10 de noviembre de 2019

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BOLIVIA: EL ENGAÑO DEL PETROLEO

Por: Andrés Soliz Rada.

8 de octubre de 2007

Evo fue engañado cuando le dijeron que el gran logro de la nacionalización fue la suscripción de malos contratos y que las auditorias debían ser manejas de espaldas a la ciudadanía por un miope entorno palaciego.

Si un grupo de cirujanos realiza con éxito un transplante de corazón, el paciente no está aún fuera de peligro, ya que necesitará de rigurosos cuidados hasta su lograr su rehabilitación total. Con la nacionalización de los hidrocarburos del 1-V- 06, el país cambió su anquilosado corazón neoliberal y lo sustituyó por otro, lleno de renovada energía. Infelizmente, como en el ejemplo inicial, el tratamiento post operatorio fue deficiente. Después de la histórica medida, voceros del despojo nacional, entre ellos un ex presidente de la República y agentes de las petroleras, sostienen que el nuevo corazón es idéntico al anterior y que, por tanto, la nacionalización fue una farsa.

Lo que no se dice es que el Decreto del primero mayo puso los cimientos para que el país recupere la propiedad de los hidrocarburos, lo cual, como establece su artículo séptimo, debió concretarse, de manera inmediata, con el control accionario del 50 por ciento más uno de las empresas “capitalizadas” por Sánchez de Lozada (Chaco, Andina y Transredes), de las refinerías y de los depósitos de almacenamiento, enajenados por Hugo Bánzer y Jorge Quiroga. Año y medio después de la medida, YPFB no controla ninguna de las “capitalizadas”.

En cumplimiento del Decreto, la poderosa Petrobrás depositó en la cuenta de YPFB la participación adicional del 32 %, con lo cual los ingresos de Bolivia en los mega campos de gas ascendieron del 50 al 82 %. La consolidación de la misma dependía de auditorias a los campos, las que debieron ser la base para suscribir contratos de operación, que convertían a las transnacionales en prestadoras de servicios por el trabajo en pozos en producción, en tanto que los campos en exploración y en retención debían retornar a YPFB.

Infelizmente, sin esperar sus resultados se suscribieron contratos de producción compartida, no previstos en la legislación vigente, por los que se reconoció a las empresas derecho propietario sobre parte de la producción, no se las obligó a cumplir un programa de inversiones para exploración y desarrollo de campos, a fin de industrializar al país, abastecer el mercado interno en condiciones adecuadas y cumplir los compromisos de exportación a Brasil y Argentina.

¿Pero cómo la débil Bolivia podía imponer sus condiciones a Petrobrás? La respuesta reside en que Brasil no podía prescindir de nuestra materia prima. Y así como el caos mundial sería inevitable ante la súbita desaparición del petróleo, el monstruo industrial de San Pablo se desplomaría sin el gas boliviano que lo abastece en un 50 %. Esta situación está cambiando de manera acelerada. Brasilia ha adoptado medidas para ser autosuficiente también en gas, lo que conseguirá con el incremento de agro combustibles, explotaciones submarinas de petróleo y energía nuclear, ya que, como se sabe, no hay energía más cara que la que no se tiene.

Bolivia debió completar la nacionalización mediante la refundación de YPFB. Para ello, el gobierno pudo recurrir a los mejores técnicos que trabajaron en las auditorias, en lugar de descabezarlas. Estaba en condiciones de aceptar la inversión de 1.300 millones de dólares ofrecida por Argentina y dirigir las ofertas venezolanas a la explotación de los campos recuperados por YPFB en zonas tradicionales. Evo fue engañado cuando le dijeron que el gran logro de la nacionalización fue la suscripción de malos contratos y que las auditorias debían ser manejas de espaldas a la ciudadanía por un miope entorno palaciego. También se equivocó al impedir que las petroleras sean enjuiciadas por los graves delitos que cometieron.

El retroceso pretendió ser encubierto con actos de beneficencia y enarbolando la existencia de 36 naciones, con autodeterminación y territorios propios, con lo cual la histórica lucha del gobernante Movimiento al Socialismo (MAS) en favor de los excluidos ha caído en una espantosa confusión. Vuelve a equivocarse al aceptar la donación de ambulancias del reino de España, patrocinador de Repsol. El trueque de espejitos por oro, como en la colonia, es la antítesis del Decreto de nacionalización. Sin embargo, la nacionalización puede ser revitalizada con los acuerdos suscritos con Irán, siempre que no se reduzcan a meros anuncios como ha sucedido, hasta ahora, con los convenios entre YPFB y PDVSA.

La Haine