10 de noviembre de 2019

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LA UNIVERSIDAD Y EL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL

La Situación de San Marcos Durante la Década de los Ochenta Y Noventa.

27 de mayo de 2008

Boletín del Taller de Investigaciones en Ciencias Sociales. San Marcos, Junio de 2006

El presente artículo tiene el objetivo de analizar el proceso del movimiento estudiantil peruano, con sus avances y retrocesos, el cual se encuentra íntimamente ligado al proceso de avances y retrocesos en las diversas formas de lucha (reivindicativas, políticas y revolucionarias) que adoptó y viene adoptando el movimiento popular, llegando a su punto más alto a inicios de los noventas en nuestro país; precisamente es en el marco de acontecimientos anteriores (la creciente protesta popular y su desarrollo en las décadas de los sesentas y setentas) y simultáneos a la guerra interna en el que tanto el movimiento estudiantil y el movimiento popular avanzan en conquistas, beneficios y libertades, así como se desencadenan una serie de contradicciones nuevas en el sentido que las bases económicas (estructura) en las que evoluciona el Estado y la Sociedad y su correlato en las instituciones, organizaciones políticas y cimientos ideológicos (superestructura), sufren modificaciones mas estas no son removidas; en este artículo no trataremos acerca de cuan profundo fueron los cambios sufridos en la base económica dentro del proceso de guerra interna, sino que centraremos en las formas de organización y lucha que adoptó el movimiento estudiantil ligándose siempre a las luchas del movimiento popular, y qué formas revistió esta ligazón en el caso particular de nuestra universidad..

Hablar del movimiento estudiantil es hablar de la organización de los estudiantes, de cómo se unen por objetivos comunes para resolver necesidades inmediatas, reivindicativas, todo esto con la perspectiva de cambiar la sociedad en la cual vivimos, lo cual se sintetiza en el derecho político de transformar la sociedad, derecho conquistado por las masas, principalmente proletarias, el cual es negado actualmente por la política represiva del Estado a través de leyes autoritativas y decretos legislativos. Entonces, para comprender mejor la situación actual (en la que somos partícipes y transformadores) es necesario conocer el proceso del movimiento para tener en cuenta las causas históricas de nuestro tiempo, y así poder transformarlo.

He ahí la necesidad de estudiar la historia del movimiento estudiantil, sacar lecciones de su proceso y proyectarnos al futuro.

El movimiento estudiantil en San Marcos[1], desenvuelto durante la década de los ochenta, ha sido una de las formas de organización más alta del movimiento popular en ese entonces, y hasta el día de hoy se le reconoce como la época de mayor movilización, organización y politización de las masas estudiantiles en la historia de nuestra universidad. Esta época se ha caracterizado por una fuerte protesta estudiantil por la Defensa de la Universidad y contra la Intervención Militar que quería realizar el Estado[2], con el fin de no solucionar los problemas de la institución universitaria, sino de acabar y destruir al movimiento estudiantil, y de esta manera desligarlo de la luchas populares. Esto es lo que no consideran en su evaluación intelectuales de la talla de Rodrigo Montoya cuando refiere que “la crisis que vivía San Marcos se debía a un control formal de la izquierda en la Universidad y a una Universidad que no era de izquierda por ninguna parte”. (Ver Desco / Revista Quehacer Nro. 154 / May – Jun. 2005), endilgándole a la izquierda sanmarquina la responsabilidad de la crisis universitaria, obviando que la universidad se sostiene sobre bases económicas, pero que sin embargo la relación que existe con la base económica no es mecánica sino dialéctica, esto costó mucho comprender en su momento a amplios sectores de nuestra universidad que se consideraban de izquierda. En medio de la agudización de la lucha de clases, lo cual repercutía en la recomposición de las fuerzas de izquierda en el cogobierno de la universidad, se llegó en un momento, año 1985, a elegir como vicerrector académico al maestro Alfredo Torero, perseguido por el estado y muerto en el exilio, quien plantearía una posición democrática en defensa de los estudiantes contra la represión del Estado y que reivindicaría a la universidad como centro de discusión ideológica y política (Ver Desco / Revista Quehacer Nro48). Cabe resaltar que en los ochenta las currículas aun presentaban los cursos de Materialismo dialéctico y Materialismo Histórico, el cual fue un logro del movimiento estudiantil de los setentas, cursos que posibilitaban analizar científicamente los procesos naturales y sociales.

