10 de noviembre de 2019

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RUSIA Y LA INDEPENDENCIA DE ABJASIA Y OSETIA DEL SUR

Por: César Jerez.

27 de agosto de 2008

Agencia Prensa Rural

El 25 de Agosto la cámara alta del senado ruso votaba unánimemente una proposición para solicitar al presidente ruso reconocer la independencia de Osetia del sur y Abjasia. Tan solo un día después Medvedev reconocía la independencia de los dos territorios. Durante las deliberaciones, el líder abjasio, Serguei Bagapsh, advertía que ambas repúblicas rebeldes "jamás volverán a formar parte de un Estado único con Georgia". Apenas se supo del reconocimiento ruso los mismos países que promovieron la guerra en los Balcanes y la independencia de Kósovo condenaban la independencia de Osetia y Abjasia.

Mientras en Moscú se movía una ficha más para recuperar la influencia geopolítica en la conflictiva región del Cáucaso. Tbilisi declaraba ilegal el reconocimiento ruso y la OTAN concentraba cinco fragatas de guerra en el Mar Negro con banderas gringas, polacas, alemanas y españolas. Según la agencia RIA- Novosti, citando una fuente de la inteligencia militar rusa, "el destructor McFaul, de la Armada de EU, anclado en el puerto georgiano de Batumi, lleva unos 50 misiles de crucero Tomahawk con capacidad nuclear, destinados a destruir blancos terrestres". Al mismo tiempo tropas georgianas se concentraban en la frontera con Abjasia. Los generales rusos barajan la hipótesis de que Saakashvili intentará una nueva aventura bélica que polarice mucho más la situación buscando rápidas respuestas de los EU y la UE a través de la OTAN.

El ataque desproporcionado de Georgia, que contó con el respaldo del departamento de Estado de los EU, dejó más de dos mil víctimas civiles en Tsjinvali en tan solo 5 días. La reacción rusa rápidamente neutralizó la capacidad de ataque sobre territorio de Osetia y aseguró el control territorial más allá de las posiciones anteriores a la guerra. Incluido temporalmente el puerto georgiano de Poti y de manera definitiva el tunel de Rokski, de importancia estratégica, ubicado cerca de Tbilisi y que comunica a Rusia con Osetia.

Occidente trata de presionar a Rusia con la exigencia de cumplimiento del acuerdo Medvedev- Sarkozy, que tiene la particularidad de que puede interpretarse al libre albedrio por la partes, con su posible exclusión del G8, con la ruptura de la cooperación entre la OTAN y Rusia, con la congelación de la entrada de Rusia a la OMC y lo que es más grave, con la implementación acelerada del escudo antimisiles en Europa. La república Checa había aceptado la propuesta de EU de instalar un sistema de radares y Polonia acaba de aceptar la instalación de 10 misiles interceptores en su territorio.

Leer las hipotéticas respuestas bélicas al escudo antimisiles en boca de los asesores de temas militares en la prensa moscovita puede suscitar el sentirse ignorante en temas de guerra o un escalofrío propio de la guerra fría: "es difícil distinguir en vuelo un misil interceptor de uno balístico… una respuesta puede ser la instalación de ojivas hipersónicas maniobrables en los misiles rusos Topol-M. Además, sería importante incluir cuanto antes en el arsenal del Ejército ruso nuevos sistemas de misiles con cabezas de reentrada múltiple. También se podría reanudar el programa de producción de misiles globales, que en caso de peligro pudieran ser colocados en órbita y de allí atacar el territorio enemigo eludiendo las zonas de emplazamiento de su defensa antimisil".

Aparte de las respuestas militares, todo parece indicar que Moscú había diseñado, de tiempo atrás, un arma de política exterior que explica en gran parte las actuaciones de los EU, la UE y obviamente de Rusia en las fronteras de la antigua Unión Soviética: la dependencia energética de los potenciales agresores de Rusia.

La guerra del Cáucaso representó una nueva puja entre Rusia y los EU por definir los espacios de seguridad en Europa, Asia central y en la cuenca del Caspio, así como el control y el transporte de recursos estratégicos. La ruta del gas y del petróleo hacia occidente reedita de manera calcada la mítica ruta de la seda con sus beneficios y sus víctimas.

