20 de noviembre de 2017

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Asesinato de Benazir Bhutto

POLÍTICA DESPIADADA Y UN ESTADO EN DESINTEGRACIÓN

Por: Juan Francisco Coloane.

31 de diciembre de 2007

(Especial para ARGENPRESS.info). Frente al impacto del brutal asesinato y reiteradamente anunciado de la líder de la oposición Benazir Bhutto, el cruce de variables políticas -presente y pasado- aparece como redundante. Sin embargo, este no es un crimen político que incide sólo en el contexto pakistaní y en el tema de la futura elección presidencial anunciada para Enero próximo.

Al tener ella claro que tarde o temprano sufriría otro atentado, después de ocurrido el hecho surge una pregunta indispensable: ¿El objetivo del asesinato era ella en sí mismo, o este asesinato, era otro paso más de una estrategia mayor y más amplia de desintegrar el Estado de Pakistán?

En el ensamblado de cartas y negociaciones que Benazir Bhutto trabajó para relanzar su carrera política, una pieza clave falló.

Como en los otros atentados mayores después del 11 de septiembre de 2001 - porque este que toma la vida de la líder pakistaní es uno de ellos- se ha hecho un hábito recurrir al argumento de que los fundamentalistas islámicos - no necesariamente vinculados a Al Queda o los Talibanes- cometieron el crimen. La explicación mecánica oscurece los planos.

Se insiste también en que la publicitada occidentalización, modernidad y tendencia a la secularización en los asuntos de estado, le jugaron una mala pasada a Benazir Bhutto. Existe otra explicación más plausible quizás y es que a la larga, ese respaldo angloamericano que ella traía en su regreso a su país, habría sido determinante para alienarla del sector de la población que precisamente blande la espada antioccidental.

Después de haber sido dos veces Primera Ministro (1988 y 1993) y las dos veces removida por los otros poderes del estado acusada de corrupción y abuso de poder, su perfil se fue reconstruyendo con el sonsonete de modernidad y democracia. Estos rasgos del compacto publicitario se adecuaron a la necesidad de un país maniatado por una tradición autoritaria y lo que es peor, de carácter militar. En el presente enfrentando una situación de guerra que no está claramente definida, o no es comprendida por un vasto sector de la población: o es una guerra internacional contra el terrorismo, o se trata de una nueva oleada de expansión territorial de algunas potencias, occidentales en su mayor parte.

1978: El origen de la oscuridad

A medida de que la única posibilidad cierta respecto a su persona es su ausencia en el escenario político, sus rasgos tienden a aumentar o disminuir según sea el expediente y el sesgo del análisis. Con todo, la preocupación de Benazir Bhutto era mayor, y tenía que ver con la desintegración de su país, en medio de un panorama político profundamente influenciado por ser una nación ubicada en el epicentro de una constante y vieja disputa por la supremacía geopolítica.

Benazir Bhutto antes de morir, sospechaba de un sector de los militares enquistados de la época en que su padre, el Ex Primer Ministro Zulfikhar Al Bhuto, fue derribado del poder y posteriormente ejecutado en un juicio hasta hoy considerado arbitrario. El centro de esa sospecha es el general Moahammed Zia ul -Haq (y sus seguidores) que se declara presidente de Pakistán en medio de una ley marcial el 16 de septiembre de 1978.

Es cuando comienza el proceso de desestabilización del país, y a sembrarse la radicalización del islamismo en Pakistán y otros países. El fenómeno va a aparejado con la creciente influencia y expansión de la Ex URSS en la zona que desemboca en la invasión soviética en Afganistán en diciembre de 1979.

El año 1978 fue un año movido en la lucha por la supremacía entre la Ex URSS y la alianza transatlántica. El Shah de Irán comienza a desestabilizarse por marchas masivas de islámicos shitas fundamentalistas. En Afganistán, en abril, un golpe de fuerzas pro soviéticas acaba con el gobierno republicano de Mohammed Daud. Y, ocurre lo que es hasta hoy la gran espina clavada en el mundo islámico. La “invención” de Jimmy Carter y una política exterior demócrata en cuanto a consolidar el rol expansivo de Israel para propagar la democracia occidental: el acuerdo de Camp David del 17 de septiembre entre el presidente egipcio Sadat y el presidente israelí Begin.

El acuerdo le devuelve Sinaí a Egipto, y el “marco para la paz” que se acuerda finalmente termina beneficiando a Egipto e Israel y la posibilidad del Estado palestino, se estaciona en la incertidumbre que existe hasta ahora.

A partir de estos hechos, se conjuga el delirio anticomunista de la alianza transatlántica y el nacionalismo árabe, más el fundamentalismo islámico. Comienza la intensificación de la enseñanza del Corán y el resurgimiento de las escuelas religiosas en un paño de tierra que va desde el Sudán, los propios países africanos islámicos de la parte sub sahariana, hasta Malasia, Indonesia, Filipina e islas del Pacífico. Las raíces del fundamentalismo islámico de última generación, hay que encontrarlas en los escenarios políticos que se forman en una región que se extiende desde la península arábiga hasta las fronteras entre Pakistán e India. La incubación de una postura más militante y radical del islamismo es necesario explorarla en fenómenos políticos que se producen en naciones que terminan absorbiendo las tensiones de la guerra fría, haciéndolas propias.

Si se observa el mapa, la región desde Irak hasta la frontera indo-pakistaní atraviesa una de sus peores crisis de estabilidad. Son cuatro los estados que están en un proceso de desintegración que es adornado por el ejercicio de la diplomacia. Cuando se reúna el Consejo de Seguridad de la ONU, para discutir la estabilidad en Pakistán a raíz de este atentado que tomó la vida de Benazir Bhutto, poca duda cabrá que los problemas se sitúan en una órbita mayor.

Cuando se habla de Pakistán hay que relacionarlo con India, Afganistán, China, Irán, Rusia, Asia Central (ex URSS), más allá de las luchas de los Talibanes y el terrorismo de Al Queda. En todo ese vasto cuadro, ¿cuáles eran las cartas que ofrecía la asesinada líder del Partido Pakistaní del Pueblo?

Si el interés de las potencias fuera realmente la estabilidad de la zona, el trágico fallecimiento de una mujer política de un vigor y coraje tal vez sólo comparable con el de Indira Ghandi, es una oportunidad para plantear abiertamente el tema central: donde están los límites del expansionismo de las potencias mayores. Benazir Bhutto en este sentido fue al sacrificio. No es una cuestión de terroristas islámicos incómodos con su modernidad.

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