16 de marzo de 2018

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UNA DERECHA DE MEDIEVALES, TIRIFILOS Y TILINGOS.

Por: Eduardo Pérsico (*).

7 de agosto de 2007

Tirifilo y Tilinga se encuentran tarde a tarde por Florida, Corrientes, Reconquista y Maipú. Tirifilo es atleta, católico, aristócrata, le importa un gato muerto de todo lo demás. Dante Linyera.

Por cierto reflejo condicionado los grupos del privilegio viven reclamando mayor seguridad para sus vidas y haciendas, sintetizando así su ideología que rebrota con mayor vigor cuando divisan algún contrario. Mejor digamos, si asoma alguien con discursos y semblanzas de alguna modernidad política y para la convivencia humana. Eso crispa y enfurece a esa Derecha tilinga enemiga de la evolución, hasta negadora de que sin cambiar la distribución de la riqueza la inseguridad crece por matemática. Nadie los convence de que ese peligro por la desigualdad no se reduce queriendo volver al absolutismo y los preceptos previos a la Revolución Francesa; ellos niegan que el hambre es el hambre y ninguna religión o palabrerío evitarán que el hombre sea una especie que muere si no come y desaparece si no se aparea. Y si ningún santo padre el domingo dispone lo contrario, eso es así.

De manera constante y no sólo en América Latina, los grupos de mejor nivel económico, - inmediatos de Los que Mandan- peticionan ante las autoridades y usan cualquier herramienta para quitar de su entorno no a la miseria, pero sí a los miserables. Que al fin son quienes molestan Entonces, desde los púlpitos compinches donde se reza por volver al absolutismo y a la esclavitud, los Muchachos Derechistas templan su espíritu contra lo opuesto a sus intereses de clase, y aunque igualdad, libertad y fraternidad sean hoy apenas tres palabras, despreciada fraternidad no se ven saludables igualdad ni libertad. Y menos desde cuando el liberalismo económico globalizador decretó el fin de la historia para las grandes mayorías del planeta.

En la Argentina y tras la sanción de la Ley Sáenz Peña en 1912, que iniciara realmente el régimen de partidos políticos con el voto masculino secreto y obligatorio, la Derecha fue autoritaria y golpista ni bien comprendió su discapacidad para organizar una fuerza democrática y representativa que accediera al gobierno por el voto popular. Su actitud mandona limitó siempre a esos conservadores para dialogar sin proferir amenazas ni conceder negociando civilizadamente. Un encierro conceptual que de algún modo los enorgulleció durante décadas en tanto heredaran la concentración económica de la pampa húmeda y el patronazgo del puerto de Buenos Aires. Dos pequeñeces en su haber que a esos anteriores tirifilos les sobró para fijar sus condiciones, hasta que al crecer en el país algunas ideas progresistas empujadas por la participación popular, la Derecha, sin distingos, propició y ejecutó el golpe del año 1930 contra el gobierno radical de Hipólito Irigoyen. Escenario que mostró unidos trivialmente, - ver fotos- un elenco de figurones militares, católicos fanáticos y delirantes tradicionalistas del no sé de qué se trata, que pronto mostraron no ser idóneos para crear una fuerza representativa moderna y democrática. Igual, luego de esa mascarada actuaron en el golpe militar de 1943 hecho por el glorioso ejército católico argentino, que como contribución moral prohibió los tangos lunfardos, (entre ellos Mano a Mano, de Celedonio Flores) y antes de echar al gobierno de Perón bajo el lema Cristo Vence, denigraron a Eva Perón escribiendo viva el cáncer antes de su muerte y en junio de 1955 ametrallaron al gentío en Plaza de Mayo. Dos mariconadas propias de esos tipos. Después, en 1966 gozaron la caída del radical Arturo Illia por el empuje de los cursillistas católicos guiados por un tal general Onganía, que tuvo su rol más célebre al entrar en un carruaje antiguo, -un landó, bien de opereta- en la exposición de la Sociedad Rural donde fue ovacionado por los mismos dirigentes de la Rural que el sábado 4 de agosto del 2007, merodeando con razones que la razón nunca entiende, exigieron que los argentinos paguen la carne a precio dólar y que ellos no quieren pagar impuestos.

