10 de noviembre de 2017

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Uruguay: Desde la OEA sostuvo la dictadura mafiosa de Fujimori y Montesinos

GROS ESPIELL A PARÍS. UN NOMBRAMIENTO POCO DIPLOMÁTICO

Por: Guillermo Waksman.

27 de julio de 2005

La designación de Héctor Gros Espiell como embajador en Francia ha sido la resolución del gobierno electo que cayó peor en todo el mundo, casi literalmente hablando. No queda muy claro cuáles fueron los fundamentos que tuvo Tabaré Vázquez para nombrarlo.

Héctor Gros Espiell, de 78 años de edad, perteneció toda su vida al Partido Nacional (PN), cuya comisión de ética integra actualmente. En 1963 y 1964 había sido subsecretario de Relaciones Exteriores, y en 1990, durante el gobierno de Luis Alberto Lacalle, ocupó durante dos años y medio la titularidad de la cancillería, antes de ser designado por primera vez embajador en Francia, cargo que ejerció entre 1993 y 1997. Durante la dictadura estuvo fuera del país y fue funcionario internacional, desempeñándose, entre otros organismos, en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que funciona en el ámbito de la OEA. Gros es profesor de derecho constitucional en la Universidad de la República, la Católica y la de Montevideo. A partir de mediados de 2002 adquirió notoriedad también por haber sido uno de los principales damnificados del TCB, que lo despojó de lo que él mismo calificó los ahorros de toda su vida y que, según otros ahorristas, pueden estimarse en un millón de dólares.

La posición de Gros con respecto a las violaciones de los derechos humanos durante la dictadura uruguaya no ha sido la que siempre defendió la izquierda. A fines de 1991, cuando la CIDH solicitó al gobierno uruguayo que dejara sin efecto la ley de caducidad por violentar la Convención Interamericana de Derechos Humanos, Gros declaró que se trataba de una resolución absoluta y radicalmente equivocada, y ordenó a la delegación uruguaya ante la OEA trabajar para modificarla, lo que nunca se logró.

El prestigio de Gros por su actuación internacional se desmoronó a mediados de 2001, cuando trascendió que en 1999 había asesorado a Alberto Fujimori y a Vladimiro Montesinos, a propósito de la decisión de la dictadura peruana de desconocer la competencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. La participación de Gros en la delegación uruguaya que concurrió a la XXXI Asamblea General de la OEA, en Costa Rica, generó, por esos antecedentes, graves cuestionamientos de representantes de otros países y de varias organizaciones no gubernamentales. La pretensión de Perú de eludir la jurisdicción de la Corte de Derechos Humanos fue rechazada por ese órgano internacional y el futuro embajador del EP-FA sólo atinó a aclarar, cuando su conducta tomó estado público, que sólo había redactado un par de dictámenes jurídicos, que nunca había tratado personalmente con Montesinos y que había cobrado como honorarios unos 5 mil dólares.

Según la revista peruana Caretas, ya en 1992, cuando el régimen de Fujimori dejó a un lado la Constitución, Gros lo respaldó como presidente de una comisión de la OEA encargada de investigar el autogolpe, y tres años después asistió, como invitado especial, a la inauguración del segundo gobierno de Fujimori.

A menos que la señal haya sido muy mal entendida, el nombramiento del futuro embajador en Francia no fue un gesto de acercamiento al PN. Por el contrario, esta colectividad rechazó tanto la resolución del presidente electo como la aceptación de Gros. Ambos cuestionamientos se debieron a que no se recabó la opinión del PN, como debió hacerse según sus principales dirigentes, por más que se tratara de un ofrecimiento a título personal. El ex candidato a la vicepresidencia Sergio Abreu dijo que Gros se había "autoexcluido" del PN, el diputado electo Pablo Iturralde afirmó que los blancos interpretan que el ofrecimiento marca una distancia que el gobierno electo toma respecto del PN, y el propio presidente del Directorio, Jorge Larrañaga, sostuvo que probablemente los senadores de su sector no
acompañen la solicitud de venia para Gros.

La noticia tampoco cayó bien en la colonia uruguaya en París, sobre todo por los antecedentes de Gros en materia de derechos humanos, y se estaría manejando la posibilidad de declararlo persona no grata. Pero más allá de las objeciones de fondo, llamó la atención el
procedimiento. El lunes 17 la noticia de que había aceptado la propuesta de Vázquez la dio el propio Gros. En la mañana siguiente el futuro canciller Reinaldo Gargano negó, en declaraciones a la radio Concierto-Independencia, que hubiera alguien designado para ese cargo, mientras que el vicepresidente electo, Rodolfo Nin, también le habría dicho a Larrañaga que hasta ese momento no había nada decidido. Fue recién el miércoles 19 que Gargano confirmó que Gros ocuparía el cargo y sostuvo que los embajadores, que representan al gobierno, son nombrados directamente por el presidente electo. Este episodio, que se suma al de la controvertida broma al presidente Jorge Batlle para ocupar la embajada en Washington, parece confirmar que las designaciones en el servicio exterior no son materia de análisis previo ni de comunicación posterior con el futuro canciller.

(COMCOSUR AL DIA, Montevideo Uruguay, 22.01.05).

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