Mientras los EU construían escudos, guerras, nuevas colonias y promovían secesiones o integraciones territoriales allí donde les convenía con tal de reducir la influencia geopolítica de Moscú en Eurasia, y así controlar los importantes yacimientos de Asia central, la cuenca del caspio y oriente medio; los rusos se recuperaban de la debilidad económica, política y militar posterior a la caída de la URSS y diseñaban una enmarañada red de infraestructuras y tuberías de conducción de petróleo y gas. Rusia renacionalizaba los recursos estratégicos, se oxigenaba y renacía después del caos mafioso de los primeros años de la transición al capitalismo, de la mano de la necesidad energética de sus viejos enemigos de occidente. Cómo dicen por ahí, se sentaron a la mesa el hambre con las ganas de comer.

La punta de lanza que inició la dependencia energética europea es el oleoducto Druzhba (Amistad), construido en tiempos soviéticos para energizar al bloque socialista. Con sus 4.000 km es el más largo del mundo, va de Samara hasta Hungría y Alemania, bombea 1,4 millones de barriles de petróleo siberiano hacia Europa. Luego los rusos han diseñado y firmado acuerdos para el trazado de nuevos oleoductos y gasoductos hacia Europa, China y el Japón.

Entre Rusia y Osetia del Sur se construye actualmente el gasoducto Dzaurikau-Tsjinvali, que busca una salida al mar Negro, abastecer a Osetia del sur y paradójicamente profundizar la dependencia georgiana del gas ruso.

Se construye actualmente el gasoducto marítimo de Europa del norte o Nord Stream, que va por el Báltico hasta Alemania sin pasar por el territorio de otros países a un costo de 8.000 millones de euros. En 2015 este gasoducto proveerá el 25 % de las necesidades de gas en Europa. Este proyecto es gerenciado por un curioso fichaje de Putin, el ex - canciller alemán Gerhard Schröder, a quién parece que le va mejor como especulador de hidrocarburos que como primer ministro alemán.

Se encuentra en fase de diseño una variante similar a este proyecto, pero en el sur de Rusia, que se llama South Stream, que requiere estabilidad política y control militar en el Cáucaso y las cuencas de los mares Negro y Caspio. Allí es preciso solucionar los conflictos secesionistas que comienzan en Trasnistria, en la parte oriental de Moldavia, continúan en Abjasia y Osetia del sur hasta las montañas de Nagorno Karabaj en la frontera entre Armenia y Azerbaijan, donde ya hubo una guerra a comienzos de los 90. Así lo consideran también los EU y la UE.

Los que ganen en estas guerras se beneficiarán de otro proyecto de transporte de hidrocarburos. Rumanía, Serbia, Croacia e Italia han acordado la construcción del oleoducto Transeuropeo o PEOP (Pan-European Oil Pipeline) , que irá desde Constanza hasta Trieste, transportando petróleo del Cáucaso y los Urales a Europa central y occidental. Este oleoducto tendrá una longitud de 1.856 km, se unirá al sistema de petróleo TAL (Trans Alpine Line) y su capacidad de transporte será de entre 60 a 90 millones de toneladas de petróleo al año.

El Gobierno ruso aprobó en 2.004 la construcción de un oleoducto de cerca de 4.000 km de largo entre los yacimientos de petróleo de Siberia Central y el puerto de Najodka, en el Mar del Japón. El oleoducto bombeará 80 millones de toneladas anuales de petróleo con destino a los mercados de Japón, cofinanciador del proyecto, y a Corea del Sur. El proyecto incluirá un ramal hasta la ciudad de Daqing, en el cinturón industrial del nororiente de China, país con el que Rusia negocia la construcción de un oleoducto desde principios de los 90.

Además Rusia inició este año la construcción del oleoducto que saldrá desde el puerto búlgaro de Burgas, a orillas del Mar Negro, y se extenderá 280 km al occidente hasta Alexandroupolis, a la entrada del estrecho del Bósforo, en Grecia. Rusia controlará la construcción y administración del oleoducto. 35 millones de toneladas por año serán bombeadas de un mar a otro inicialmente hasta alcanzar la capacidad a 50 millones de toneladas, una tercera parte del petróleo transportado actualmente por barcos. El proyecto busca descongestionar parcialmente el saturado transporte de barcos cisterna por el estrecho y quitarle parte del mercado al oleoducto BTC.

