9 de diciembre de 2018

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LA DERROTA YANQUI: ¡GOOD BYE IRAK!.

Por: Abel Samir .

24 de octubre de 2006

(ARGENPRESS.info). En Irak, la hora de la verdad se acerca a pasos agigantados. La victoria yanqui se está transformando en derrota. Dice el importante periódico “The Observer”: que “hace sólo unos pocos meses que los líderes políticos en Washington habían empezado a hablar de que la guerra de Irak estaba perdida”. Y no hay duda que lo está. No es posible ganar una guerra cuando el pueblo de ese asolado país, los que son aliados de USA y sus enemigos odian la intervención de los soldados yanquis. Odian a los invasores que se pasean con su arrogancia que les da su poderío y su gran pertrecho militar. Para muchos iraquíes los yanquis representan la mayor desgracia imaginada, catástrofe que ha enlutado a tantos hogares y que ha destruido la infraestructura de ese país, dejando una enormidad de gente en la inopia. La invasión yanqui fue como el abrir una terrible caja de Pandora. Junto a los soldados de la cruzada del siglo XXI, surgieron también miles de demonios con los rostros cubiertos y dispuestos a inmolarse con tal de eliminar el máximo de soldados norteamericanos. Se desataron las luchas tribales y religiosas y el país está hoy en día más dividido que nunca; amenazado de dividirse en tres, cuestión que los sunis nunca van a aceptar. El surgimiento de un estado curdo en territorio de Irak tampoco puede ser aceptado ni por los sunis ni por los países vecinos que tienen minorías curdas en su territorio. Eso crearía una inestabilidad enorme que podría ser motivo de nuevas guerras en un Oriente Medio que no ha tenido tranquilidad desde hace ya más de 54 años y que se transformó en un infierno para los pueblos árabes con la llegada de los sionistas judíos apoyados por Inglaterra, Francia y USA en 1948. De allí en adelante esta zona no ha tenido ni un sólo año de paz.

Además de ser poco clara la situación militar -porque a veces los yanquis y sus “aliados” vencen en una zona para volver a reiniciarse la lucha con igual intensidad apenas sus fuerzas se retiran- no se ve una disminución de las fuerzas insurgentes. Lo que lleva a los norteamericanos a preguntarse de dónde surgen de nuevo fuerzas aparentemente liquidadas. Eso los lleva a pensar que la culpa la tiene Siria y también Irán. Creen que de allí llegan materiales bélicos y voluntarios. Aunque no hay duda que ciertas milicias chiítas reciben algún tipo de apoyo de Irán, ese apoyo no es lo decisivo. Estas fuerzas tienen armas suficientes y para largo tiempo de lucha. Y el tiempo está en contra de los norteamericanos. El cansancio y el desaliento está llegando no sólo a los soldados y sus familiares en USA, también a los jefes. La estrategia de la insurgencia está logrando su objetivo fundamental: la dislocación psicológica del mando enemigo. En Vietnam no sólo se logró eso, sino también, la dislocación de los pequeños mandos y hasta de la tropa que perdió su valor combativo y comprendió que nada tenían que hacer en ese país. Ahora se está comparando a Irak con Vietnam. Para muchos Irak es el nuevo Vietnam. La tumba del ejército más poderoso del mundo esta siendo el desierto y las ciudades iraquíes. Para el coronel Tom Vail la labor de entregar los cuerpos de los soldados muertos a sus familiares es una tarea muy ingrata y muy penosa. Muchos de ellos no quieren ni ver al coronel. En él ven la estupidez y las falsas promesas de seguridad dadas por Bush que no se han cumplido. Una guerra supuestamente terminada que después de tres años de haber sido declarada como finalizada sigue con más ímpetu. Se destaca el caso de los familiares de los soldados norteamericanos Kristian Menchaca y Thomas Tucker que habrían caído prisioneros (el 12 de octubre) en manos de una fuerza de Al-Kaeda. Después de ser horriblemente torturados fueron decapitados. El tío de Menchaca, declaró en la televisión de EEUU que ’mi sobrino tuvo que pagar con su vida porque el gobierno de Estados Unidos no tiene un plan determinado’. Es decir, en otras palabras más precisas: porque no tiene una estrategia para vencer en Irak.

