20 de noviembre de 2017

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PINOCHET HA MUERTO, PERO LA IMPUNIDAD NO

Por: (CEP (*).

17 de diciembre de 2006

Bolivia, 11 de diciembre de 2006.- El 10 de diciembre, a los 91 años, murió uno de los más grandes asesinos de nuestra región, el General chileno Augusto Pinochet Ugarte, quien el 11 de septiembre de 1973 encabezó un golpe de Estado militar, promovido y equipado por la Embajada de EE.UU. a través del ex Secretario de Estado norteamericano Henry Kissinger, bajo el gobierno del ex presiente Richard Nixon.

Como expresión de las diferencias de clase que existe en la sociedad, la familia y un puñado de partidarios del asesino y sus beneficiarios se congregaron a llorar su muerte, mientras que la gran mayoría en Chile y en el mundo entero celebró con alegría ese deceso. En la hora de su muerte ni siquiera el progenitor yanqui quiso comprometer condolencias hacia su bastarda pero eficaz creación, el gobierno norteamericano dijo que su pensamiento “está con las víctimas en este momento”, el Partido Popular (PP, derecha) de España lo calificó como “una lacra para su país” y “un dictador sanguinario al que no se va a echar de menos”, mientras que Margaret Tatcher dijo sentirse profundamente entristecida.

Pinochet fue un sinuoso personaje miembro en su juventud de la logia masónica, a la cual pertenecía también su padre. Su comportamiento conciliador y efectividad en la represión lo llevó hasta el cargo de Jefe del Estado Mayor del Ejército en las mismas narices del gobierno de Salvador Allende. Fue el propio presidente chileno quien lo colocó en el cargo el 23 de agosto de 1973 y 18 días después daría el golpe militar que sacaría a Allende muerto de La Moneda.

La represión fue brutal. Pinochet estuvo envuelto en crímenes de lesa humanidad desde el principio de su mandato. Masacres, asesinatos, desapariciones, torturas, detenciones, exilio, violaciones entre otras cosas; el Estadio Nacional de Chile se convirtió en una gigantesca cárcel para opositores del régimen que iban muriendo poco a poco en las celdas de la policía secreta y una temeraria delegación militar conocida como la “Caravana de la muerte” recorría el país asesinando opositores al gobierno que eran perseguidos selectivamente. Según organizaciones de DD.HH. la gestión de Pinochet dio como resultado 1183 detenidos y desaparecidos, 2008 asesinatos, 27255 presos torturados y 30000 exiliados por todo el mundo. Estas cifras expresan la crueldad con la que el régimen fascista impuso a sangre y fuego un modelo del que hoy en día los pro imperialistas y reaccionarios disfrutan. Su desprecio por el pueblo se puede notar cuando salieron a la luz pública investigaciones que decían que muchos cuerpos de los opositores asesinados habían sido lanzados al mar o muchos de ellos habían sido enterrados en tumbas clandestinas de a dos, en esa ocasión el genocida Pinochet dijo “así ahorramos espacio, para qué íbamos a enterrarlos de uno a uno”.

Pinochet fue el único presidente que visitó al dictador español Franco en su lecho de muerte, fue amigo de los peores sanguinarios latinoamericanos, Videla en Argentina, Stroessner en Paraguay, Bordaberry en Uruguay y Hugo Banzer Suárez en nuestro país, Bolivia. Encabezó el Plan Cóndor, plan que consistía en eliminar a todos aquellos que de una u otra forma se oponían a los gobiernos militares sudamericanos, se estima que como resultado de este plan regional hubieron 50 mil personas muertas, 30 mil desaparecidas y 400 mil encarceladas, 4 millones de ciudadanos huyeron de sus países a lugares más seguros, se cuenta a 3 mil niños entre los asesinados y desaparecidos.

En los últimos años de su existencia fue procesado aunque nunca condenado por estos delitos. Tuvo 400 querellas de las cuales algunas fueron importantes. En diciembre de 2000 fue procesado por el caso de la Caravana de la muerte, diciembre de 2004 por la Operación Cóndor, en noviembre de 2005 por la desaparición de 119 opositores en lo que se llamó Operación Colombo, en enero de 2006 por torturas a 23 personas en Villa Grimaldi. Pero los descubrimientos no sólo destaparon casos de violación a los derechos humanos. En julio de 2004 el Caso Riggs fue escándalo cuando se descubrió Pinochet había acumulado una fortuna ilícita de 28 millones de dólares, es decir, de quien decía que tenía una vida sobria y austera y que todo lo había hecho por amor a la patria chilena, ahora aparecía como cualquier vulgar ladrón de la talla de Alan García, Fujimori o Montesinos, por citar connotados delincuentes de los últimos años. Este caso no sólo implicaba al asesino, sino también a su esposa e hijos. En octubre de 2005 sale a la luz el caso de los lingotes de oro, más de 180 millones de dólares en un banco de Hong Kong. Demostraba así Pinochet que su habilidad de asesinar personas tenía paralelo con la de robar al pueblo chileno.

El 10 de diciembre muerte Pinochet, quien ya se había escapado de un atentado en 1986, dándole un macabro regalo de cumpleaños a su esposa, y quien sabe si victoria o derrota en el día del aniversario de la Declaración de los Derechos Humanos; lo cierto es que la “justicia” jamás pudo hacer pagar sus crímenes, las demandas de justicia de miles de familiares nunca pudieron resolverse. Todo el mundo fue testigo de la “delicadeza de la justicia británica” para con Pinochet y también testigo del encubrimiento de la “justicia chilena”; el “Estado democrático chileno” le garantizó una vejez feliz, a pesar de que por el Poder Ejecutivo pasaron Ricardo Lagos, víctima de Pinochet y ahora Michell Bachelet igualmente exiliada durante el régimen pinochetista. La confianza en la “justicia de Estado de derecho” promovida por las autoridades comprometidas con la “democracia” no ha devenido en respuestas para combatir la impunidad y los crímenes de lesa humanidad. En Bolivia mientras el gobierno reformista de Evo Morales, “apuesta por la democracia” y promueve la defensa del Estado de derecho, el asesino Gonzalo Sánchez de Lozada y su secuaz Sánchez Berzaín, siguen libres y posiblemente gocen de una vejez tranquila como Pinochet, como Hugo Bánzer Suárez o una cárcel con todos los beneficios y goyerías como la que tiene Luis García Mesa gracias a los militares, que por cierto son niños mimados de Morales. Es probable que el pueblo nunca alcance justicia verdadera si sigue creyendo en los en las ilusiones que los gobiernos promueven con posiciones eclécticas frente a la justicia o la injusticia. El gobierno de MAS en Bolivia, a través de su vocero Alex Contreras ha “lamentado la muerte de Augusto Pinochet” y a la vez “lamentó la impunidad”, servirá esto de algo para luchar contra la impunidad, lo dudamos mucho.

(*). El Centro de Estudios Populares de Bolivia (CEP) es una organización sin fines de lucro, que cuenta con un equipo multidisciplinario, dedicado al estudio y análisis de la realidad boliviana con un compromiso con los sectores explotados que luchan permanentemente en defensa de sus derechos democráticos. El objetivo de CEP es luchar junto a nuestro pueblo por construir una verdadera alternativa transformadora en base al conocimiento de la realidad objetiva de los hechos que suceden en Bolivia.

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