24 de mayo de 2019

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LA BESTIA PERUANA ESTA EN CHILE (1).

29 de septiembre de 2006

Por Andrés Coello Cruz*

Era la noche del 5 de abril de 1992, cuando de repente los amplios portones del cuartel de la blindada General Hoyos Rubio en el distrito del Rímac abrió sus puertas para vomitar tanques de guerra que se apostaron en los puentes, en el Palacio de Gobierno, en el Palacio de Justicia, en el Congreso de la República y en toda barriada sospechosa de un posible levantamiento, camiones llenos de tropas se esparcieron por la ciudad y sobre todas las pantallas de televisión se reflejó el rostro de ALBERTO FUJIMORI FUJIMORI, que mediante discurso grabado ordenó “DISOLVER EL CONGRESO NACIONAL”.

Acusó de homosexuales al Cuerpo Diplomático, al Poder Judicial de corrupto, a la Fiscalía de la Nación de inepta, y prometió una guerra sin cuartel contra la subversión, algunos que ya teníamos experiencias en golpes de estado, nos pusimos a buen recaudo, sabíamos que esa noche iba ser la de los cuchillos largos, se apresó mucha a gente, otros fueron cayendo días después, al día siguiente expulsó a todos los miembros de la Corte Suprema, suspendió el despacho judicial por diez días, pasado dicho plazo reincorporó sólo a los jueces genuflexos, expulsó al Fiscal de la Nación Dr. PEDRO MÉNDEZ JURADO, a los Embajadores del Perú en diversas partes del mundo, todo ello bajo el respaldo de los sátrapas de siempre VLADIMIRO MONTESINOS TORRES, el general VÍCTOR MALCA VILLANUEVA, OSCAR DE LA PUENTE RAYGADA, CARLOS BOLOÑA BEHR, VÍCTOR JOY WAY, el general JUAN BRIONES DÁVILA y otra serie de elementos, la mayor parte de ellos purgando actualmente prisión por corrupción y que fueron vistos en la televisión de mundo llevándose por millones los dólares del Estado peruano y vendiendo al mejor postor las sentencias judiciales, citas de corrupción promovidas por grandes empresarios y banqueros peruanos y extranjeros, estos criminales ahora en prisión han confesado que su mayor anhelo es que su jefe venga a recrear sus momentos de tristeza, apostando sus millones que aún guardan en Gran Caimán, Suiza y otros paraísos de la corrupción que la enana mano de la justicia no puede llegar .

Más tarde se presentó en la OEA de la cual recibió su bendición como Gobierno de Emergencia y Reconstrucción Nacional anunciando que tiene como: “fin pacificar el país dentro de un marco jurídico que garantice la aplicación de sanciones drásticas a los terroristas”, para cumplir su plan macabro de llevar adelante un genocidio en las cárceles del Perú, para este fin al día siguiente del golpe declaró en reorganización el Instituto Penitenciario e hizo ingresar a la Policía Nacional a las instalaciones de los Penales y desplazó a los civiles encargados de la custodia interna, inmediatamente ordenó el traslado de la internas acusadas de subversión que se encontraban alojadas en el Pabellón 1-A del Penal Castro Castro y en el Pabellón 4-B se encontraban los prisioneros por subversión, anunciando a los medios de comunicación el Plan “mudanza 1” que tenía planeado ejecutar el Estado.

Alertada la Organización de los Estados Americanos por parte de los abogados defensores de los derechos humanos, del plan macabro de Alberto Fujimori, pues todo hacía prever que preparaba un genocidio idéntico al que llevó adelante Alan García Pérez en los penales del Frontón y Lurigancho el 18 y 19 de junio de 1986, y en el que masacró a la totalidad de la población acusada de subversión, ascendente a más de 250 personas, y cuya causa se procesa recién después de 19 años de ocurridos los hechos en el 1º Juzgado Supraprovincial Penal de Lima.

El día 23 de abril llegó una comisión de la OEA presidida por la Dra. Edith Marquez y actuando como secretario el Dr. Luis Jiménez, la misma que inmediatamente se constituyó al Penal de Canto Grande, también denominado Castro Castro y que comprobó in sito “la normal relación que existe entre la autoridades de la Policía Nacional y los internos caracterizada por el diálogo y el respeto mutuo. La misión fue informada también, tanto por las autoridades como por los internos de la inspección minuciosa realizada por la Policía Nacional en algunos pabellones, en especial, el 1-A y el 4-B el 14 de abril pasado”. Lo que evidencia que no hubo armas como después mentiría ante la opinión pública el genocida.

