelo bajo sus pies cuando hace un intento de encontrar apoyo. Se puede contar con lealtad temporal y cumplimiento de acuerdos en Irak, pero eso es imposible en Afganistán.

Según los informes de los militares, se registró un progreso en este país después de que Estados Unidos empezara a aumentar su presencia militar allí. La situación política es aún peor: las autoridades no se sienten legítimas ni son consideradas como tales por la sociedad.

Por otro lado, Afganistán carece de alianzas con las que Estados Unidos podría discutir la mejor estructura política en el país. Incluso los talibán no son una fuerza unida con la que se podría uno ponerse de acuerdo y estar seguro de que cumplirá sus compromisos.

Pero de hecho la situación en Irak es relativamente ambigua. Sigue siendo estable, pero la redistribución interna del poder a favor de los chiítas y un crecimiento correspondiente de la influencia iraní son evidentes. Además, Bagdad es practicamente una de las capitales de los países árabes que mantiene una posición reservada acerca del conflicto en Siria.

La propia estrategia afronta serios problemas, pero el mal llegó desde otra parte, como se era de esperar. El factor humano puede hacer fracasar la mejor estrategia, y parece que esto es lo que pasa en Afganistán.

La quema del Corán realizada en febrero pasado en una prisión estadounidense no fue un acto simbólico o de idolatría como el que se llevó a cabo en Florida por un pastor religioso. Ésta no tenía nada que ver con la religión, lo que evidencia que los estadounidenses no entienden las peculiaridades locales.

La matanza de estos civiles fue resultado de un ataque de nervios, cuya repetición es inevitable si Estados Unidos mantiene su presencia militar en el país.

Estados Unidos libró una guerra de carácter colonial muy lejos de sus fronteras, sin gozar del estatus de imperio. La permanencia de las tropas de Estados Unidos en Afganistán tiene poco sentido, porque la misión principal de esta guerra, aniquilar la estructura de la red terrorista Al Qaeda, ya se cumplió a finales de 2001.

Es difícil predecir si es posible construir allí un Estado-nación. Incluso siendo posible resulta que durante la mayor parte de la década pasada se hicieron numerosos intentos de conseguir este objetivo con medidas poco eficaces.

Hace mucho que se consideró de errónea la idea que nació a principios de este siglo sobre la capacidad de Estados Unidos de formar regímenes democráticos sostenibles en los países donde se necesita un control. Pero la administración estadounidense no sabe todavía cómo se puede superar la herencia de esta idea sin agravar la posición de Estados Unidos en la región de Oriente Próximo.