10 de noviembre de 2019

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PERÚ. SOBRE LA REPRESIÓN ESTUDIANTIL EN SAN MARCOS

Por: Emil Beraún.

19 de mayo de 2008

(La Haine). Todo acto de protesta y reclamo es respuesta a una opresión primera, en donde el oprimido no da la otra mejilla, sino lucha por su reivindicación como sujeto histórico
Se ve por las pantallas de los televisores, se escucha por la radio, y a la mañana siguiente se lee en la mayoría de diarios; que cientos de alumnos de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, marcados por una tendencia violentista que al parecer se condiciona por manipulaciones de subversivos e inconformes sin causalidad alguna, se enfrentaron a la policia (8 de mayo), extrañamente a pocos días de que el país sea sede de la cumbre América Latina, el Caribe, y la Unión Europea (ALC-UE).

Los medios de comunicación masiva impulsan intencionalmente, respondiendo a su vez a los intereses que representan, un consenso por el cual los alumnos son presentados como delincuentes, terroristas, y simples entrampadores de la construcción de un moderno by-pass que agilizará el tránsito y modernizará la ciudad, y que si bien cercena en gran parte el recinto de estudios, esta modernización trasciende y justifica cualquier “invasión” al campus universitario.

Se hace alusión mediante los medios de comunicación, a las motivaciones reales del alumnado, las cuales reflejan una presencia aún latente de un terrorismo enmascarado bajo sombras estudiantiles, merecedoras de la más cruenta re-presión. Se presenta a los alumnos como des-preocupados por sus actividades académicas, queriendo “politizarlo” todo, y manifestando un tipo de “violencia criminal”, ya supuestamente desarraigada tiempo atrás, y que se vuelve a hacer presente; asustando a la población y re-confirmando lo que el estado mismo estipula y propugna: la vigencia y presencia firme del terrorismo, el cual se manifiesta en todo reclamo y toda protesta.

Los policías evitaron una marcha pacífica de los estudiantes hacia el congreso de la república, la cual tenía la finalidad de exigir la reformulación del proyecto del by-pass. (el reclamo también se efectuaba contra el alcalde de Lima, Luís Castañeda, el cual firmó junto al rector un acuerdo para dicha construcción, no teniendo la responsabilidad de medir el impacto social dentro del alumnado, el cual para variar casi nunca es tomado en cuenta)

La denominadas “fuerzas del orden” provocaron al alumnado, lo maltrataron, golpearon, y sin contentarse con ello y violando la autonomía universitaria, ingresaron a fuerza de bombas lacrimógenas, golpeando a quién veían, ingresando a las facultades, y arrestando a quién podían. El estado en la actualidad quiere engendrar miedo, afirmando que todo el que protesta, se manifiesta y lucha, es un terrorista evidente y descarado; ahora no sólo el pobre que protesta, el indígena que lucha por una mayor inclusión, el hombre de la amazonía que no quiere que privaticen la selva, el trabajador que busca mejores condiciones de vida, sino también el estudiante conciente de sus derechos y defensor de su recinto de estudios, es descalificado como un delincuente y violentista puro, bajo el slogan del resurgimiento del terror y el retorno a realidades pasadas.

El alumno, dicen los medios de comunicación, debe dedicarse a estudiar y no a tirar piedras, debe dedicarse a sus libros y no a enfrentarse con los policias, todo esto mientras la televisión, aquella caja boba que lamentablemente muestra imágenes que son consideradas más valiosas que mil palabras, siguen confirmando la directriz mediática, mostrando a los alumnos atacando a los policias “pobremente” armados con palos, escudos, y centenares de bombas lacrimógenas y viendo a dos policias contusos, mientras no hacen mención de los alumnos heridos de gravedad gracias a la represión criminal policial.

El viernes 09 de mayo, un día luego de los sucesos acontecidos en la universidad, el premier Jorge del Castillo, reinició la repetición del estribillo verborreico al calificar de delincuencial el comportamiento del alumnado, obviamente motivado por extremistas. Así, en declaraciones vertidas a los medios de prensa afirmó: “¿qué clase de estudiantes son éstos?, presuntamente progresistas, que defienden a los trabajadores, pero que a la primera ocasión le pegan a los obreros de la municipalidad”. (Diario EL Comercio)

Ese mismo día, algunos momentos después, el presidente del congreso Luís Gonzáles Posada afirmó que la imagen del país se ve dañada por un grupo de estudiantes: “No quiero pensar que éstos desórdenes y anunciados paros apunten a un complot contra el Perú... A mí sí me choca y me da pena enorme que este esfuerzo descomunal del país para sacar adelante estas cumbres, pretenda ser aplastado por gente que no tuvo firmeza para combatir, por ejemplo, a la dictadura”. (Opiniones expresadas en una entrevista radial en radio programas del Perú)

