9 de diciembre de 2018

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BRASIL: LA CRIMINALIZACIÓN DE LAS LUCHAS CAMPESINAS

Informe Cebraspo (*).

9 de mayo de 2008

La Liga de los Campesinos Pobres –LCP, principalmente en el estado de Rondonia, en la región de la Amazonía occidental (frontera con Bolivia), viene sufriendo seguidos ataques de la imprenta reaccionaria del país. En un artículo titulado “Brasil tiene guerrilla”, publicado en el semanario Isto É del día 26/03/2008 (ver link en pie de pagina): el periodista Alan Rodrigues afirma sin presentar cualquier prueba – que “hay guerrilla en Brasil y que el grupo armado tiene nueve veces más combatientes del que el PCdoB reunió en Araguaia y apenas en el año pasado mató 22 personas”, refiriéndose a la LCP.

El artículo dice también que la Liga de los Campesinos pobres tiene 20 campamentos en 15 bases entre los estados de Rondonia, Para y Minas Gerais, apuntando áreas supuestamente controladas por la LCP , que serian bases de guerrilla y señalando rutas de fuga que habrían sido abiertas por los supuestos guerrilleros. En el caso de la estrada construida por los campesinos, que es llamada por la revista de “transcocainera”, en una alusión a la posible entrada de drogas, armas y otros contrabandos por esta vía.

En otra edición, del día 02/04/2008 (ver link)), la revista Isto É insiste en el tema, en un nuevo artículo firmado por el mismo periodista, con el título de “Matanza impune”. En este artículo – el segundo de una serie de decenas de otros calumniosos contra la LCP , que pasaron a ser publicados en diarios de circulación nacional y regional – el gobernador del estado de Rondonia, Ivo Cassol, reivindica la acción directa e inmediata de las Fuerzas Armadas Brasileñas para acabar con lo que sería un movimiento guerrillero.

Las materias de la revista Isto É son tan groseras en sus tentativas difamatorias y sus mentiras, que llegan a acusar, sin pruebas, los activistas de la LCP de diversos crímenes como asesinatos, torturas, tráfico de drogas, etc. También, sin cualquier tipo de comprobación, acusa la LCP de participar de supuestos entrenamientos militares hechos por las Farc (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) en la región.

Tales artículos apenas se sustentan en declaraciones de policías que tienen conocidas relaciones con latifundistas de la región y en afirmaciones, nada confiables de algunos latifundistas que ya fueron acusados, por órganos del propio gobierno federal, de practicar grilagem (1) y otros crímenes.

La imprenta reaccionaria miente descaradamente, sobre la LCP , pero ni siquiera menciona los crímenes bárbaros que por décadas vienen siendo cometidos contra los campesinos pobres de la región. Crímenes que ya fueron denunciados por la LCP en dossier entregado a más de tres años al entonces Ministro de la Reforma Agraria (del gobierno de Luiz Inacio), Miguel Rosseto (ver link: http://www.cebraspo.com.br/Boletins/53/02.htm ). En este dossier, la LCP acusa al gobierno federal de mantener un silencio cómplice ante las agresiones físicas y morales, de las prisiones sin mandado, de las persecuciones, torturas y muerte de campesinos pobres cometidas por paramilitares a mando de latifundistas y policías.

Mismo conociendo todos los problemas enfrentados por los campesinos pobres en la lucha por la tierra en el estado de Rondonia, el gobierno de Luiz Inacio no hizo ninguna investigación, y nadie fue punido. Por otro lado, la imprenta reaccionaria, que siempre se prestó a este tipo de falsificación y de provocación contra la lucha legítima de los trabajadores y de los campesinos, nunca mencionó nada sobre estos hechos gravísimos que vienen ocurriendo en el norte del país.

El objetivo de esta sórdida campaña de difamación, impulsada a nivel nacional, es descaracterizar la LCP como una legítima organización de masas campesinas en la lucha por la tierra. La imprenta reaccionaria quiere pasar una imagen distorsionada de la LCP , como si ella fuese una organización de guerrilleros delincuentes, para exigir del Estado más represión. En realidad esta campaña fue el prenuncio de nuevos y feroces ataques contra las masas de campesinos pobres. Exactamente lo que sucedió quince días después de la publicación del primer artículo en la Isto É.