Hace tres años Bush con la arrogancia típica de los yanquis adinerados, proclamó al mundo en forma triunfal, mostrando la máscara de hombre feliz, que la guerra ya había terminado con el triunfo de las fuerzas invasoras. Hoy se combate con mayor firmeza que hace tres años y las bajas norteamericanas son cada vez mayores. Ya no es un secreto para nadie que esa guerra está perdida y aunque se queden veinte años más combatiendo, no la pueden ganar. Así lo reconoce hasta el general William Caldwell que se desempeña como portavoz del ejército norteamericano en Irak. Aunque este reconocimiento sea sólo de carácter indirecto. En el periódico de Dubai, “Dubai International” aparece un artículo de William Rees Mogg que empieza diciendo: “Una fuerza superior del lado equivocado del océano no puede someter a una nación en armas”. Ese es un pensamiento correcto y lo demostró la guerra de Vietnam. Dice también que el que el brillante asistente de Bill Clinton, George Stephanopoulos ha manifestado que la violencia actual que existe en Irak se asemeja mucho a la ofensiva del Tet que lanzaron las fuerzas unidas del FNL y del ejercito de Vietnam del Norte contra el gobierno títere y los yanquis en esa zona de lo que era el Vietnam del Sur. Una comparación que también hacen otros periodistas norteamericanos en diarios tan influyentes como el “New York Times”. A estas aseveraciones Bush sólo ha contestado que pueden tener razón, lo que en buenas cuentas es admitir a medias que la guerra está entrando en una fase definitoria, aunque la fase demore más tiempo de lo que se especula. La pérdida de la iniciativa en la guerra de los norteamericanos y de sus aliados es sintomática. Sin la iniciativa están condenados al fracaso. Bush seguramente pensaba por lo manifestado anteriormente, que los insurgentes tendrían que disminuir su actividad por el agotamiento físico y de materiales. No contaba con el apoyo de la población contra la ocupación norteamericana y los depósitos de grandes cantidades de armas y municiones que existen diseminados por miles en todo Irak. Ese pensamiento de Bush lo llevó a aceptar su estrategia de muchas bases apoyadas por la acción de fuerzas iraquíes favorables a la invasión norteamericana. Una forma de sacar las castañas del fuego con la mano del gato, como lo señaló un alto funcionario del Pentágono a un periodista del “The New York Times”. Allí dijo entre otras cosas que: ’El plan es que los iraquíes se hagan cargo de la situación. No podemos estar allí para siempre’. Esa sería la herramienta que le daría la victoria, pero se ha equivocado. Y la paciencia de los norteamericanos frente a una guerra de desgaste económico y militar que se eterniza produce el cansancio y la falta de credibilidad. Ello influye en la opinión pública que se manifiesta cada vez más por poner fin a la guerra por parte de USA. Incluso entre sus mismos partidarios la oposición a la guerra crece. Se sostiene que un tercio de los parlamentarios republicanos se han manifestado por el término de la acción de USA y por una retirada ahora. Muchos de ellos se preguntan: ¿Por qué estamos allí? ¿Cuáles son los verdaderos objetivos de la guerra? Esta pregunta es cada vez más importante toda vez que las excusas de la guerra se demostró que eran falsas. Ni había armas de destrucción masivas ni Saddam estaba desarrollando armas de ese tipo.

El día de antes de ayer hubo una reunión sin precedentes en la Casa Blanca. Bush se reunió con su ministro de defensa, el vice presidente y todos los altos mandos militares. El jefe de las fuerzas en Irak, el general George Casey participó sólo mediante videocomunicación. La cadena de televisión CNN informa, (Artículo de El País) citando a dos fuentes anónimas, que Abizaid viajó a Washington de forma exclusiva para asistir al encuentro, aunque la versión de la Casa Blanca es que el general lo hizo para pasar ’unos días de descanso’. El jefe del Mando Central de EEUU mantuvo también el viernes una reunión de media hora con Bush en la Casa Blanca. Para Henri Barkey, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Lehigh en Pensilvania, la reunión no hace sino confirmar ’el sentido de urgencia’ que se percibe a raíz de la creciente violencia sectaria.