Los EU habían financiado previamente la construcción del oleoducto azerbaijano-turco Baku- Tbilisi- Ceyhán o BTC de 1.768 km, el segundo más largo del mundo, que entró en funcionamiento en el 2005, trayendo crudo desde el Mar Caspio hasta el Mar Mediterráneo en Turquía. Este ducto evita pasar por Armenia, país cercano a Moscú, pero pasa muy cerca del polvorín que representa el irresuelto conflicto de la república secesionista de Nagorno- Karabaj, de población armenia. Los yacimientos azeríes se habían perdido para occidente con el triunfo de la revolución rusa y la llegada del ejército ruso a Bakú. La misma ciudad hacia donde se dirigía Hitler por petróleo cuando sufrió su primera derrota en Stalingrado durante la segunda guerra mundial. Ahora el régimen azerbaijano del clan Aliev reparte sus afectos y sus recursos entre Turquía y los EU.

Otros proyectos buscan reducir la dependencia energética de los rusos. Se firmó en 2007 el consorcio Sarmantia que proyecta un oleoducto que parte del Caspio, pasa por el mar Negro y llega hasta el mar Báltico pasando por Georgia, Ucrania, Polonia y Lituania, sin tocar territorio ruso.

El gasoducto Nabucco, con capacidad de hasta 31.000 millones de metros cúbicos anuales, deberá abastecer a Europa con gas de la región del mar Caspio y Asia Central, así como de Oriente Medio y Próximo, sin pasar por Rusia, sino atravesando Turquía, Bulgaria, Rumanía, Hungría y Austria.

El Gasoducto Transcaspio, impulsado por la UE y EU, deberá cruzar el Caspio eludiendo a Rusia y enlazar los yacimientos de gas centroasiáticos con Azerbaiján y con el conducto ya existente Bakú-Tiflis-Erzerum.

Este proyecto compite con el del Gasoducto del Caspio, acordado por Rusia, Kazajistán y Turkmenistán para llevar el gas de Asia Central a los mercados mundiales a través del territorio ruso, de 510 km de longitud, con una capacidad inicial de bombeo de 12.000 millones de metros cúbicos de gas, que aumentaría hasta los 30.000 millones para el 2017.

Del Transcaspio, a su vez, depende en gran medida la viabilidad del proyecto Nabucco (Turquía-Bulgaria-Rumanía-Hungría-Austria), de 3.300 km, con el que competirá Rusia con sus proyectos South Stream y Blue Stream, también a través del mar Negro con destino a Europa.

Como vemos los intereses geoestratégicos están definiendo la geopolítica de los EU, la UE y Rusia en Eurasia. Todo parece indicar el escalamiento de los conflictos regionales. La reedición de la guerra fría podría se una realidad cercana.

Las respuestas políticas y militares de Occidente dependerán sin duda de la situación energética mundial actual. Por lo cual es importante, para finalizar, retomar las siguientes consideraciones:

Las regiones y los pueblos del Cáucaso y Asia central gozaron durante 70 años de paz bajo la sombra la URSS y la política nacional formulada por Lenin (autonomía, desarrollo, lengua, cultura nacional).

Con la caída de la URSS los EU y la UE buscan minar la influencia rusa en la región mediante la promoción de conflictos y revoluciones rosadas que pretenden cambiar la configuración territorial, controlar los regímenes políticos, los recursos estratégicos y las rutas de transporte.

Rusia busca convertir sus potencialidades geoestratégicas en geopolíticas para recuperar su papel de potencia eurasiática, principalmente mediante la exportación de hidrocarburos a Occidente, el Japón y economías emergentes en Asia como China y la India.
La Unión Europea depende un 16% del petróleo y un 20% del gas de origen ruso. La estatal Gazprom produce anualmente 540.000 millones de metros cúbicos de gas, más que EE UU y casi el 20 % del total mundial. La multinacional rusa se ha convertido primera compañía mundial en capitalización de mercado (1 billón de dólares).

Alemania tiene un intercambio anual de 50.000 millones de euros con Rusia, y acuerdos mutuos para beneficiarse de la especulación energética en Europa.