15 de agosto de 2020

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MARIO VARGAS LLOSA Y SU MISERABLE CALIDAD HUMANA

Por: Jaime Bergamin Leighton.

7 de julio de 2009

Porque cuando los grandes han ido haciendo mutis por el foro (el último, Benedetti y su huella indeleble en el colectivo latinoamericano), y los que quedan mantienen un decoroso retiro (el ruidoso Gabo gritando en voz baja), nuestro aznarizado Mario se prodiga en estruendosas apariciones donde la literatura queda mediatizada en aras de una misión encomendada que no se preocupa en ocultar.

Es notable como su calidad literaria ha ido decreciendo junto a su calidad humana. Fue niño, adolescente y, si atendemos a ese discurso, joven repleto de ideales (¿O no?). Desde esa Casa Verde que, no solo le hiciera ganar uno de los premios más prestigiosos de habla castellana, sino, junto a García Márquez, Bolaño y Poniatovska (por nombrar los más relevantes) han ayudado a enaltecerlo.

Si analizamos su obra, sin duda ésta ha ido decreciendo en calidad a medida que se españolizó para convertirse en "europeo" a las órdenes de editores peninsulares que llevan décadas tratando de ponerse a la altura (comercial), de sus pares gringos. Más aun, se agringó completamente volviéndose más papista que el papa en su obtusa adhesión sin restricciones a la tenebrosa Escuela de Chicago convirtiéndose, literariamente (y literalmente), en uno de sus principales secuaces. Nos preguntamos que, de haber resultado electo presidente del Perú cuando "el chino" le arrebatara el triunfo, si no estaría él en estos momentos sentado en al banquillo de los acusados y por razones similares. En todo caso Alan García entra en capilla a la espera de que la historia y la ley de los hombres, hagan justicia...

Quienes disfrutamos del impacto de una Ciudad y los Perros, Conversaciones en la Catedral y la Misma Casa Verde, austeras, envolviéndolo todo en esa atmósfera gris como el cielo de su Lima protagónica, para rematar en una frondosa y adictiva Guerra del fin del Mundo, comenzamos a sentir que afloraba un algo indefinible que lo hacía más "fácil de leer".

Esta "crónica" no pretende convertirse en un espacio de crítica literaria, sino en un intento de descifrar la moral de un hombre reflejada en sus libros. ¿La razón? La admiración generada por este escritor en quien escribe, lo llevó a recorrer toda su literatura accesible hasta ese momento, rematando en su célebre "La tía Julia y el escribidor" relato en el que entrega al escrutinio público el cortejo, noviazgo, matrimonio y separación de un novel escritor con Julia Urquidi (así, con nombre y apellido). Paralelo, ese personaje misterioso y entrañable de Pedro Camacho, el escribidor. Como dijo alguien, el gran mérito del autor fue dotar de diferentes voces narrativas (ágil y genial de "la tía" y el ampuloso, redicho y truculento del escribidor), a las dos tramas que se desarrollan paralelamente con él como nexo entre ambas.

El deslumbramiento duró hasta que descubriera que la tía Julia era, de verdad su tía Julia, boliviana y doce años mayor, que debió afrontar los prejuicios de familiares y conocidos y el abandono, tan irresponsable como su relación, del tan prisco ex-poso y escritor. La respuesta de la Tía Julia, "Lo que Varguitas no dijo", desnuda al hombre, desmitifica al coloso, humaniza al semidiós. Regina Irae, la autora de este artículo, redondea la imagen que iba apoderándose de la mente de quien escribe: Pero es una simple mujer, su tía Julia, su ex mujer (se casaron el 15 de julio de 1955 y se separaron en 1964) quien lo arranca de su Olimpo, le arranca rudamente su corona de aurífero laurel, le esputa en la cara y con una contundente bofetada, lo hace sangrar por la nariz, ergo, ya no es un Dios. Ecce Homo. Descubrimos a un ser humano lleno de indecisiones, de dudas, de culpas, de medias verdades, de bajezas, insoportablemente leve. Actuando como nunca lo hubiéramos siquiera imaginado, revolviéndose en el fango como el animal mamífero que es.

Como dato adicional agregamos que es imposible conseguir dicho escrito, recogido de todas las librerías, comprado al precio que fuera, garantizando, a la fuerza, el silencio de la tía Julia. Otro signo de su bellaquería.

¡Qué lejos de ese cronista deslumbrado relatando brillantemente lo que significó para él ver comer a Neruda!, de sus crónicas dominicales que te ofrecen la delicia de un castellano notable, llevadero e inteligente... o el prejuicio odioso sepultando la calidad literaria tras la crónica que pareciera escrita por encargo.

En estos días, las páginas sociales de los "grandes" periódicos de distribución nacional desplegaron, a página completa, la ilustre visita del no menos ilustre personaje de la literatura y la política (¿O es al revés?) internacionales, Mario Vargas Llosa (¡tan buenmozo él!), con quien deben haber pugnado por retratarse los y, sobre todo, las notables de la comarca. En lo que respecta al periódico El Nacional, ganó la casa y solo tuvo el privilegio de salir con él, en desanudada pose, su director, el hijo de papá, Bobolongo para quienes lo conocen desde niño. El titular en grandes letras: "Cálido Encuentro entre amigos". De corifeos, el burgomaestre Ledesma, el ex prófugo Enrique Mendoza, el futuro prófugo Alberto Federico Ravell y, arrinconado allá abajo, Álvaro Vargas Llosa quien, a pesar de los apellidos, no es su hermano sino su hijo.

De Vargas Llosa 2 debemos mencionar un libro que, a pesar de la avalancha publicitaria que acompañó su salida al mercado, ya nadie recuerda: "Manual del Perfecto Idiota Latinoamericano" en coautoría con el inefable Plinio Apuleyo Mendoza (nombre de emperador romano y aspecto de duende malévolo) y Carlos Alberto Montaner, adalid de la gusanera cubana. Tres genios para un panfleto...

Quizás alguien debiera abocarse a la tarea de convencerlos para escribir, a ocho manos, el entrelazarse de sus respectivas biografías. Así, el gran público de esta América que despierta, podrá solazarse con las pequeñas y grandes anécdotas, la historia contada a sus maneras, y las felonías cometidas, que estos dioses del olimpo, ahora escudados tras las ubicuas e "inocentes" ONGS que les abren el camino y dejan la trocha abierta para que sus patrones sigan intentando hacer de las suyas, estos dioses del camino, decía, coronen sus respectivas carreras individuales.

Por ahora les tenemos el título: "El manual del perfecto hijo de puta latinoamericano".

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