En la mañana del día 09/04/2008, 100 hombres encapuchados y fuertemente armados invadieron el campamento “Conquista de la Unión ”, localizado en el municipio de Campo Novo, en el estado de Rondonia. De acuerdo con lo declarado por un campesino que escapó del cerco, los hombres armados llegaron disparando en todos los que allí se encontraban y que cerca de 15 personas, incluyendo una mujer grávida, habrían sido asesinadas y otras capturadas como rehenes.

La LCP venía denunciando a varias semanas la preparación de nuevos masacres de campesinos sin-tierra del estado. “Toda la campaña orquestada por la gran imprenta de Rondonia y del país, en especial el diario Folha de Rondonia y la revista Isto É, era para tratar de justificar esta masacre que estaba siendo preparada conforme denunciamos innúmeras veces. Esta imprenta es culpada por el sangre derramado de estos campesinos”.(2)

Después del ataque al campamento, el área fue aislada por la policía y por más de 30 horas nadie, exceptuando la propia policía y los pistoleros, pudo tener acceso y transitar en ella. Aunque hasta el momento ningún cuerpo ha sido encontrado, más de 30 personas están desaparecidas.

Tropas del Ejército brasileño ya habían sido dislocadas para la región “para investigar supuestas acciones de guerrilla en la región que envolvería grupos armados en lucha por la tierra, en la cual fueron impuestas denuncias contra la LCP ”(3). Pero no dicen nada contra la acción criminal de los paramilitares asesinos, a disposición del latifundio.

Campaña difamatoria toma cuerpo en 2007

El ataque de la imprenta reaccionaria contra la LCP ocurrió antes en otra revista semanal y de circulación nacional, Veja que en el día 07/11/2007 acusó a la Liga de los Campesinos Pobres, en Pará (en la Amazonia oriental) de ser una organización guerrillera y criminal, vinculada al Sendero Luminoso, de Perú.

A través de la revista Veja los latifundistas cobraron una acción punitiva de la gobernadora del estado de Pará, Ana Julia Carepa (del PT, Partido de los Trabajadores). Pocos días después de la publicación del artículo, en 19/11/2007, la gobernadora ordenó la realización de la llamada “Operación Paz en el Campo”, que fue una verdadera operación de terror en el campo. Más de 200 campesinos entre los 1500 que ocupaban la hacienda Forkilla, en el sur de Pará, fueron presos arbitrariamente, brutalmente golpeados y torturados. De estos presos 21 campesinos permanecieron en prisión hasta el día 03/01/2008, sufriendo todo tipo de presión sicológica y torturas físicas.

En los meses de febrero y marzo de 2008, dos de estos campesinos que participaron de la toma de la hacienda Forkilla fueron asesinados. Las persecuciones y las amenazas contra la vida de los coordinadores de la LCP y de los demás campesinos continúan. Pistoleros del latifundio, juntamente con policiales de civil, están circulando en las ciudades de Redención y Concepción de Araguaia, sur de Pará, con una lista de nombres en las manos, intimidando vecinos y campesinos.

Represión continúa, más feroz

No es necesario tener conocimiento detallado de lo que sucede en Rondonia o en otras áreas rurales del país, principalmente en la región amazónica, para constatar que el objetivo de tales materias calumniosas es desinformar la opinión pública, difamar y descaracterizar las organizaciones campesinas, principalmente las más combativas. Y a partir de allí, insuflar la represión del Estado y justificar su acción criminal y la de los pistoleros de los latifundistas.

Tanto en el pasado remoto como más recientemente, esta ha sido la manera usada por el Estado burgués-latifundista, en Brasil, para justificar abominables masacres de campesinos y masas pobres en general. Son innúmeros masacres de poblaciones indígenas y campesinas que nunca fueron investigados, ni siquiera divulgados.