Es de llamar la atención como se presenta la siguiente fórmula: si protestas por algún motivo, eres un violentista (hacer violencia por el simple gusto de ocasionar daño), si eres violentista, atentas contra la democracia, ante lo cual ocasionas terror y mereces ser calificado como terrorista. (Obviamente la relación con los denominados grupos subversivos cae por su propio peso)

Por ende quién reclama tiene un trasfondo, sin otra motivación que perjudicar a la sociedad, siendo a la vez víctima de una manipulación. Nadie para el gobierno protesta porque en realidad es conciente de la realidad y sus contradicciones, protesta porque es violento, porque es malo, o porque simplemente quiere atentar contra la “democracia”.

Mientras reflexionaba sobre las presentes líneas, acaban de transmitir por la televisión cuatro comerciales dedicados a justificar la política de gobierno, la activa labor de la policia (a la cual el gobierno le ha dado la orden de actuar y no pensar cuando de reprimir se trate), y la elocuencia presidencial. Nótese la actitud de crear un pensamiento único frente a los acontecimientos, para ser explicados y entendidos según se repita con mayor frecuencia, siendo en éste preciso caso, el presentar al sanmarquino como un vil agresor y rebelde sin causa, impidiendo sin más ni más la construcción del by-pass, cuando en realidad lo que desea el alumnado es una reformulación que evite la pérdida de 28 mil metros cuadrados, provocando también una contaminación sonora, ocasionando inconvenientes en las cercanías a las aulas de estudio.

Un alumno desligado de su realidad y su entorno, es el ideal educativo actual de muchos gobiernos, donde se acate sin dudar las órdenes impuestas y la política vertical estatal; por eso, no es conveniente alumnos que critiquen, que cuestionen y mucho menos que luchen, por esto mismo dichas luchas estudiantiles son presentadas como alteraciones graves del “orden y bienestar”, y calificadas como perniciosas.

La universidad es una sociedad en pequeño, llena de contradicciones y problemas a ser resueltos, donde los futuros profesionales intenten mejorarla y cambiarla, mientras se enfrentan a la sociedad y propugnan también su cambio. Las luchas desvirtúan la educación se afirma a diestra y siniestra, mientras los estudiantes mediante sus manifestaciones y protestas muestran lo contrario, evidenciando que luchando también se está educando (y des-mediatizando la realidad); siendo está práctica una de las mejores enseñanzas, la cual incide en que no todo conocimiento estriba sólo en el aspecto teórico y académico.

Las lucha por el respeto al recinto estudiantil no es violentista de por sí, todo acto de protesta y reclamo es respuesta a una opresión primera, en donde el oprimido no da la otra mejilla, sino lucha por su reivindicación como sujeto histórico, así, la violencia como acto de razón que busque su recuperación protagónica es válida, frente a la que busque someterlo y minimizarlo.

Se manifiesta además como agente descalificador de la protesta estudiantil (como con el resto de manifestaciones a llevarse a cabo por éstos días) la coincidencia que tienen con las cumbres a llevarse a cabo en el país, sin otra finalidad que la de boicotear su imagen bien ganada en la actualidad. Esto resulta tan absurdo como si el hambre tuviese fechas o calendarios, como si la pobreza conociese de feriados o fines de semana largos, como si la protesta reconociera días útiles o feriados.

Más descarado y sinvergüenza es el gobierno, que quiere evitar que se manifieste la imagen tal cual del país, queriéndolo mostrar como si fuese un lugar de las mil maravillas, sin ningún problema y dificultad; faltando solamente que el presidente se vista como Alicia y reciba en cuclillas a las delegaciones europeas, mientras pone su cara de niño cojudo a la espera de una jugosa propina.

Es de llamar la atención también lo referido por Luís Gonzáles Posada, el cual al parecer se encontraba en “otro mundo” durante el gobierno de Fujimori, debido a que parece no estar enterado que fueron también las protestas estudiantiles las que reclamando contra el gobierno del dictador lo lograron empujar hacia el abismo de la justicia. Mucho se des-califica a los estudiantes, mucho se descalifica a las protestas, sin embargo; y como se ha hecho ya mención, la práctica manifestada mediante la lucha estudiantil, también educa, enseña y brinda un ejemplo, un ejemplo que va alumbrando y marcando un camino hacia una mejora.