16 de marzo de 2018

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EL MACRI GOBERNADOR, DE LOMBROSO A DON YOLANDO

Por: Eduardo Pérsico (1).

8 de julio de 2007

Un amigo con tendencia a la fácil calificación comentó que la mayoría de los personajes públicos de hoy ‘no soportaría, ni sesgada, la mirada del criminólogo italiano Césare Lombroso, desaparecido a principios del siglo veinte y que sugiriera en el aspecto físico cierta constante del individuo; o mejor dicho, ‘la facha de ladro fa il ladro’. Algo quizá menos discutible si nos referimos a tantos temerarios subidos al escenario político con el mandato de cambiar el rumbo ‘de las cosas’, y en quienes, a veces sin convicción, depositamos nuestra idea de continuar siendo una especie natural organizada en grupos o sociedades. Y sin calar demasiado, hoy no sólo nos preocupa ver los rostros de los notorios tipo Hitler o parecidos; sino la exhibición de los nuevos farsantes que en un remedo violatorio nos seducenpara obtener el Poder, y luego, a otra cosa. Así que al margen de tantos bushes, asnares, berlusconis y demás antológicos de nivel internacional, en Argentina hubo elecciones en Buenos Aires, capital de Argentina, donde varios candidatos también ofrecieron sus preocupantes máscaras al público y sus actuaciones de forzada naturalidad, dieron pocas certezas de cuánto querían y de qué manera harían su gestión transformadora; en un distrito que tradicionalmente siente cierta dependencia política del poder presidencial asentado además en su territorio.

Como desenlace de una segunda vuelta entre los dos candidatos más votados, en el recuento la abstención de votantes alcanzó un tercio del total, indiferencia preocupante, y donde el a ratos candidato del presidente Néstor Kirchner, Daniel Filmus, resultó un muchacho con cara de honesto conocedor y preocupado por el rubro Educación, y en lo demás sugirió un magro vuelo de estadista sin ánimo de remontar alturas. En tanto su opositor, Mauricio Macri, se impuso prometiendo gobernar y lograr una ciudad definitivamente segura, sin que los postergados de siempre corten el tránsito, eliminando a piqueteros, ambulantes y cartoneros sin autorización, con más el emprendimiento inmediato de tres o cuatro gigantescos negocios inmobiliarios de provecho incierto, y otras lindezas más. Todo palabreado ante cámaras televisivas y sin enunciar nunca como articularía su solvente tarea gerencial imprescindible en esto de Ordenar, Delegar y Supervisar tantas aspiraciones y ningún Proyecto. Entonces hoy, el electo Jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires que realmente obtuviera un treinta y siete por ciento, no poco decir, es este dirigente futbolero y además asociado a empresas contratistas de Estado Argentino, que culminara su campaña proselitista ocultando sus logros como Diputado Nacional, que también sí es cobrando sus estipendios, aunque por otras obligaciones más republicanas o dignas jamás concurriera en carácter de Diputado al Congreso Nacional. Un dato que seamos equitativos, es éticamente tan aberrante para él como para sus votantes que conociendo ese gravísimo hecho, lo premiaron apoyando esa irreverenciaciudadana y el difuso enfoque de cuánto es una obra de gobierno. Claro, en mi barrio siempre los registroslombrosianos se expresaron con frases muy comunes y bolicheras, por ejemplo ‘qué cara de chanta tiene ese tipo’, ‘los turros no se ríen, pibe, muestran los dientes’, y una acuñada por don Yolando en el bar Escalada; ‘la cara es el espejo del *garca’. Que “Manual del Lunfardo” mediante, sin ambages ni perífrasis concluye los mayores avances de Césare Lombroso…