Masacres continúan ocurriendo en la región amazónica, además de asesinatos cobardes de liderazgos campesinos, de abogados, padres y defensores de los derechos del pueblo, que apoyan los campesinos en lucha. Entre ellos, fueron asesinados los abogados del pueblo Gabriel Pimienta, en 1982 y Paulo Fonteles, en 1987. Y la monja norteamericana, Dorothy Stang, en 2005, para citar algunos. Según datos de la Comisión Pastoral de la Tierra (CTP), de 1985 a 2007, fueron registrados 1.492 asesinatos de campesinos. Sin embargo de acuerdo con la propia CTP, el número real de muertes puede ser mucho mayor de que los números presentados, porque es imposible registrar los que son asesinados y abandonados en las matas, o enterrados en cementerios clandestinos. Actualmente, con el aumento de las contradicciones internas en el país, esta represión está más feroz

En la masacre de Corumbiara –Rondonia, ocurrida en 09/08/1995, en una operación policial del Estado, la barbaridad cometida fue tan grande que repercutió internacionalmente. Decenas de campesinos fueron cobardemente asesinados por pistoleros y policías, entre ellos una niña de 7 años de edad. Centenas de campesinos presos fueron torturados durante más de 24 horas; mujeres fueron pisoteadas y golpeadas; campesinos fueron obligados, bajo la mira de armas de la policía, a comer el cerebro de sus amigos muertos. Y los verdaderos responsables no fueron punidos. Dos liderazgos campesinos fueron condenados y acusados, absurdamente, por las muertes de sus compañeros.

Un año después de la masacre de Corumbiara sucedió la masacre de Eldorado de Carajás, en 17/04/1996 en el Estado de Pará. Esta vez, 19 campesinos que participaban de la marcha fueron brutalmente asesinados por la policía militar, que disparó para matar mismo cuando muchos ya estaban detenidos. También en este caso, la crueldad y la cobardía de la policía repercutieron en el exterior. Y pasados 12 años de la masacre, los policías y el comandante de la policía responsable por la matanza no pagaron por sus crímenes.

Cuestión agraria en Brasil

Todos los casos citados comprueban que, en Brasil, la represión contra los campesinos ha sido una constante. Sin embargo, en este momento la situación está agravándose. Los ataques del latifundio contra los campesinos pobres y “andrajosos” – como se refieren a ellos las materias de la imprenta reaccionaria– aumentan en número y en la intensidad de la barbarie cometida contra familias enteras, que buscan la tierra para en ella trabajar y sobrevivir. Y estos ataques ocurren en la mayoría de las veces, en acción conjunta de pistoleros contratados por el latifundio y fuerzas policiales del Estado.

Un dato concreto que explica tal recrudecimiento y que, a pesar de la violencia creciente, las masas campesinas, bajo la dirección de la LCP , luchan con mayor determinación –en consecuencia de la elevación de su conciencia en la práctica de la lucha por la tierra– siguiendo la línea política general de conquistar la tierra y destruir el latifundio. Es en el desarrollo de esta lucha que ellas se contraponen directamente a los intereses de las clases de grandes burgueses y latifundistas y del imperialismo, principalmente yanqui, en diferentes regiones de Brasil, pero especialmente en la región amazónica.

El mantenimiento, y más de que eso, el refuerzo de carácter privado del régimen de la propiedad de la tierra en Brasil, basado en el latifundio, confirma que ninguna alteración estructural ocurrió en el país en el transcurso de los siglos. Persiste el monopolio y la concentración de la tierra, cuya origen remonta a los tiempos coloniales, con la división de Brasil en capitanías hereditarias y la subsecuente concesión de las ‘sesmarias’, que dieron origen a los actuales latifundios.

Algunas reformas realizadas en el pasado fueron pequeños artificios de las clases dominantes retrógradas –las oligarquías rurales semifeudales y los burgueses compradores–para conseguir más poder y así resistir a las transformaciones democráticas que la realidad brasileña, objetivamente, exigía en la época.

Las relaciones arcaicas de producción y las relaciones de propiedad antes existentes en el país se mantienen o se desarrollan en nuevas formas. Son relaciones semifeudales, que se dan dentro del sistema latitudinario de monopolio y concentración de la tierra, que por siglos se apoyó en el trabajo esclavo, todavía presente y en número creciente, en las relaciones de producción del campo, en Brasil, es la principal contradicción interna.

La esencia de la política agraria del Estado brasileño es, todavía hoy, la perpetuación del sistema latifundista, la misma asegurada con la primera Ley de Tierras de 1850. Toda la publicidad oficial “de un vigoroso programa de reforma agraria” (4) en aplicación en el país por el gobierno de Luiz Inacio no consigue esconder la dura realidad del campo.

