16 de marzo de 2018

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Chile: Informe de situación

UN PROBLEMA DE FONDO

Por: Paul Walder (Fecha publicación:24/1/2005)

27 de julio de 2005

De indigencia, pobreza en el mejor de los casos, son las pensiones que obtienen en estos momentos los jubilados que han cotizado bajo el sistema de AFP. Si observamos los resultados de los últimos meses, obtenemos una pensión promedio de 136 mil pesos, lo que es una renta levemente superior a un salario mínimo. Un ingreso de miseria que aumenta las huestes de pobres y contribuye, por cierto, a consolidar nuestra triste marca entre los diez países del mundo con peor distribución de la riqueza.

A diferencia de hace unos años, hoy el sistema previsional de capitalización individual no representa sólo un riesgo futuro, sino que es un accidente inminente y, en algunos casos, ya presente. La privatización de la previsión -combinada con la desprotección laboral- está conduciendo a los futuros jubilados y ancianos a la indigencia. Si consideramos que las expectativas de vida en Chile son las más altas de Latinoamérica y la existencia de una baja tasa de natalidad, tenemos una creciente y empobrecida futura población de la tercera edad, de la que el Estado tarde o temprano tendrá que hacerse cargo.

Las perspectivas futuras van de gris a oscuro y el gobierno ha tenido que anunciar una reforma previsional, la que estará focalizada en tres grandes aspectos: mejorar la competencia dentro del sistema de AFP, mejorar la cobertura y las densidades de cotización y, flexibilizar el régimen de inversión. Una serie de adecuaciones que, a criterio de expertos independientes, no apuntan necesariamente a una verdadera transformación del sistema. El problema no es tanto la competencia o la rentabilidad obtenida por los fondos, sino surge del actual modelo laboral. La escasa densidad de las cotizaciones -es decir, la frecuencia de las cotizaciones en el año- no se resolverá ni con cuentas voluntarias ni con otras modalidades de ahorro individual.

La Primera Encuesta de Protección Social, realizada por el Ministerio del Trabajo y publicada en julio pasado, confirmó lo que numerosos estudios independientes ya venían demostrando. Con este informe del gobierno el problema previsional no es sólo un debate, sino se trata de un hecho evidente. Así se puede ver, en directa relación con los escasos montos de las pensiones, que una alta proporción de jubilados sigue trabajando. Entre los pensionados del INP sólo un tercio continúa trabajando, en cambio entre los del sistema privado lo hacen la mitad, ’porque la pensión es muy baja’.

Problema de densidad

El principal problema tiene que ver con la frecuencia o la continuidad de las cotizaciones. Del total de la masa laboral, un 20 por ciento corresponde a independientes, que no están obligados a cotizar y, por lo general, no lo hacen con regularidad. Sin embargo, del 80 por ciento restante, que corresponde a trabajadores dependientes o asalariados, sólo un 83 por ciento tiene contrato de trabajo o una relación formal con su empleador, lo que deja a una buena proporción en una situación de irregularidad previsional. A estos factores hay que agregar otro: dos tercios de los asalariados se desempeñan en pequeñas y micro empresas, unidades productivas debilitadas que explican ’el comportamiento previsional de los individuos debido a que son relativamente sensibles al ciclo económico, lo que a su vez podría afectar de manera significativa la demanda por trabajo de estas firmas. Asimismo, debido a que las cotizaciones previsionales son pagadas por los empleadores, la sensibilidad de las micro y pequeñas empresas al ciclo económico afecta la capacidad de pago de los empleadores de las cotizaciones de seguridad social de los trabajadores, lo que podría redundar en lagunas en las historias previsionales’.

Podemos decir que aquí radica el problema de fondo, el que está directamente vinculado con un modelo económico que no favorece a las pequeñas y micro empresas y, por otra parte, permite que la gran empresa, a través de diversos mecanismos de flexibilidad laboral -como externalización y subcontratación- tampoco cumpla con sus obligaciones previsionales.

La medición oficial también entrega datos sobre las densidades, la que marca un promedio de 52,4 por ciento. No obstante, hay grandes diferencias entre los afiliados. Un 25 por ciento de los cotizantes presenta densidades de cotización de 23,6 por ciento o menos, y otro 25 por ciento exhibe densidades de 88,8 por ciento o más. Por tanto, señala el informe, ’se puede apreciar que estas cifras son significativamente inferiores a las densidades de 80 por ciento típicamente supuestas en las proyecciones de pensiones realizadas por distintos analistas’.

Accidente anunciado

Estudios de Cenda ya arrojaban cifras similares. Así tenemos que un 20,3 por ciento de los afiliados cotizan menos del diez por ciento de las veces, y sólo un 11,4 cotiza el cien por ciento de las veces. Los promedios de densidad son de 41,4 por ciento para los afiliados en general, lo que sube a 43,8 en el caso de los hombres y baja al 38,2 en el caso de las mujeres. Aplicados estos porcentajes sobre los doce meses del año, resulta que el promedio de los afiliados cotiza 4,96 meses por año, lo que sube a 5,25, en el caso de los hombres, y baja a 4,54 meses, en el caso de las mujeres.

Esta discontinua participación en las cotizaciones conduce a escuálidas cuentas individuales. La estadística de saldos en la cuenta de capitalización individual indica que el promedio, a diciembre 2002, era de 3.353.000 pesos para los afiliados en general, de 4.183.000 para los afiliados de sexo masculino y de 2.246.000 para las afiliadas de sexo femenino. Es más, existe un 2,43 por ciento de afiliados con saldo cero en su cuenta, lo que equivale a 163.013 personas, y en el otro extremo hay 279 afiliados que tienen un saldo superior a 100 millones de pesos y 1.207 afiliados en el tramo que sigue hacia abajo, que va de 80 a 100 millones de pesos.

Estudios de Cenda realizan proyecciones poco auspiciosas. ’Se puede estimar en forma sencilla que si la mitad de los afiliados cotiza hoy con una densidad de menos de 4,2 meses por año, entonces, y si se mantienen estas condiciones durante los 44 años de vida laboral, esa mitad de los afiliados va a lograr menos de 184 cotizaciones mensuales, muy por debajo del mínimo requerido para obtener pensión mínima’.

Se necesitaría -agrega el informe- cotizar con una densidad superior a 5,45 meses por año para lograr 240 cotizaciones en 44 años, pero actualmente más de un 60 por ciento de los afiliados se encuentra por debajo de dicha densidad. Puesto que es bastante obvio que esa masa de afiliados estará muy lejos de obtener una pensión mínima a partir de lo acumulado en su cuenta de capitalización, entonces se puede concluir que bajo las condiciones actuales de densidad, más de un 60 por ciento de los afiliados no va a lograr la garantía estatal y quedará por lo tanto muy por debajo de la pensión mínima.

El gobierno, que ha puesto el tema en la agenda pública este año, ha centralizado sus acciones -como hemos visto- en la competencia, en el régimen de inversión y en el aumento de las densidades. Ni la mayor competencia ni nuevas modalidades de inversión cambiarán la actual estructura de los fondos individuales. Tan sólo un aumento en la frecuencia de las cotizaciones podría -aun cuando para no pocos ya es tarde- alterar esta catástrofe anunciada. Sin embargo, no todo podría apoyarse en estímulos, como ha sido el ahorro voluntario. El problema apunta a la estructura del sistema laboral -que permite y fomenta la irregularidad previsional- y, por extensión, a la estructura y concepción del sistema de previsión privado.

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