La bestia preparando su crimen “adecuó” el marco jurídico a su plan “Mudanza 1”, así el 06 de mayo de 1992 los usurpadores emiten el Decreto Ley 25475 denominado Ley antiterrorista que en su artículo 22º derogaba los artículos 319º al 324º del Código Penal que penalizaba la violación de los derechos fundamentales por parte del Estado, los mismos que son inderogables por provenir de pactos internacionales firmados por el Perú y por constituir el núcleo duro de tales derechos; así los criminales “derogaron” el artículo 319º que contemplaba las sanciones por genocidio, el artículo 320º sobre ejecución forzada, artículo 321 sobre tortura, artículo 322 sobre cooperación profesional para la tortura, el artículo 323 sobre discriminación y artículo 324 sobre terrorismo, este último lo reemplazan en los artículos anteriores del mencionado “decreto ley” por normas draconianas que al retorno de la democracia fue derogado por mandato del Tribunal Constitucional, así preparan su camino al crimen bajo el pretexto de trasladar a los presos a una cárcel de alta seguridad, cuando su real intención era asesinar a los internos presos por subversión en el penal Miguel Castro Castro.

El mismo día 06 de mayo puso en marcha a eso de las 4.00 a.m. su plan criminal, con 500 efectivos de la Policía y el ejército que se movilizaron por aire y tierra, rodearon el pabellón de mujeres 1-A y el 4-B de varones; todos iban pertrechados con fusiles automáticos, cohetes instalazza, granadas de guerra, cargas de dinamita, explosivos plásticos e inmediatamente realizaron su perverso ataque y sin previo aviso con la demolición de dicho pabellón, deslizándose por techos y boquetes abiertos por las explosiones.

Los policías disparaban ráfagas de metralletas, bombas lacrimógenas, vomitivas y paralizantes hacia el interior de los pabellones, las reclusas lograron escapar por los ductos de los desagües hacia el pabellón de hombres denominado 4-B, defendiéndose con ácido muriático y otros recursos caseros como bombas molotov preparadas con el Kerosene de la cocina; afuera del penal los abogados defensores de los derechos humanos, entre los que me encontraba pugnábamos junto con el Dr. Luis F. Jiménez, secretario de la Comisión de Derechos Humanos de la OEA por ingresar al penal a interceder para que se respete el derecho a la vida; antes Alberto Fujmori había rehusado tratar el tema en el Palacio de Pizarro para negociar una solución pacífica, no fuimos escuchados y se prosiguió con el ataque desalmado contra los prisioneros, quienes resistían pese a todo.

El jueves 7 de mayo de 1992, durante el segundo día del “Operativo Mudanza 1”, en el penal Castro Castro, Fujimori afinó los detalles de su llamada “estrategia integral”. Ese día, él mismo presidió una reunión en el Pentagonito, el Cuartel General del Ejército, con los mandos militares y policiales. Entre otros, ese día asistió el entonces ministro de Interior, Juan
Briones Dávila, y el Jefe del Estado Mayor del Ejército, Nicolás de Bari Hermoza y el asesor Vladimiro Montesinos. Según las investigaciones judiciales, ese día Fujimori tomó una decisión: “La Policía debía ingresar a cualquier costo social.” Los objetivos de la misión eran los mandos subversivos. En esa oportunidad, el entonces presidente Alberto Fujimori declaró a la prensa: “Estamos aplicando la estrategia integral contra el terrorismo. Ahora que ya no tenemos la oposición obstruccionista que bloqueaba la acción del gobierno, ahora vamos a aplicar esta estrategia en su integridad”.

Mientras que en las afueras del penal, familiares de internos vieron sacar del penal algunos cadáveres. También en los exteriores, miembros de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos intentaron ingresar por segundo día, pero éstos y los familiares fueron alejados por la policía al perímetro del penal. Aproximadamente, a las 9 y 30 de la mañana la policía advirtió a los internos que tenían una hora del plazo para que salgan “de cuatro en cuatro y con las manos en alto”. Sin embargo nadie obedeció al llamado. También se habría aprobado cortar la luz, agua y alimentos para los internos atrincherados, así como continuar con el hostigamiento permanente con granadas de sonido, disparos y altoparlantes, a fin de evitar que los senderistas descansen, así como minar determinados puntos de la estructura del penal para permitir el ingreso de la policía.

El día 08 de mayo de la situación fue sumamente incierta, pues la policía instaba a los reclusos a rendirse, pero no cesaba el fuego, salieron dos delegaciones de internos a negociar con las autoridades sin embargo, no se llegó a ningún acuerdo, pues los internos exigían la presencia de la Cruz Roja, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y representantes de los Abogados Democráticos y familiares de los presos. La policía sólo admitía la presencia del fiscal y el médico legista, demandando que todos los amotinados evacuaran el pabellón, dejando en el interior a los heridos y muertos.