Continúa brutal la concentración de la tierra. De las tierras tituladas en el país, cerca de 380 millones de hectáreas, 50% pertenecen a los latifundistas, que detienen propiedades de más de 1000 hectáreas. De 5,5 millones de propiedades, 55 mil de ellas concentran casi 200 millones de hectáreas que pertenecen a apenas 23 mil latifundistas. Existen hoy 5 millones de familias de pequeños propietarios y 5 millones de familias de campesinos sin-tierra.

Lo que se ve es el continuo sufrimiento de millones de familias de campesinos pobres, sin tierra, o con poca tierra. Familias que componen un batallón de famélicos, que se suman a otros millones de brasileños en creciente carencia. Entre ellos están también los pequeños propietarios arruinados por el latifundio, o endeudados con los bancos. Y que, como los campesinos, son perseguidos por órganos del gobierno como el Ibama (Instituto Brasileño del Medio Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables) y de la Policía Ambiental , o son obligados a trabajar con contratos absurdos de sociedad impuestos por los latifundistas.

Los latifundistas aplastan los pequeños propietarios y tratan de impedir el desarrollo de la lucha de los campesinos pobres sin tierra o con poca tierra, que amenazan sus negocios (eufemísticamente bautizados de Agronegocio, para darle un nombre moderno y avanzado) tan excusos cuanto lucrativos. Esta es la lógica que prevalece en el campo en Brasil. Y es particularmente cruel en la región amazónica, por causa de la gran disputa por su pose por parte de los capitales del imperialismo, dadas las innumerables riquezas del subsuelo y de su biodiversidad.

Amazonia

Por todo esto, hace tiempo, otra campaña viene siendo desarrollada por los sectores más reaccionarios de la imprenta: sobre el tema de la Amazonia. Además de la tentativa de criminalizar los campesinos pobres en la lucha por la tierra, la imprenta reaccionaria ha hecho la defensa abierta de aquellos que, hace décadas, promueven una brutal devastación de la floresta amazónica: los grandes productores de soja, los grandes creadores de ganado, las grandes empresas madereras y mineras.

“Una creciente migración de la pecuaria de la región centro-oeste para la Amazonia ”; “Aéreas de Pará están libres de aftosa, lo que favorece la pecuaria”, dicen los diarios. La deforestación de la Amazonia provocada por la producción de caña de azúcar fue clasificada de insignificante (5): “La mayor parte de las nuevas plantaciones de caña de azúcar fue implantada en áreas anteriormente destinadas a la pecuaria. No obstante, la caña aprovechó tierras de la producción de granos” (6), etc., etc.

La imprenta reaccionaria, para hacer la defensa de éstos clasifica de “emprendedores que llevan el progreso para la región” tienen que encontrar un chivo expiatorio para atacar, creando así una cortina de humo sobre la real situación que hace muchos años, no apenas hoy, viene imponiéndose en la región. Esta imprenta, por que expresa los intereses de las clases dominantes, ataca con odio visceral y permanente, los campesinos –que se presentan como verdadera amenaza a estos intereses. De hecho, apenas los campesinos pueden ocupar la Amazonia , explotar racionalmente sus recursos y defender la soberanía del país en la región.

Y la situación se torna más grave a medida que en la Amazonía , no solo la brasileña, están en juego los planes políticos, económico militares del imperialismo, para toda América Latina. “El imperialismo en la Amazonia , combina su estrategia militar de espionaje y ocupación futura con intereses mediatos de capitales monopolistas, insumos para la industria biotecnológica. Combinando intervención económica con elementos de la guerra de baja intensidad teniendo como base el ecologismo”.(7)

En este cuadro, la presencia del oportunismo en la gerencia del viejo Estado brasileño ha sido decisiva para garantizar los intereses de las clases dominantes y del imperialismo. Un ejemplo vergonzoso de las medidas adoptadas por el gobierno Luiz Inacio es el repase, para el agronegocio de cerca de 60 millones de hectáreas de tierras públicas en la Amazonia que podrían ser reservadas para un proyecto de reforma agraria. A través de la Medida Provisoria 422, que dispensa la licitación para la venta de tierras públicas del Incra (Instituto Nacional de Colonización y Reforma Agraria) de áreas con hasta 1500 hectáreas, el gobierno federal sustenta la saña del latifundio tradicional y del agronegocio en las tierras públicas en la Amazonia. (8)

