16 de marzo de 2018

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GUARACHA AL CORAZÓN

Por: Eduardo Pérsico (*).

17 de febrero de 2007

Esta noche en el Queens cantará Paquito, Rey de la Salsa, se entusiasma Juana y contonea frente al espejo sus rotundas tetas tucutum tum tum, mientras elige la breve ropa de trabajar en su apartamento diminuto pero en Nueva York, que era mucho. Y en su íntimo juego de aguardar a un amigo se calza con fruición sus medias negras, corpiño de sólo encaje tras su jubón de satén que sugiere, calentante, y tacones sin pulsera de quitarlos fácil y bailar descalza. En soledad se alista la Juana entrando en calor a puro tucutum tum tum, que bien lo hace.

Buen fin de semana se le ofrece; a punto de nevar está en Nueva York y a las cuatro de la tarde aún tiene tiempo de atender al buen viejo Robert, que no faltará si lo anunció tan caballeroso al mediodía y él, espectador dos veces por semana de su guaracha calentona, es de cumplir formal con la cita y con la paga por contemplarle el cuerpo esbelto y categórico; eso sí, se mira y no se toca. El buen Robert suele disfrutarle así su desnudez martes y viernes, cien dólares, si por más yanki ingenuo y frío como dicen que los yankis son, a él igual le cae estupendo el tucutum tum tum de la guarachera Juana; así que subirá los cuatro pisos, hombre maduro y exhausto de lengua afuera, a colgar su chaqueta en el asta de una silla y tirarse sobre la cama desabrochando camisa y bragueta en un ejercicio ejercitado y preciso, que aún le vale. Para simular luego mirar el techo que ya Juana principia su ritual de calentura, chico, dándose antes un enjuague rápido de axilas por si el cliente es quisquilloso de los olores, supo enseñarle su abuela la putanga. Y aunque el viejo Robert no actúa de manoseo, que esa precaución no falte en cualquier mexicana de sudor caliente.

Juana que se contonea, así chica, entornando los ojos que toda fantasía vale doble en esa ceremonia, mientras se acuerda que anoche se complació con las adulaciones recibidas en “El Patio”, donde en un rato nomás de nuevo actuará el Paquito y ella bien disfruta pasarla bien con la compatriotidad latina donde nadie duda que ‘la Juana es hembra modelo de la publicidad’, y que su inglés suena neoyorkino si veinte es ‘tuani’ y ciudad ella dice ‘cery’; qué joder. "El Patio” es buen sitio para ella, hembra afilada por hombres que a medianoche convierten cada trago en imperioso semen y pretenden montarse gratis a cualquier mujer, minuto a minuto más hermosa según cada trago de madrugada. Un lugar donde ya todos saben que ni intentar pasarse de manos con la Juana, que no soporta ni dormida las corajeadas latinas como la que intentó su compatriota el Ramiro, no hacía tanto tiempo.

- Hermana, si hoy no duermo contigo provocaré a cualquiera que se cruce, así me olvido que vine a Nueva York buscando ser alguien, encontrarme, pero no lo consigo hermana, que aquí cada uno tiene su guaracha y de mis pelotas llenas volveré a ser mexicano cojonudo, eso que aprendí en nuestra tierra de machos...

Pero no es hora de distraerse con huevadas y ya lista abrió la puerta de su habitación para que entrara el puntual Robert, ejerciendo el ejercitado ejercicio de colgar su chaqueta y soltar la corbata desamarrando el pantalón sin quitarlo, todo a un tiempo, y vamos mi viejo Robert, quietecito recuperando resuello y fingir investigar el cielorraso que ya Juana deslumbra tucutum tum tum con breve atuendo, en aquel proscenio de cuatro paredes y dos espejos más esa cama que con Robert ella no usa. Tucutum Juana, cimbreante y mimbreando su lenta guaracha para idólatras de su culo juvenil y categórico que hasta contoneado a distancia es infalible; por aquello de la tentación divina que tan poco entiende quien paga en dólares para verla. Así que Juana a sentarse de revés en una silla y a levantar de cóncavo despliegue su rotundo trasero, lentitud de piernas largas a favor de oscuras transparencia que de a poquito, tembleque tucutum tum tum con sus tetas, ‘que la candela le baja de los hombros a esta niña’, repetía riendo su abuela al entrenarla. Juana, fetiche en función exclusiva para el buen viejo Robert dos veces por semana, cien dólares, y venga Juana humedeciendo a pura lengua su boca coloreada por Dios para esta incesante tarea de calentar a un macho. Porque hacerse mirar es oficio del cielo, y mientras en el mundo sudan obreras malpagadas o domésticas a miserable precio, lo de Juana era virtud de hembra codiciada en ardoroso clima, y a demostrar en tumbeos de guaracha tucutum que nadie aprende esas artes de una encamada para otra, según le contara su abuela, tan corrida y putanga como fuera.

Entonces, en ese instante ¿qué nombre le dará Juana a ese hombre que la mira embrujado, petrificado, ambicionando dormirse y amanecer con ella entre los brazos? Aunque Juana no se distrae y desliza su ropa a danza lenta, desprendiendo prenda a prenda su breteles que la embretan, muévete pez perca percanta desbrozando escamas del misterio que le enciende calenturas a cualquiera al sólo imaginarte, Juana. Así que sigue bailando que en horitas más será mejor la noche porque en “El Patio” actuará Paquito, Rey de la Salsa, que no es poco, y el dominicano traerá a la misma Celia Ramírez la chachachecera del Caribe, para lucirse al presentarle a ella, y de paso también a que lo vean recuperado de una diferencia policial por aquello de la venta y el consumo. Sí, esa dificultad que soporta el Paquito, orgullo dominicano que hacía a los dominicanos sentir orgullo aunque en Nueva York eso resultara fácil, se dice Juana al soltar al aire su corpiño y el viejo Robert seguía de mirada fija y un hilito de baba en su boca, mientras ella le guarachaba tucutum tum tum recibiendo la visitación de los caprichos compadres.

A moverte Juana, y sacúdete en cueros que no es malo desnudarse si es bueno para Dios, que todo lo ve; tucutum de guaracha cumbanchera, Juana, que después de aquel pariente que te desvirgó a los diez años y ni aún redondeaban tus tetitas, supiste precisar tu precioso precio frente a los enigmas calentones de cada macho de la especie. Y acaríciate entera, absoluta hembra, de arriba a la entrepierna sin moralina de pendeja reprimida con tus manos refulgentes, que ni bien el viejo Robert pague y prometa otra visita el martes, descansarás un rato que bien te lo mereces, Juana.

- Siento frío mi querido Robert - balbuceó cortando su guaracha de contoneos a pelvis descubierta. Y enseguida no advirtió que el hombre se veía inmóvil con una mano crispada en su camisa, ni que su guaracha tucutúm tum tum le llegara directa al corazón. Hombre tan ajeno a bromear, yanki caballeroso incapaz de fingir caerse muerto y menos en un viernes promisorio, cuando nevaría en Nueva York y en “El Patio” se vería con Paquito, Rey de la Salsa.

(*). Eduardo Pérsico, narrador y ensayista, publicó seis novelas, cuentos, algún poemario y la tesis “Lunfardo en el Tango y la Poética Popular”. Nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.

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