El día 09 de mayo de 1992 entre las 4 y las 5 de la tarde, una explosión voló una de las paredes del primer piso del pabellón de los subversivos. La policía aguardó afuera y no ingresó. En las afueras del penal, la policía retiró a la prensa. Minutos después, al promediar las 6 de la tarde, por lo menos 10 testigos escucharon un grito: “¡Alto! ¡No disparen! ¡Vamos a salir!”. Era la voz de la subversiva Julia Marlene Olivares, quien anunció la rendición de todos los presos que la acompañaban. La policía ordenó que salieran del pabellón con las manos en alto. “Se respetará la integridad física de todos y cada uno de ustedes, tanto los hombres como las mujeres”, gritaron. Pero lo que sucedió después ha sido descrito por más de una decena de testigos. El primer grupo que salió del pabellón estuvo integrado por 3 Abogados acusados de subversión Yovanka Pardavé, Tito Valle Travesaño, Elvia Sanabria, así también los acompañaban cinco prisioneros entre los que se encontraban Hugo Deodato Juárez Cruzatt y Osmán Morote Barrionuevo quienes salieron rendidos cantando La Internacional, no portaban armas, dieron unos pasos y llegaron hasta una zona conocida como el gallinero”, en ese momento, dos testigos escucharon a un guardia gritar: “¡Ahí está el canoso! ¡El canoso!”. Se referían a Hugo Juárez Cruzatt, todos fueron acribillados, falleciendo de inmediato excepto Osmán Morote que escapó de la muerte al no ser sus heridas de necesidad mortal.

En el siguiente grupo que egresó del pabellón 4-B, estaba la periodista directora de “El Diario” Janet Rita Talavera Sánchez, acompañada de otros reclusos, según uno de los heridos ubicados al pie de la rotonda los policías la reconocieron como “la negra” y le dispararon. Después de unos minutos, decenas de internos, salieron del pabellón 4-B a paso ligero. Al ver esa cantidad de personas, los agentes de la policía, apostados en los techos, se desconcertaron. Un testigo escuchó que dudaban y se recriminaban entre sí sobre si debían seguir disparando o no. Entre gritos, insultos y forcejeos la policía separó a hombres de mujeres y los obligaron a echarse boca abajo en la “tierra de nadie”. Los agentes alzaban las cabezas de los varones, tirándolos de los cabellos y castigándolos con látigos buscando mandos y delegados de Sendero Luminoso, localizadas sus víctimas eran separadas del grupo y llevadas a la enfermería y la cocina donde posteriormente se les ejecutó.

La bestia llega al Penal.- El día 10 de mayo de 1992 el genocida ALBERTO FUJIMORI llegó al penal Canto Grande durante esos cuatro días los prisioneros habían permanecido echados boca abajo sobre la tierra cubiertos con andrajos en “la tierra de nadie”, casi sin alimentos, vigilados por los fusiles portados por la Policía Nacional, el genocida allí hizo un balance oficial y declaró que había 359 rendidos varones y 92 mujeres, 20 heridos (11 hombres y 9 mujeres) todos internados en el Hospital de Policía; furioso se paseó entre los prisioneros rendidos ordenando castigarlos con gruesos látigos a aquellos que se atrevían a moverse o a intentar un grito, amenazando con los perros que con las justas eran sostenidos por los policías en la tierra de nadie, al día siguiente y después del balance “oficial” que en pizarra y que voz en cuello leyó la bestia, los muertos se elevaron a 42, todos aquellos que habían sido separados del grupo y llevados según Fujimori al Hospital de Policía fueron ejecutados, la bestia había cumplido su misión, al igual que Pinochet calculó que Chile sería el refugio perfecto para gozar de la impunidad, se equivocó, los peruanos esperamos seguros que el pueblo chileno sabrá expulsar al genocida y lo pondrá en la frontera con Tacna, para que sea debidamente procesado por este crimen, esterilización de miles de mujeres campesinas, latrocinios, masacres de comunidades y muchos otros que ejecutó acompañado con su entorno mafioso y goce muchos años de la prisión que mandó a construir en la Base Naval del Callao donde está su amigo Montesinos o en Challapalca a casi 5000 metros sobre el nivel del mar en la cima de Los Andes.

(1). Titulo original: “LA BESTIA LLEGÓ A SANTIAGO”.

*Presidente de la Asociación Americana de Juristas - Rama del Perú.