9 de diciembre de 2018

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Salieron a pasear un cadáver y demostraron que están muertos.

ARGENTINA: UN ATAUD DE LA REACCION Y LOS YANQUIS.

Por: Daniel Cadabón (*).

20 de octubre de 2006

’Unidos o dominados’, la vieja frase de Perón, es repetida hasta el cansancio por los representantes de un partido que se asigna la tarea de devolver a nuestro país al viejo estatus de colonia. La asociación del peronismo con el imperialismo supera hoy, y por mucho, cualquier pretensión o exigencia de acuerdos, como los que le hubiese hecho Braden en épocas de la Unión democrática.

El paseo de la cureña con los restos de Perón, rodeado de patotas sindicales; políticos de reconocida trayectoria por su larga actividad de quedarse con el dinero ajeno, ex militares y paramilitares ’ni yanquis ni marxistas’; da cuenta de la extrema soledad de un partido definitivamente consumido.

El peronismo paseó ayer, desde la Chacarita hasta San Vicente, no sólo el cuerpo de un muerto ilustre, sino su propia agonía. La agonía de aquel al que no le queda nada para dar, excepto palos, balas y mal olor. El resultado de este largo cortejo fúnebre, es una muestra evidente de un dilatado proceso de descomposición que recorre al ’movimiento’ hasta los tuétanos y es, a la vez, tan poco novedoso como los que lo protagonizaron

Sería superficial un análisis que nos demostrara que la desintegración del peronismo se encuentra únicamente en el ’regreso de los violentos’, que por otro lado nunca se fueron. Esto es apenas su manifestación. La desintegración de este gran ’movimiento nacional y popular’ adquiere su mayor expresión en el extendido proceso político que sirvió al saqueo de conquistas obreras, al armado de bandas paramilitares, de decretos de aniquilamiento, de complicidad y encubrimiento con los criminales de la dictadura.
A los sectores más jóvenes de nuestra sociedad puede parecerles que la descomposición del peronismo empieza con Menem. A no equivocarse. Menem es el que destruyó los convenios laborales, robó a los jubilados, sistematizó la corrupción y entregó los recursos naturales, entre otras tropelías; pero estas políticas tienen continuidad en el tiempo y hoy son patrimonio del gobierno Kirchner y su ’nueva política’.

El peronismo, se ha caracterizado a lo largo del tiempo por prohijar a los Menem y a los Kirchner, a los Duhalde y los Solá, a los Moyano y a los Martínez, en esa larga estrategia que consiste en gobernar para los intereses de la burguesía y en redimirse de sus viejos escarceos con el imperialismo.

Cuando, desde la burguesía se afirma, que el peronismo es garantía de gobernabilidad, en realidad, es el reconocimiento de hecho de que la descomposición de un partido alcanza a todo un régimen.

El peronismo seguirá paseando su agonía y hará ostensible los ’fierros’ y las patotas mientras siga demostrándose como la única herramienta útil en la tarea de dominación. Y esto será posible mientras la burguesía no tenga a mano un recambio o los trabajadores no encuentren su propia alternativa de organización política independiente.

Pero la estabilidad que el peronismo puede brindar en la tarea de gobernabilidad, pese a la promoción de patotas y de la práctica sistemática del saqueo del erario público, no es más que un sinónimo del empantanamiento y la disgregación en el cual se encuentra sumido todo el régimen de partidos.

Pantano y estabilidad no son sinónimos. Todo lo contrario. Y lo que vienen a demostrar los acontecimientos del día de ayer, en San Vicente, es que esta supuesta hegemonía del ’movimiento nacional y popular’ se asienta sobre una crisis de consecuencias gravísimas a futuro.

Kirchner en su momento llego a afirmar que el ’ciclo del peronismo estaba acabado’ y que su tarea como gobernante sería la de introducir las bases para la ’construcción de un movimiento transversal en el camino a la nueva política’. Para esto, se ha rodeado de carreristas políticos que han abrazado la causa del clientelismo y la borocotización como credo militante.

