10 de noviembre de 2019

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LA VICTORIA DEL MERCADO Y EL QUIEBRE DEL CAPITALISMO

Por: Jorge Altamira.

13 de octubre de 2008

El ciento por ciento de los economistas vulgares se ha anotado en la lista de los que dicen que la crisis en curso es una prueba del fracaso del mercado. Se nota que no entendieron ni entenderán nada, porque ha ocurrido lo contrario: el mercado se ha impuesto en toda la línea.

En efecto, los precios inflados de los activos acumulados durante el proceso ascendente de la especulación no correspondían a los valores reales de los bienes que decían representar como un contravalor. Bastó que algún deudor hipotecario manifestara su incapacidad para pagar las cuentas onerosas que le habían impuesto, para que el precio de esas hipotecas y de los títulos que se emitieron en su nombre se fueran al piso. Había un enorme capital que era ficticio - que se había valorizado más allá del valor real que reclamaba representar. Cuando fue forzado a verificar su valor real en el mercado, ese capital descubrió que lo cotizaban a la tercera parte de lo que decían sus libros.

La victoria del mercado es tan aplastante que el Estado interviene para evitar que ese ajuste entre el capital ficticio y el capital real se haga efectivo. De este modo, sin embargo, bloquea la salida a la crisis, que depende de que los valores inscriptos se conviertan en valores reales. Esto ocurriría, por ejemplo, si se descontara el 70% de los valores comprometidos y las casas y sus hipotecas pasaran a valer 30 centavos de su valor unitario. Los deudores podrían pagar de este modo las deudas a costa, naturalmente, de una enorme pérdida de capital (ficticio) de los acreedores. Claro que esto provocaría un enorme reflujo de capital y una depresión de la economía. Para evitarlo, el Estado debería expropiar a los capitalistas (acreedores) y, concentrando los recursos de la economía, reiniciar un proceso económico sobre nuevas bases. Esa intervención estatal tendría un carácter revolucionario.

Pero si el mercado le ha recordado a las fuerzas productivas que se han desarrollado en forma capitalista, que han ido más allá de sus propios límites y que han generado un enorme capital ficticio, esto significa que la organización social que se regula por medio del mercado ha cumplido su tiempo útil y que es un freno para el desarrollo de las fuerzas productivas. El mercado capitalista, como forma histórica de organización social, demuestra que ha llegado a su límite en el momento en que, precisamente, se impone bajo la forma violenta del estallido económico.

El capital ha tratado, en toda su historia, de superar esas limitaciones del mercado. El intervencionismo estatal ha sido uno de sus instrumentos. Pero este intervencionismo estalló en las crisis de la década del ‘70 y dio pasó a otra clase de intervención estatal, que se puede resumir en la privatización en gran escala de todos los patrimonios públicos y de las formas no capitalistas de producción (por ejemplo, la conversión en asalariados de las profesiones liberales). La crisis actual es por lo tanto una crisis de escala superior, porque sintetiza y hace estallar las tentativas de salida precedentes: la del estatismo capitalista y la de la privatización capitalista.