15 de agosto de 2020

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PLAN "ECONÓMICO" KIRCHNERISTA: INFLACIÓN, FLEXIBILIDAD Y PALOS

El blog de Convergencia Socialista.

18 de febrero de 2008

La inflación, entendida como explotación obrera a cuenta de futuras derrotas, es la herramienta que utiliza la burguesía para equilibrar la tasa de la ganancia, cuando no logra hacerlo a través del mecanismo más “tradicional”, o sea, incrementando la venta de las unidades de los distintos bienes producidos.

En la actual etapa ese equilibrio sólo puede lograrse a través de aumentos en la productividad del trabajo humano y esto se consigue por dos vías: o se aumenta la inversión tecnológica por unidad de empleo o se derrota políticamente a la clase obrera en sus luchas.

Kirchner y la burguesía “nacional”, totalmente subordinados a los dictados del imperialismo, por un lado, y a la burguesía brasilera, por el otro, no cuentan con ningún margen para realizar inversiones sustanciales en tecnología. Por eso optaron por la segunda alternativa, tal como lo están demostrando en Las Heras.

Sin embargo todavía está lejos de concretar ese objetivo. En primer lugar, porque el régimen aún no está lo suficientemente consolidado como para montar una ofensiva triunfante; y en segundo término, porque la clase obrera - aún sin dirección – resiste y está dando pelea por el salario y por sus conquistas.

Inflación y mentiras

Para confundir a los trabajadores y evitar que peleen por aumentos “exorbitantes”, las patronales utilizan el siguiente razonamiento: Como producto de un supuesto crecimiento en la economía habría aumentado el poder adquisitivo de los trabajadores. Este aumento, trasladado al consumo, estaría presionando sobre la oferta de bienes y servicios, obligando a los empresarios a producir más para poder satisfacer la demanda.

Debido a que el consumo estaría agotando el stock necesario para satisfacer la demanda, se necesitaría aumentar las utilidades producidas por la venta de los bienes existentes para poder “invertir” en la fabricación de los nuevos productos. Y así, mediante estos aumentos de precios se evitaría una crisis, equilibrando nuevamente la ley de la oferta y demanda.

¡De acuerdo a esta manera de razonar, los trabajadores no debemos pedir “más de lo posible”, ya que si así lo hiciéramos, estaríamos atentando contra la economía nacional!

Esto es una mentira: No es cierto que haya aumentado el consumo de bienes (estimado sobre la base de unidades de bienes y servicios vendidos) salvo excepciones puntuales, como la telefonía móvil cuyas razones son otras. Los economistas burgueses mienten, porque para calcular utilizan los montos en dinero vendidos, pero sin aclarar sobre cantidades absolutas de producto por unidad y especie.

También es falso que haya aumentado el poder de compra de los trabajadores ocupados. De los ocupados registrados - algo así como el 25% de la población económicamente activa, la gran mayoría ha perdido poder de compra de su salario.

Y esto sin tener en cuenta que aquellos pertenecientes a gremios con paritarias resueltas obtuvieron insignificantes cifras nominales de aumento, contra fuertes aumentos en la flexibilidad de las cláusulas aprobadas.

Esos acuerdos incluyen mayor productividad y condiciones laborales a la baja, por lo que económicamente las negociaciones favorecieron a la patronal, salvo algunas pocas excepciones. Cabe recordar que el costo laboral total promedio para las empresas en Argentina antes de la devaluación rondaba el 22 % del costo de producción hoy no llega al 13 %.

La inversión patronal más importante seguirá destinándose al aparato represivo, de manera de controlar eficazmente el aumento de la producitividad obrera…

El gobierno miente para justificar la inflación e impedir que luchemos por aumentos reales en los salarios y miente también cuando dice que se está “invirtiendo” en la producción. Las afirmaciones de los Kirchner diciendo que en aumentó la inversión genuina, no son ciertas.

Esta inversión, por ejemplo en 2005 alcanzó el 18% del PBI, de la que más del 14% del PBI se debe acreditar como compras y fusiones que no aportan un solo centavo de inversión real.

Desde diciembre del 2001 hasta ese años sólo (no cambió mucho la situación en 2008) se ha invertido en bienes físicos algo así como U$S 2700 millones en cuatro años, de los cuales todo ha sido realizado por escasas firmas transnacionales abocadas a la exportación.

Esto equivale al 0,5% del PBI. Si tenemos en cuenta que sólo para mantener la capacidad instalada, se necesitaría superar el 19% del PBI queda claro porqué el cuello de botella interno.

El estado nacional no ha invertido prácticamente nada en infraestructura de apoyo a la producción, como en instrucción laboral, investigación científica de base y aplicada, puertos, carreteras, ferrocarriles, disposición energética, almacenamiento granario, capacidad satelital, flota mercante, etc. El pago de los u$s 9.900 millones al FMI fue un nuevo condicionante, que le impedirá disponer de recursos para destinar a infraestructura.

En este cuadro de situación no debemos esperar del actual régimen más que mentiras, hambre y palos.

No hay ni existirán inversiones productivas. La poca que habrá será para aumentar la explotación de los trabajadores: ya sea para incrementar el control policial dentro de las fábricas, como para garantizar el aumento brutal de los ritmos de producción, impuesto mediante las cláusulas flexibilizadoras de los convenios.

Con este plan económico al servicio de los monopolios y con un Mercosur que beneficia centralmente a los burgueses brasileros, no habrá grandes inversiones capitalistas ni plata para los trabajadores y el pueblo, solo achique y más achique.

Los trabajadores no podemos esperar nada de los patrones y sus gobiernos. Tenemos que enfrentar sus mentiras peleando por aumento de salarios, contra la flexibilidad laboral y por trabajo genuino para todos, pero además por derrotar el Plan Económico, única manera de pensar en un Plan Alternativo al servicio de los de abajo.

Para garantizar una inversión genuina al servicio de todo el pueblo habrá que derrotar al gobierno y su Ajuste, imponiendo un Gobierno Obrero y Popular, que destine los enormes recursos que se llevan los monopolios a la puesta en marcha de un Plan de instalación de fábricas y de obras públicas, que sirva para dar trabajo a millones y garantizar un aumento sustancial del salario real.