24 de agosto de 2019

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PERU: TORTURAS, VIOLACIONES Y PRISION.

Testimonio de Zoima Peña Melgarejo [*]

1ro de septiembre de 2006

Soy madre soltera, natural de Tingo María, tengo dos hijos, de seis y ocho años de edad; fui detenida a los 23 años, el 18 de mayo de 1996, violada y torturada de múltiples formas. He presenciado asesinatos y desapariciones de muchos campesinos de nuestra selva, por parte de las FFAA. del Estado peruano ¿Cómo poder borrar de mi mente, si la herida prosigue aún abierta, cómo el árbol de sangre de grado que llora silenciosamente cuando recibe machetazos de personas de entrañas perversas, sin saber que causa profundo dolor? Hay ojos que vieron y buena memoria que no olvidará jamás, sobre lo cual voy a dar testimonio. Hoy me encuentro en el Penal de Máxima seguridad de Chorrillos.

Vivía en el caserío de Challhuayacu, provincia de Tocache, con mis menores hijos; me dedicaba a la agricultura; mi hijo menor tenía dos meses de nacido. Como toda madre, soñaba y anhelaba con un futuro mejor para mis hijos; jamás pensé separarme de ellos; pero en contra de mi voluntad sucedió todo lo contrario, un 18 de mayo del 96, cuando yo y cuatro vecinas nos encontrábamos preparando para compartir nuestros alimentos. Todas ellas eran jóvenes, recuerdo a Teresa que tenía 15 años y Pilar 17. Rosa, Pilar y yo, teníamos a nuestros niños pequeñitos con nosotras. Conmigo sólo estaba mi bebé menor; el otro, de dos años, estaba con un familiar. Nadie intuyó lo que nos iba a pasar.

Mientras los gavilanes acechaban y se preparaban para atacarnos, nuestra sonrisa se heló, como la nieve de los Andes, al ver frente a nosotras a los comandos criminales del Ejército peruano, estaban armados hasta los dientes y en ese preciso momento disparaban balas asesinas contra nosotras. Fue cuestión de segundos, vino a mi mente mi bebé y me dije: "Si me muero moriré con él y si vivo viviré con él". Corrí hacia él, estaba llorando desesperadamente en su hamaca, cargué a mi hijo sobre mis brazos y salí por la puerta trasera, tres de mis amigas también salieron por ahí, pero Flor salió por la puerta delantera. Una bala asesina le atravesó el vientre escuché sus últimos gritos, decía: "Ayúdenme, por favor, me duele". Diciendo esto se retorcía en el suelo, no podíamos ayudarla porque correríamos la misma suerte. Los árboles se mecían tristemente, parecía que la escuchaban; mi amiga se iba desangrando, pedía auxilio. Yo había saltado de una loma y caí hacia el fondo; quise esconderme, pero no pude, porque mi bebé lloraba desconsoladamente, ya que se había golpeado. Intenté hacerle callar, fue en vano.

Miré hacia arriba, no sé cuantas armas me apuntaban. Escuché voces que decían: "Terruca de m...si te mueves te volamos los sesos". Me quedé quieta, abracé fuertemente a mi hijo, pensé que podía ser la última vez; iba despidiéndome de él y me preparé para morir. Cerré mis ojos y me paré para que disparen. Cuando, de un jalón me arrancaron a mi bebé de mis brazos, sentí que se me partía el alma, cuando se lo llevaron como aun paquete hacia mi casa y sobre mí caían patadas, pero no sentí nada, sólo quería estar con mi bebé. Me arrastraron cuatro soldados y me llevaron hacia mi casa y me decían: ¿Por qué te has corrido? Debes ser una terruca. Les dije: "Me corrí porque ustedes entraron disparando".

¿Acaso no es cierto que hace unos meses atrás en el caserío de Guincayco han asesinado a tres campesinos, incluido a un niño de 7 años?. Me respondieron: "Esos eran terrucos". Al llegar pude ver a mi amiga Flor que aún estaba con vida, pedía agua. Un soldado dijo: "Teniente la terruca se muere, hay que rematarla", respondió: "¡No! Que sufra esa m..., hasta que muera". El teniente vino hacia mi a interrogarme. Cada pregunta, una patada. Me preguntaron por personas y lugares que yo no conocía. El teniente me dijo: "Ahora vas a conocer" fue en ese momento que tuve que soportar la crueldad monstruosa de esos buitres, frente a mí, a un lado, se iba una vida joven y valiente, y por otro lado, una vida nueva que recién nacía lloraba sobre la hojarasca. Nada, ni súplicas, ni lágrimas, le conmovieron al teniente "Centauro".