Lo conversado en esa reunión se mantuvo en secreto y no se ha filtrado lo tratado allí. Después de la reunión, Bush admitió que se vive tiempos muy duros en Irak y que mantendrá sus fuerzas en Irak hasta completar su misión. Según él esa sería destruir a los “terroristas”, es decir, como el 50% de los que luchan en Irak. También hay señales de que se quiere tener un acercamiento con los sunis para aislar a los combatientes de Al-Kaeda. Pero los sunis son simpatizantes del partido Baath, partido al que pertenece Saddam Husein. Y ellos son enemigos a muerte de los norteamericanos. No veo como pueden ellos llegar a acuerdos con USA. A menos que Bush se comprometa de alguna forma con ese partido y su cúspide, hoy casi toda encarcelada en prisiones norteamericanas.

Los altos jefes militares tanto estadounidenses como británicos coinciden en que la situación de Irak tiende a empeorar. Que se podría desembocar en una abierta guerra civil. Sostiene William Patey, ex embajador de Gran Bretaña en Irak que es posible que Irak se divida en dos bloques: Curdos y sunis por un lado y chiítas por el otro. Patey le informó a Tony Blair que: ’la perspectiva de una guerra civil de baja intensidad y una división de hecho de Irak es más probable en este momento que una transición sustancial y con éxito hacia la democracia estable’. Lo mismo enfatizó el general norteamericano John Abizaid ante el Comité de Fuerzas Armadas del Senado norteamericano.

No hay duda que el curso desastroso de la guerra va a influir en la elecciones del Congreso norteamericano. Y una mayoría demócrata sería un golpe fuerte a la política de Bush. Hasta aquí ha podido hacer y deshacer gracias a la mayoría republicana en el Senado. Dice Bush que se mantendrá la misma estrategia (como si hubiera resultado muy positiva) y se va a cambiar la táctica. Creo que hay en estas declaraciones fallas a los conceptos. La táctica siempre se adecua a la situación, pero en esencia es siempre la misma y no es muy flexible. La estrategia es lo fundamental y de ella se deducen las acciones tácticas. La estrategia debe tener un espacio de maniobra, espacio-tiempo. Y parece que Bush no cuenta ya con ese espacio de maniobra. Su estrategia se está haciendo cada vez más táctica, más directa, es decir, está perdiendo su cualidad esencial, de ser precisamente una estrategia. Eso deja a los mandos altos con las manos atadas y sumidos en la defensa de sus bases y por ende, la pérdida de la iniciativa que por ahora está en manos de la resistencia.

Por un tiempo asumieron la estrategia de controlar las grandes ciudades y limpiarlas de insurgentes. Sobre todo de la capital, Bagdad. Pero allí esa estrategia falló y hoy sigue esa ciudad en gran parte controlada por la insurgencia. Los objetivos que se habían fijado no se han cumplido a pesar del uso de poderosas fuerzas con gran apoyo de tierra y aire. Un diplomático norteamericano, Alberto Fernández le confesó al periódico Al-Jazeera que allí, en Irak, la historia está mostrando la arrogancia y la estupidez de Estados Unidos. Además agregó que: “Estamos abiertos al diálogo porque sabemos que, al final del día, la solución a todas las muertes y el infierno que es Irak depende de un gobierno de reconciliación nacional que sea efectivo’, señaló durante la entrevista hablando en árabe. Fernández cita lo que dijo Condoleezza Rice en Blackburn, Inglaterra, en el mes de marzo del presente año: “Yo sé que hemos cometido errores tácticos, miles de ellos, yo estoy segura. Pero cuando miramos retrospectivamente la historia, por la cual vamos a ser juzgados, fue una decisión estratégica correcta”. Aunque un día después de sus declaraciones, Fernández, director de la diplomacia pública en la Oficina de Asuntos del Oriente Medio se disculpó públicamente diciendo que: “me di cuenta de que me equivoqué seriamente al usar la frase «ha habido arrogancia y estupidez». Esto no representa ni mi visión ni la de los del Departamento del Estado”, dijo finalmente. Seguramente que lo llamaron a terreno y a formular esa autocrítica que deja muy mal parados a los jefes norteamericanos en Irak. Probablemente esté diciendo sólo la verdad de los hechos.

