18 de mayo de 2020

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EL “TERRORISMO” Y LAS GRIETAS DE LA DEMOCRACIA

Por: Alexandro Saco.

9 de mayo de 2008

Cada época construye sus leprosos, sus locos, sus perversos, sus desviados. Hoy lo que hemos construido son terroristas.

¿Qué es lo que se discute? La categorización del MRTA como terrorista. No. Lo que cada vez es más claro son los límites y grietas de lo que conocemos como democracia. El Estado y su democracia, asumen que poseen el uso legítimo de la violencia. Entonces, las demás violencias se convierten en ilegitimas por no ser reconocidas legalmente. Y volvemos al inicio, el reconocimiento plasmado en un documento o norma de una situación real o no. El MRTA como tal no existe. Por el contrario las violencias sí existen, sean legítimas o no, vistas desde diferentes perspectivas. APRODEH ha dicho lo que cabía.

Esas violencias son diversas. Una proviene del Estado y sobrepasa su atribución de control y seguridad. Otra, en muchos casos en la misma dirección que la anterior, proviene de un ejercicio de la información cómplice, y de un eco de medios incapaces de cuestionar la democracia. Pero la democracia necesita ser vista a través de sus quiebres, de sus sombras, de sus contradicciones. Si se afirma que ese es el sistema adecuado para convivir, lo menos que debemos hacer es analizar lo que produce. La democracia es responsable de las violencias que pretende negar.

Se supone que la de democracia es un sistema de ordenamiento de las relaciones. No es el estadio final de la evolución humana, si es que aceptamos que la civilización evoluciona. Y si fuera así, la democracia de hoy deberá quedar atrás para abrir el canal a algo mejor. Pero como la historia no es superación sino repetición, sacralizar un sistema en determinado tiempo es una contradicción. La discusión entonces no es por la lista de grupos terroristas de la UE, o por la certificación del grado de inversión. Esas aspiraciones de llevar todo al papel alimentan la precariedad. Ni la lista de la UE ni la del grado de inversión sirven para algo.

La democracia no puede controlar ni someter a las violencias; éstas están en todas partes de lo público y lo privado. La guerra que la democracia dice despreciar es ya parte de su desarrollo. Y la guerra tiene muchas formas. La democracia hoy en el Perú propicia la guerra que estamos atravesando. Una guerra que muestra con una luz potente que el camino elegido por los gobiernos es el que limita la democracia. No hay mejor manera de fortalecer las violencias no estatales que usando la violencia estatal; y más aun si, como siempre sucede, esa violencia se enmascara en sabe Dios qué nueva ocurrencia.

Si uno arroja luz sobre las sombras de la democracia, y su incapacidad para controlar las violencias o motivos para generarlas, será acusado de fachada de lo que fuere. Pero ese es un asunto baladí. Al contrario, mientras más temprano esas grietas sean expuestas más rápido será el paso a la siguiente etapa, mejor o peor, que le toque vivir al país o al mundo. Algunos dicen que las democracias no se hacen la guerra entre sí; qué necesidad tendrían de eso con decenas de países en llamas porque la democracia se debe irradiar.

Cada época construye sus leprosos, sus locos, sus perversos, sus desviados. Hoy lo que hemos construido son terroristas. Nuestra sombra los alumbra y nos esclarece. Pretendemos negarlos, encerrarlos, echarles la culpa de todo y arrastrar en eso a Melisa Patiño o a muchos sin nombre como los de Majaz. Los demócratas son los que asesinan una aspiración motivadora de vivir mejor; amparados o recurriendo a listas y reconocimientos en papeles que se los lleva el viento y en una legalidad para mucho intrascendente*, han dejado sin contenido lo que alguna vez fue auroral.

El soberano Rey fue despojado de su absoluto poder para entregárselo al Estado. Pero el Estado no pudo dejar de lado la soberanía que lo une al rey y justifica sus aberraciones en su poder soberano. Estado y democracia como justificación de superación no funcionan. Si hay cosas rescatables de la democracia estas serán salvadas luego de despojarla de su centro avasallante. La democracia capitalista por ningún lado es el fin de la historia. La guerra es continua y en ese marco el MRTA en la lista de la UE es nada.

*El afán de reconocimiento legal o formal no se limita al caso de las listas negras ni de los grados de inversión, sino que es ahí a donde se ha traslado la lucha. Todos quieren ser reconocidos legalmente. Creen que la legalidad fortalece, organiza, cambia realidades. Nuestro castillo de naipes legal nacional o global hace más difícil aminorar la intensidad de las violencias y de las guerras.