25 de enero de 2020

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LA PROPUESTA DE UN "ACUERDO DE PAZ"

Por: Eduardo Ibarra.

20 de abril de 2009

Inmediatamente después de recluirlo en la isla San Lorenzo, la camarilla Fujimori-Montesinos empezó a aplicar su plan de llevar a Gonzalo a aceptar negociaciones con vistas a un "acuerdo de paz". Afirmamos esto porque la realidad de las cosas -no reconocida por el seguidismo, desde luego- es que la propuesta de un tal acuerdo fue iniciativa de dicha camarilla y no del jefe senderista. En los años posteriores a 1992, varios personajes hicieron declaraciones que corroboran este hecho, y estas declaraciones no han podido ser desmentidas por nadie.

Lo que hizo Gonzalo fue, pues, subirse al carro del plan gubernamental y, así, empezar a actuar conforme a los planes de la reacción, que, como es evidente, buscaba dividir las filas senderistas y menguar la eficacia de su acción militar a un nivel manejable. Cosa que, como es de conocimiento general, logró ampliamente.

En tales circunstancias, unos militantes reconocieron que era el jefe senderista quien promovía en las filas partidarias "luchar por un acuerdo de paz" y, por tanto, se adhirieron a la mencionada lucha, aunque por mero seguidismo en la mayoría de los casos. En la entrevista publicada en el semanario Caretas el 10 de abril de 2003, Feliciano sostiene que "Montesinos engañó a Guzmán como a un bebé de pecho". Puede ser. Pero ocurre que Gonzalo tenía que saber que la derrota de su lucha armada hacía inviable cualquier "acuerdo de paz" con el Estado.

Otros militantes, en cambio, no reconocieron -por ceguera política en todos los casos- que era precisamente el jefe senderista quien encabezaba la tendencia negociadora y proclamaron continuar la lucha armada. De estos militantes puede decirse que se engañaron a sí mismos, por cuanto no tuvieron la capacidad de reconocer que era el propio Gonzalo la principal de "las cabezas negras de la Línea Oportunista de Derecha revisionista y capitulacionista que levanta un acuerdo de paz, que exigen a tambor batiente la amnistía y alistamiento" (¡Defender la vida de los presos políticos y prisioneros de guerra de la Base Naval de El Callao (sic) y Yanamayo!, en UMQG, año 2000, Nº26, p.71). Aunque parezca mentira, hasta hoy mismo estos militantes creen que lo que ocurre es que hay quienes "trafican con el prestigio y ascendencia reconocidos del Presidente Gonzalo..., imputándole que está pidiendo un acuerdo de paz" (ibidem. Elipsis nuestra). De este modo, se muestran ciegos ante los hechos que prueban de un modo incontestable precisamente todo lo contrario a su creencia.

Para terminar, hay que señalar que la verdad pura y simple es que la camarilla Fujimori-Montesinos nunca tuvo -como era lógico- ninguna intención de firmar ningún "acuerdo de paz", y que, ya en 1995 -y después de haber manipulado a su antojo a Gonzalo y a Miriam para alcanzar sus objetivos- cesaron todas las conversaciones. Por otro lado, hay que señalar asimismo que, al jugar a la lucha armada entre 1980 y 1992 y a la diplomacia entre 1992 y 1995, el jefe senderista contribuyó decisivamente a la escisión y a la debacle final de su partido.

Pero, desde luego, no hay que confundir la debilidad de algunos individuos con la omnipotencia del marxismo, y esto es algo que debe tener presente todo senderista con suficiente capacidad de renuncia y suficiente capacidad de potencia.