Así lo llamaban, él me decía: "Perra, sino hablas, vas a ver morir primero a tu hijo; luego te irás tú". Le dije: "Por favor está de hambre, quiero darle su leche". El replicó: "¡Qué hambre carajo! Ahorita le aplasto el cuello para que muera rápido. ¿Para qué sirve hijos de terrucos?" Opté por no decirle nada. ¿Qué sabía es criatura de terrucos? ¿Por qué lo torturaron así? Un empujón me hizo volver en mí, con puñetes y patadas estuve en el suelo, no quería creer lo que me estaba pasando, quería estar en las entrañas de mi madre para que me protegiera, quería creer en la historia bíblica de David y Goliat, donde David vence a Goliat. Pero yo no pude contra ellos. Pretendieron que yo misma me desnudara, vino hacia mí un soldado, me arrancó la ropa, yo le arañe la cara; al mismo instante varios se abalanzaron contra mí, incluido el teniente.

En vano fue mi resistencia, al caer al suelo me ataron de pies y manos a un árbol, me desnudaron y luego me vendaron la cara. Sentí desmayarme, pero mi lucha interna por salvar la vida de mi hijo, me hizo volver en mí. Escuché que el teniente decía: "Aprovéchense todos los que quieran, así nomás no se encuentran terrucas". Es así, que fui violada una y otra vez por varios de los efectivos de los "comandos". Fui víctima de quienes se hacen llamar "defensores del orden y los derechos humanos", pero que claramente violan derechos fundamentales, universalmente reconocidos. La maternidad y la infancia tienen derecho a recibir cuidados especiales, ¿Cómo se ha cumplido esto? Como siempre, el Estado pisotea sus propias leyes constitucionales.

Pronto nos cayó la noche, me llevaron arrastrando diciéndome que les enseñe el camino. No podía caminar, no veía nada, estaba atada de pies y manos, a mí bebé lo llevaba un soldado, escuché su llanto y me decía: "Mi hijo aún esta vivo". Estando a unos cien metros de distancia de mi casa, un soldado le hizo recordar al teniente "Centauro" sobre mi amiga Flor, diciéndole: "La terruca está viva, hay que llevarla para curarla". El teniente dijo: ¡No! Anda prueba tu puntería con ella". El soldado respondió: "Yo no, mi teniente". El teniente le dijo: "Sientes lástima por una terruca ¡carajo! Eres una mamita" y fue el mismo quien dijo a los soldados: "Le voy a dar su pasaporte a esta terruca y nadie ha visto nada". Le apuntó a la cabeza disparó. Para esto, ordenó que me quitaran la venda que cubría mi rostro para que yo también viera".

Luego fuimos amarradas con una soga al pie de un árbol, "en ese instante un soldado me lanzó a mi bebé, hice un esfuerzo en traerlo a mi pecho con mi cuerpo y lo amamanté. A la media noche sentí que me desataban, a mis amigas las llevaron a lugares diferentes cerca de allí; yo era la última, me levanté despacio, no hice bulla para que no se despertara mi bebé, como si adivinara las cosas, no se despertó hasta el día siguiente. Les pregunté donde me llevaban; pensé que me iban a matar. Me dijeron: "No preguntes nada".

Seguí caminando hasta que pronto escuché varias voces: otra vez pensé: nos van a violar. Efectivamente, era para eso; aterrada les grité: "Ustedes también han salido del vientre de una madre ¿por qué me hacen esto?" "¡Qué madre carajo!" respondió el soldado y volvieron a violarme dos de ellos. Me hice la muerta, fue tan horrible y desesperante no pode defenderme. Uno de los soldados dijo: "Creo que esta se va a morir, mejor que se vaya con su hijo y traigan a la otra". Escuché que trajeron a Teresa una de mis amigas. El teniente decía: "Todos pasen por ella". El soldado le respondió: "Creo que no va a resistir". El teniente dijo: "No importa, solamente hasta donde resista y ahí la dejan, si muere se quedará a acompañar a su camarada". Se refería a mi amiga, a quien el teniente la había asesinado el día anterior.

Apenas amaneció, me desataron los pies, nos llevaron a la base contrasubversiva de Challhuayacu. Antes de partir un soldado dijo: "La tuca está tirada en el camino, ahí la van a encontrar". Se referían al cuerpo de Flor. El teniente ordenó que la metieran al silo y quemaran su cuerpo. Es así, que la metieron de cabeza al silo; se la veía de las rodillas para arriba. Luego incendiaron mi casa, después de robarse todo; yo pedí sacar una sábana para cargar a mi hijo sobre mi pecho. Luego me amarraron con las manos hacia atrás y me llevaron como a un animal, similar a la época del esclavismo.