Pero la estrategia debe ser flexible y ajustarse a la nueva realidad y eso parece que no se ha podido hacer. Aunque Bush ha dicho este último tiempo que la estrategia, en lo básico, está en constantes ajustes. Parece más bien que se mantiene una suerte de conservadurismo no sólo en política, sino también en la estrategia militar. La salida del problema tal vez estaría más cerca de un consenso político que de nuevas ofensivas militares. Pero parece que el tiempo de maniobra de esa salida está finiquitado. Ya no se ve una salida de ese tipo. Si cree Bush que la resistencia suni e incluso la chiíta que está en contra del gobierno títere y de los yanquis, va a llegar acuerdos con ellos, están muy equivocados. La profundidad del proceso de la guerra, su crueldad, el uso de la tortura y de la violación, además de la falta de respeto religioso ha creado zanjas muy profundas que no permiten esos acuerdos. El maltrato y la tortura que se mantenía como una medida de algunos individuos sicóticos entre los militares, resultó no ser tan así. El Departamento de Estado reconoció que existe un maltrato de prisioneros institucionalizado por las llamadas fuerzas especiales y la CIA en las prisiones y en los campos de prisioneros tanto en Irak como en Afganistán. Esas cosas no se perdonan fácilmente, dejan su huella. Crean odio difícil de apagar que no sea con la sangre contraria. Por otro lado, la resistencia se da cuenta que USA está vacilando en seguir allí y que la retirada norteamericana se acerca. La vacilación norteamericana se manifiesta en los contactos políticos sostenidos en Jordania con representantes de varios grupos y milicias que los combaten en Irak. Sería un mal paso entrar ahora en acuerdos con quién tiene perdida la partida. En ese caso más vale hacer algunas concesiones y exigir la retirada norteamericana.

Si no hay posibilidad de ganar la guerra, y se queda en un empate que a la larga perjudica a los norteamericanos, queda la posibilidad de una retirada “digna”, con la cabeza alta, aunque todo el mundo comprenda que esa retirada es la derrota de la aventura de Bush. Pueden armar más a las fuerzas del gobierno títere y después hacer sus maletas e irse para siempre. Pero ese gobierno no podría mantenerse en el poder más de un año. Se derrumbaría estrepitosamente y lo más probable es que Irak desemboque en una desastrosa guerra civil, una guerra abierta entre tres bandos: curdos, sunis y chiítas. Lo más probable es que el Irak anterior a la invasión no exista más. Los chiítas surgen como una fuerza importante en el sur, fuerza aliada de Irán y enemiga acérrima de Israel, así como lo es Hezbullah. Y mantengo que es una derrota porque uno de los objetivos más importantes de USA en esa guerra fue la de lograr bases militares en la zona para controlar los energéticos y para establecer su dominio político y militar en esa zona del globo terrestre.

Una retirada de Irak es toda una pesadilla para Bush. Sería el reconocimiento de la derrota de su política imperial en Irak y en el Oriente Medio y de su concepción de la guerra, además de la no consecución de sus objetivos con los que soñó desde hace más de una década. Aunque, en verdad, creo que uno de esos objetivos realmente se logró: destrozar la vida de la gente en Irak y sacar del trono presidencial a Saddam, ex-agente de la CIA y ex-aliado norteamericano. Pero de todas maneras, aunque Bush se resista a la retirada, no podrá seguir viviendo de sueños y de deseos. Tarde o temprano tendrá que aceptar la realidad objetiva, y una vez que la vean claramente no les quedará otro camino que hacer las maletas y decir good by a Irak.

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