10 de noviembre de 2019

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PERU: LA SOCIEDAD IMPOSIBLE

Por:Herbert Mujica Rojas.

23 de septiembre de 2008

Para no pocos estudiosos la peruana es una sociedad que al carecer de horizonte nacional, argamasa doctrinaria o ideológica de cualquier tipo, vectores capaces de dinamizar un sentido común de trabajo o ambiciones de corto o largo plazo, deviene un conjunto imposible. Es una realidad física de 28 millones de habitantes pero hay el doble o triple de pareceres, todos distintos respecto de qué es el Perú. Es más, la ignorancia de qué es este país pareciera el catecismo más generalizado y convicto. ¿Pesimismo? ¿aflicción o derrotismo? ¿realidad incontrastable e imbatible? El dicho popular lo afirma en su expresión cotidiana: "esto no lo arregla nadie".

¿Ha escuchado usted la siguiente cantinela: "siento vergüenza de ser peruano"? Sin duda alguna que sí. No obstante del aparente sentido crítico del cuestionamiento arribaríamos a la sorpresa que el emisor no tiene idea de qué afirma más allá de una protesta puntual o episódica y por razones personales. No hay una actitud de principios o de pertenecer a un equipo humano con metas comunes, sensaciones al alimón o perspectivas irrecusables urgentes y como parte del deber cívico de todos los ciudadanos. El lampo protestante queda en aquello, en urticaria insuficiente, en arañazo fugaz.

Sostiene en brillante artículo, Principios que subyacen a la grandeza de las naciones, el embajador Félix C. Calderón, lo siguiente:

"La visión unitaria del conjunto supone la unidad en la diversidad y la primacía del interés común en relación con los intereses particulares. No implica el adocenamiento ni el verticalismo. Tampoco el sometimiento de un pueblo ni mucho menos la imposición de una minoría. Es el fruto que emerge de la convicción colectiva, aun cuando para arrancarlo pueda haber sido necesaria en un principio la violencia cruenta. Un ejemplo que viene a cuento en este sentido es la guerra de secesión en Estados Unidos. Cuando se comprobó que la conciliación de intereses no era posible y que los caminos que preconizaban las facciones conducían a la implosión del conjunto primordial, se tuvo que recurrir por única vez a la fuerza para imponer lo que en ese momento se consideró acertadamente como lo que era mejor para el conjunto. No fue una decisión fácil ni alocada ese recurso a la ultima ratio, ni estuvo exenta de secuelas. Sin embargo, hubo un momento en que se tuvo que cerrar la vía de las transacciones de corto plazo para abrir otra en que, lamentablemente, tenían que hablar las armas, a cambio de la estabilidad en la unidad."

Objetivo y puntual es señalar que en Perú hay una competencia de pandillas que se disputan las pitanzas que ofrece el Estado como el mejor campo de Agramante para hacer negociados inmorales y robos descarados. Son minorías y grupúsculos microscópicos que por diversos mecanismos se apoderan de las claves que permiten el enriquecimiento de los patrones que pagan el esfuerzo y las excusas ideológicas son sólo basura literaria que arropa a los hijos de Caco. El tema pasa, además, por apellidos recurrentes, personalidades que están en todos los cocteles, formadores de opinión que no tienen un sólo pensamiento propio, en suma, la adición de mercenarios que actúan como si fueran los comisarios de un ejército de ocupación. Premisas básicas son mantener la pobreza, la falta de información, el engaño colectivo, los mitos con que llegan las inversiones y la dación de esquemas jurídicos que consagren la expoliación, el saqueo y la impunidad de quienes son los ocasionales ministros, parlamentarios, burócratas, autoridades financieras, en buena cuenta, un menú que diseña una realidad perversa perpetrada por organizaciones de nuevos gángsteres de la sociedad o de los instrumentos transnacionales cuyos rostros cambian con cada alianza estratégica o rescate tras negocios sucios como acaba de ocurrir la semana pasada.

La sociedad imposible basa su afirmación en dos comportamientos masivos indispensables: en el silencio y en la falta de memoria. La mudez garantiza el acriticismo y la aceptación resignada de toda clase de abusos. Y la no recordación fleta que los rufianes vuelvan a gozar de las confianzas y estén donde no deben estar dando órdenes y consagrando edificios de corrupción que comprometen seriamente los fondos del pueblo.

¿Qué hacen los partidos, asociaciones, clubes y sistemas similares de agrupación societal? Nada o muy poco. Los líderes apenas si sobresalen del común y con pobreza cultural o de interpretación histórica muy ignorante del comportamiento histórico del cuerpo social del Perú a través de momentos estelares de su penoso avatar colectivo. Es decir muestran ineficiencia y falta de creación.

Entonces ¿cuánta verdad hay en lo consignado líneas antes? ¡Esto no lo arregla nadie!

¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!