Durante la campaña el candidato Mauricio Macri presentó a muchos colaboradores con antecedentes departicipar en gestiones oficiales sin gran sensibilidad social, digamos breve, y renombrados ‘portadores de apellido’ acostumbrados desde la cuna en macanear con las clarinadas de sus clarines y los redobles de sus redoblantes, pontificaría otro cómico señero, don Pepe Arias, en tanto el próximo Jefe de Gobierno que luciera sus propuestas prometiendo mejorar la Seguridad Pública de la población capitalina, es hace varios años presidente del Club Boca Juniors, una de lasentidades futboleras más representativa del país y en un segmento donde la violencia se organiza mafiosamente. Es evidente que no hay club de fútbol argentino, de magnitud y de los otros, que no ampare a un grupo de ladrones, asesinos y extorsionadores al servicio de los dirigentes que sintonizan amorosamente con la Asociación del Fútbol Argentino y otros complicados; y en ese contexto el Boca Juniors de Macri no ha mostrado ‘grupos de entusiastas hinchas’ sino un verdadero ejército de malvivientes para que nada cambie en un negocio marginal y gigantesco. Que entre otras lindezas evidencia que los grandes clubes de Argentina no soportarían ni ‘deportivamente’ una auditoría impositiva o contable tras las pistas lavadoras de dinero. Un perfil que el próximo gobernante de Buenos Aires por ser durante años presidente del Boca Juniors debe conocer a fondo, junto al porqué conviven con los fascinerosos invasores del espectáculo, - no siempre marginales, no jodamos- y de la complicidad boba de los publicistas deportivos sin críticas serias a un espectáculo que ellos integran jugando de ‘periodistas’, y donde las peligrosas bandas disputan las millonarias y dolarizadas compra y venta de jugadores, incluyendo viajes al exterior en muchos casos, y el deporte de patear al público normal fuera de los estadios acreciendo espectadores frente a los canales y televisoras accionistas del negocio. Esto que ni menciona Macri al hablar de seguridades prometidas, sigue erosionando el hueso endeble del sistema policial siempre comprometido y de una justicia intimidada y cada vez más lejos de su función en este asunto.

Por eso, tal vez sea cierto que Mauricio Macri desechó un debate final en televisión, al ser advertido que hablarían si el modo más directo de comenzar el saneo no sería retirando la custodia policial de las canchas de fútbol, en tanto él, derechoso liberal de achicar los gastos del Estado, no confiesa que por tratarse el fútbol de una actividad económica privada, deberían ser sus entidades organizadoras las obligadas en proteger la seguridad de los espectadores que pagan. Ya que no es legal proseguir según operan los empresarios del fútbol con poquísimo desembolso, que las fuerzas preparadas para proteger a la comunidad entera sean distraídas, aviesamente, en el cuidado de espectáculos deportivos rentados; y además turbios en el imaginario colectivo. Dejar sin la custodia policial que paga la comunidad al fútbol, (ojo, que los dineros extra de los policías no cubren uniformes, armas ni las caras de cana que mantiene la sociedad toda) sería el inicio para obligar a los empresarios a ocuparse en serio o enfriar su negocio. Una variante esta que ante el tribal y peligroso desquicio del fútbol, esquivó el empresario Macri, sugestivamente, siendo el candidato dispuesto gobernar a la difícil ciudad de Buenos Aires con la Máxima Seguridad para sus habitantes. El hombre no enunció nada en el ámbito que suponemos mejor conoce, la de presidente de un club de primer nivel asolado también por la inseguridad. ¿No será que en eso él no conoce ningún método? Porque si de verdad un liberal como Mauricio Macri, furiosamente defensor de la propiedad privada y de las obligaciones comunitarias cuando le conviene, no acierta con esto, que los porteños aguarden una gobernación al menos muy confusa. O exponernos a que cuando él y sus colaboradores hablen mostrando la cara, sean pasibles de los decires de Césare Lombroso, de Italia, y del viejo don Yolando en Escalada.

(*). Garca: tramposo, estafador)

(1). Eduardo Pérsico, narrador y ensayista, nació en Banfield y vive en
Lanús, Buenos Aires, Argentina.

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