Aquellos ilustrados cursillistas católicos de 1966 defendieron su alma allanando amuebladas, prohibiendo toda película o dibujo novedoso que no entendían y atronando persecuciones fascistas por universidades y lugares afines con la inteligencia; ver Noche de los Bastones Largos. Pero como tampoco ahí los tirifilos articularon una entidad política en serio, luego que el peronismo volviera en 1973, ellos bien sumisos al Departamento de Estado norteamericano y sin chances de alcanzar lícitamente el gobierno, mostraron su perfil más perverso actuando con sus hijos de noble apellido’ y más siniestros, en el gobierno militar y asesino de 1976 a 1983. Así las cosas, ningún analista de la realidad argentina ignora en esa clase social la vocación más cerril y retrógrada de quienes ni por ‘delicadeza con el mundo contemporáneo archivan sus ideas medievales. Y que hoy mismo avalan candidatos que opinaron contra la anulación de los indultos; una dádiva principesca antijurídica; y las leyes de punto final y obediencia debida otorgada a los torturadores y asesinos de Videla. Desechando que al oponerse a leyes donde no prescriben los crímenes de lesa humanidad aceptan su complicidad con Camps, el turco Julián, Etchecolatz y los ladrones de bebés.

En tanto nos parece precipitado creer que el PRO, el partido político que con Mauricio Macri ganó las últimas elecciones en la Capital Federal, sea una entidad política a la europea, - eso no lo exime- y que sus dirigentes aspiren a consolidar una fuerza democrática dispuesta a competir siempre en el campo electoral. Que Macri pertenezca a una famila de la llamada Patria Contratista no lo inhabilita, pero algo molesta que con un hábil manejo publicitario y pese a ser un diputado nacional sin asistencia a una sola reunión de la Cámara durante dos años, ganara con holgura el cargo de jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires. Algo que no es poco, sepamos, pero muy agrandado el hombre ya antes de asumir litiga con dureza al gobierno nacional por el paso a su jurisdicción de la Policía Federal; un ente financiado por el Estado Nacional al que aportan el resto de las provincias. Así que fiel a su estilo, los mandantes del PRO, con el mismo tono usado por la curia y los ganaderos, intiman al ejecutivo nacional a terminar con el tratamiento parlamentario y otros inconvenientes, para que la Policía Federal deje de ser Federal de inmediato. Esa inevitable gestión republicana incita al futuro jefe de gobierno de Buenos Aires a entrevistas con el cardenal Bergoglio, referente mayor de los católicos que sostiene una disputa estéril con Néstor Kirchner, un presidente que sin merecer grandes ovaciones demuestra que congeniar con la Iglesia Católica no es imprescindible al cumplir el mandato dispuesto por la gente, religiosa o no. Algo independiente en otras de sus gestiones, para revalidar que los gobiernos legítimos están encima de toda otra jerarquía, por más que venga del cielo.

Ahora bien, ¿qué enfurece más a la derecha, no sólo en Argentina? Pues la actual América Latina, reservorio de recursos naturales al que deberán recurrir más temprano que tarde los países poderosos. Y donde esos mismos países ricos siempre invasores, para imponer su voluntad añoran a otros personajes que hubieran dicho SÍ a las condiciones del ALCA traídas en el año 2005 personalmente a Mar del Plata por el presidente Bush, y le rechazaron. Los países ricos extrañan a gobiernos amables al libre albedrío de los laboratorios extranjeros dueños de cualquier derecho en el negocio de la salud; quieren presidentes en la región menos complejos para el Imperio y sus servidores locales, y rechazan al Correa de Ecuador, al insultante Chávez de Venezuela o al indígena Evo Morales que se permite discutir el precio del subsuelo boliviano. La tradicional Derecha requiere gobernantes obedientes al Poder y no que organicen integraciones regionales como el MERCOSUR sin aprobación de las multinacionales. Y que en la Argentina, si interesa un negocio inmobiliario gigantesco en la ciudad de Buenos Aires, que el gobierno ya mismo se ocupe de los miserables que viven en el lugar y dilatan la operación. Esas son las ciertas inquietudes más otras tilinguerías que publican los diarios tradicionales, en cuanto al Poder muy poco le preocupa la gente y no hay Derecha que se oponga a eso.

(*). Eduardo Pérsico, narrador y ensayista, nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.

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