El peronismo, que ha vivido desde siempre del presupuesto oficial, (lo que explica que fuerzas tan antagónicas, desde el punto de vista de los intereses que reflejan puedan compartir un único movimiento) no le perdona al presidente aquello que ha sido su gran merito, ampliar el manoteo del superávit a la participación de elementos extrapartidarios para hacerse de una base social nueva.

Pero, el presidente es conciente del fenómeno que lo acecha y, ha abandonado inescrupulosamente su ’nueva política’ para volver al redil de la vieja.

Kirchner se disponía a participar de los homenajes en el mausoleo Duhalde, compartiendo tribuna con los representantes de la ’obsoleta y desprestigiada política’, siempre y cuando, le garantizarán una nutrida concurrencia y una atmósfera de pacifica reconciliación.

La idea de un acto unitario, el día de la lealtad, que mostrara a un peronismo refundado en un 17 de octubre; no es ajena a la crisis política que se desborda. Todo pasa por revisar los arreglos con la patota pejotista, ya que el presupuesto alcanza.

Finalmente Kirchner no fue al acto, dado que las condiciones para un arreglo en público no estaba aseguradas, y con esto puso en evidencia la cobardía y la ambivalencia tan característica a este gobierno.

El kirchnerismo necesita licuar sus diferencias con los de la ’patota duhaldista’ cuanto antes, porque la hegemonía empieza a hacer agua por todos lados. Sus acuerdos con la izquierda institucionalizada le vienen sirviendo para levantar la mascarada de defensor de los DDHH, lo que tiene un alto impacto psicológico entre los sectores medios. Pero, frente a las confrontaciones sociales que se avecinan y a las negociaciones con los dueños de los chupaderos por el ’caso López’; K se ve en la necesidad de nuevos acuerdos con la derecha patotera.

El compromiso de participación del primer mandatario el palco de San Vicente, obedece a un dato objetivo de la realidad, Kirchner es conciente que su influencia entre los trabajadores es enteramente superficial.

Tres años de sostenido crecimiento económico, la caída en las tasas de desempleo y en los índices de pobreza se sostienen íntegramente en la aplicación de trabajo precario (en negro) y salarios miserables pactados con la burocracia sindical de siempre. Tanto una cosa como la otra corren serios riesgos de esfumarse ante los próximos incrementos de tarifas, obligados por el FMI y reclamados por las privatizadas.

La exposición pública de los contundentes argumentos que dividen al gran ’movimiento nacional’, frente al mausoleo de Perón, no son ni el estreno ni el final de la actuación patoteril en épocas de K; son el registro de la nacionalización de un método oportunamente aplicado en Santa Cruz y en el resto de las provincias y cuyo incremento en los últimos meses es algo más que un mensaje.

Al compañero López lo secuestró una patota vinculada a la bonaerense de Etchecolatz. Una patota intentó desalojar a los universitarios que impedían la asunción del procesista Alterini. Otra patota golpeó al compañero universitario Pablo Giachello en La Plata y tajeó en un brazo al novio de una hermana de la familia Tula-Saborido. Una patota entró a sangre y fuego en el Hospital Francés. Apenas un recuento de los últimos episodios.

El presidente cae en la cuenta de que necesita un partido y asume compromisos de participación junto a aquellos que quedaron reducidos a una patraña, fruto de sus exitosos amontonamientos electorales y de su jugueteo demagógico con verborragia progresista. Pero sus intenciones tienen el límite de la propia democracia, limites similares a los de un ataúd.

La metáfora vale, las sacudidas a las que fue sometido el cajón con los restos del general, es la anticipación de las sacudidas a la que esta condenado el ’movimiento Nacional y Popular’.

Kirchner necesitaba un acto refundacional con un partido unido. San Vicente le devuelve la imagen de un partido, partido por una guerra de mafias y camarillas.

La democracia es generosa en el reparto de cargos de poder, pero volviendo al ataúd las manijas no alcanzan para que todos las tomen.

(*). Daniel Cadabón es integrante de Delegados de base - SUTEBA La Plata.
- (Argenpress).

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