Por otro lado, la Ley nº 11.284 sancionada en 02/03/2006, que “dispone sobre la gestión de florestas públicas para la producción sustentable” es considerada el principal legado del gobierno de Luiz Inacio en defensa de la Amazonia. Pero , en realidad, el proyecto permite la desnacionalización de regiones enteras de la Amazonia brasileña en cuanto prevé la concesión de hasta 13 millones de hectáreas de tierras en los primeros diez años, para la explotación de la madera y otras actividades económicas. La primera licitación fue suspendida por el Tribunal Regional Federal, siendo que los principales interesados son grandes empresas extranjeras, que ya destruyeron 60% de las florestas de la Malasia en el mismo sistema de concesiones. Este alquiler de florestas será realizado a través de contratos de duración de hasta 60 años, automáticamente renovables, que permiten la explotación total del área liberada. La ministra del Medio Ambiente, Marina Silva, a contramano de la defensa de los intereses nacionales defiende este proyecto alegando que él puede contener los madereros ilegales en la medida en que va “disciplinar el caos agrario en la región Norte, concediendo áreas para el manejo forestal” (9).

Así la expansión del llamado agronegocio en la región norte del país crese empujando la frontera agrícola, destruyendo la floresta y expulsando enormes contingentes de campesinos del área. Otro ejemplo del favorecimiento absurdo del latifundio en la región fue dado por el gobierno del estado de Rondonia, que ofreció exención fiscal de 10 años para los grandes productores de caña de azúcar que fuesen a instalarse en el Estado.

En otros casos, los órganos del gobierno federal como el Incra actúan directamente como cómplices de los latifundistas. En diciembre de 2007, fueron comprobadas denuncias sobre un esquema de fraudes en asentamientos, donde funcionarios del Incra, juntamente con grandes madereros, permitían la extracción de árboles en tierras bajo control del órgano, en el oeste del estado de Para.

Pero los campesinos saben distinguir la acción de los órganos del gobierno federal como el Ibama, Incra y la Policía Ambiental , que gustan de hacer de cuenta para la imprenta levantando la bandera de la defensa del medio ambiente, cuando persiguen los campesinos pobres, pequeños propietarios y pequeña serrarías, y encubren los grandes devastadores de la Amazonia.

Cuando el campesino caza un animal silvestre para comer es multado por el gobierno. Sin dinero para pagar las multas acaba siendo preso. En cuanto eso, la destrucción de la floresta Amazónica es mayor a cada año, derrumbada por el latifundio, que hace eso para abrir nuevas áreas para pasto y plantación de soja y de caña. Quién hace la destrucción no son los pequeños, ni los medios campesinos. Quien destruye el medio natural y quien amenaza la floresta amazónica son los grandes empresarios, los latifundistas, las grandes empresas mineras. Y todo esto incentivado y apoyado por el gobierno Luiz Inacio, para aumentar la explotación.

Pero el pueblo de Rondonia y de toda la región amazónica, en particular los campesinos, conoce muy bien quiénes son los verdaderos amigos y quiénes son los enemigos. Y continúa enfrente en la lucha por la ocupación de las tierras, por la toma de las grandes haciendas de la región, su división y entrega de las parcelas a las familias campesinas sin tierra o con poca tierra.

Para esto, en este momento, necesitan contar con el apoyo y solidaridad de los demócratas y de las organizaciones populares en lucha, en Brasil y en el mundo. El gobierno federal volvió a dislocar 150 soldados de la Fuerza Nacional de Seguridad para Tailandia, ciudad del nordeste paraense para reprimir una ola de ocupaciones de tierras en la región, que ya suma más de 20 tomas.

El Cebraspo llama a todos para que envíen mensajes de repudio a la campaña difamatoria encabezada por la imprenta reaccionaria, y la represión creciente contra las legítimas organizaciones campesinas del norte del país

Notas:

1) Grilagem: la grilagem es el acto de conseguir escrituras falsas para legalizar la compra (inexistente) de inmensas áreas de tierras del Estado. En este sentido, la grilagem es la legalización, mediante documentos falsos, de la apropiación de tierras por parte de los latifundistas. El término proviene de la técnica usada para el efecto, que consiste en colocar escrituras falsas dentro de una caja con grillos, con el objetivo de dejar los documentos amarillados y roídos, dándoles una apariencia antigua y por consecuencia, más verosímil.

(*). Centro Brasilero de Solidaridad con los Pobres (Cebrasco).

(Link). http://www.terra.com.br/istoe/edicoes/2003/artigo75560-1.htm ),

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