En todo este proceso de avances y retrocesos, se debe tener en cuenta el papel cumplido por organizaciones estudiantiles con sus plataformas de lucha, como la Federación de Estudiantes del Perú y la Federación Universitaria de San Marcos, así como por las distintas agrupaciones políticas estudiantiles de izquierda las cuales en medio de contradicciones bregaban por darle una dirección política al movimiento estudiantil en medio de la agudización de la lucha de clases; cabe resaltar el importante papel que cumplió el movimiento clasista al interior del movimiento universitario.

Simultáneamente, dentro del movimiento estudiantil se desarrollaban nuevas formas de organización y de lucha (los Comités de Lucha). Por ello, debemos tomar en cuenta que el desenvolvimiento de la guerra interna en nuestro país hizo que las contradicciones se agudizaran, desencadenando así por parte del Estado peruano y sus fuerzas de seguridad una represión indiscriminada deteniendo, torturando, desapareciendo y asesinando a decenas de estudiantes[1] (tenemos diversos casos de asesinatos, desde casos individualizados hasta masacres de estudiantes como en San Gabriel el año 19915). Su política de terror durante esos años no pudo contener la gran oleada de protesta estudiantil y popular que estalló a finales de la década de los ochenta, haciendo que las posiciones democráticas se desarrollen hasta su más alto nivel.

Durante la década de los noventa la situación daría un revés. El gobierno autoritario de Fujimori y Montesinos interviene la universidad, con el fin supremo de acabar con la subversión y destruir al movimiento universitario, esto enmarcado dentro de la tres tareas que el estado llevó adelante: reimpulsar el capitalismo burocrático, reestructurar el estado y acabar con los alzados en armas. Los militares dentro de San Marcos realizan una serie de abusos como extorsiones, detenciones arbitrarias, golpizas, vejación a las muchachas universitarias y por último los asesinatos y desapariciones de los estudiantes. Ante esto el movimiento estudiantil reaccionó de manera contundente. Pero es a partir de 1993, cuando hay cambios drásticos en la política nacional, donde el movimiento estudiantil en San Marcos se empieza a fragmentar y el Estado logra imponer sus planes: el control de la universidad y la implementación de su política de privatización, restringiendo la educación a las clases populares; todo ello derivó de la carencia de una dirección política, abriéndose un periodo de oscurantismo dentro de la universidad y la sociedad. Se trata de formar ya no al estudiante ligado a su realidad, sino al “estudiante-empresario” individualista y escéptico, indiferente a la situación social del país. Pero los movimientos por mayor democracia en la universidad se desenvolverían durante los fines de los noventa; grandes movilizaciones logran retirar a los militares y a las autoridades interventoras en San Marcos, emprendiendo así una nueva lucha, la lucha por la democratización de la universidad y de recuperar los derechos justamente ganados antes de la intervención. La intervención concluye en el año 2000 con la caída del régimen autoritario de Fujimori y Montesinos[2], y la organización estudiantil a nivel nacional emprendería un nuevo proceso de reconstitución y de avances.

Ahora más que nunca la realidad nos demanda a actuar, y recoger lo que nos ha dejado el proceso vivido durante las décadas del ochenta y noventa. Ya que no podremos entender a nuestra universidad si no comprendemos mínimamente su proceso. Es más que una necesidad construir una universidad para nuestro pueblo y producir intelectuales al servicio de este.