Caminamos casi todo el día, atravesamos quebradas, árboles y sentí por última vez el aroma puro de la vegetación, iba despidiéndome de aquella tierra fértil que me vio nacer y crecer. Al llegar a la base contrasubversiva de Challhuayacu no dejaron que la gente nos viera ingresar. Nos dijeron que el "pozo" estaba ocupado. Este "pozo" era el calabozo, a los detenidos los metían allí y de vez en cuando les aventaban comida desde arriba. El teniente me dijo: "No te metemos al pozo porque está ocupado, van a tener el honor de dormir en el almacén". Me eché sobre un saco de arroz. A la media noche escuché gritos de un varón, mire por la rendija, vi a una persona quien estaban ahogando en una tina, mientras lo violaban con un objeto y le decían: "¡Habla carajo!". Tuve miedo, pensé que vendrían a sacarnos. Al día siguiente el teniente me dijo que no diga nadie lo que nos había pasado y que nos iban a curar nuestras heridas. Yo no podía caminar, cojeaba y él siguió diciéndome: "Si tú dices algo, nos vamos a enterar, y si me da la gana ahorita las matamos a las cuatro y nadie va a saber, porque nadie las ha visto entrar".

A los tres días, nos trasladaron a la base del ejército en Tocache. Acá nos separaron, a mis amigas Pilar y Teresa no las volvimos a ver. No sé que habrá ocurrido con ellas. Antes de subir al carro nos amarraron. Le pedí que me amarraran sólo una mano para que con la otra pudiera cargar a mi hijo. Me respondieron: "¡No! Te vas a escapar". No sabía como llevar a mi hijo, me cargaron y me lanzaron a mi bebé, lo pusieron en el piso de la carrocería del carro; empezó a llorar, ya que el carro corría y al saltar por los baches se golpeaba su cabecita. Con mi pie trataba de protegerlo para que nos se golpeara.

Al llegar me entregaron a un coronel, éste me dijo: "Tienes que colaborar para que no te pase nada". Allí estuve quince días, en los interrogatorios era amenazada con desaparecer a mi hijo, me lo quitaban cuando querían, para hacerle llorar.

Una madrugada vino un coronel, éste agarró a mi bebé de sus brazos y cuando estaba llorando le apuntó con su pistola, diciendo. "Este es hijo de un terrorista ¿para qué sirve esta basura?". En otra oportunidad pusieron sobre la mesa un aparato pequeño del cual colgaban varios cables de luz. No sabía para que servía, cuando de pronto me cogieron los brazos hacia atrás y me levantaron la blusa. Me pusieron cargas eléctricas en lo senos. ¡Fue tan doloroso! Una madrugada fui sacada junto a mi hijo, pero esta vez para ahogarnos; a mi hijo también lo sumergían en el agua. Me sentí muy mal, no podía comer, la palia del ejército estaba infectada de pericotes. En una oportunidad me llevaron a una mesa surtida de alimentos y me tomaron fotos. El oficial me dijo: " Con esto ya no nos jode la Cruz Roja". Posteriormente vino un médico civil, me examinó. Yo me encontraba mal de salud por tanta tortura; él me dijo que iba a curarme porque iba a ser trasladada y tenía órdenes de que llegara sana a donde me iban a llevar; pero cuando le dije que avisara a mi familia, él me contestó: "lo siento, no puedo, porque tu sabes lo que me puede pasar". Tenía todo mi cuerpo lleno de hematomas y heridas donde me habían amarrado de pies y manos.

Es así, que a Rosa y a mí, nos trasladan a Lima; fuimos conducidas a la DINCOTE. Aquí nos separan. Dos agentes femeninas me llevaron al baño para hacerme revisiones denigrantes. Luego me condujeron a una celda oscura y fría donde sólo se oía a los pericotes y se sentí a las pulgas de un colchón. Aquí las torturas fueron sicológicas. Me amenazaron con sacarme de madrugada, me llevaron aun edificio del GEIN. Fui interrogada por 6 o 7 personas, mi cabeza quería estallar. Otra madrugada, me llevaron a un lugar oscuro y por el ruido pude sentir que estaba en una playa, cerca al mar y me dijeron que me iban a fondear cono todo y mi hijo. Es así, que después de mucho tiempo vino mi familiar a la DINCOTE, con la Cruz Roja. Después de haber recorrido las bases anti subversivas de Tocache y Tingo María, pues nadie les daba razón. A fines de agosto vinieron los del ejército, diciendo que eran de derechos humanos, que iban a interrogarme; estaba en un cuarto, no era oficina.

Es así que me di cuenta que no eran de derechos humanos, sino un tribunal militar que me iba a "juzgar"; pasé interrogatorios bajo amenazas, insultos abominables, sin ningún abogado. Al quinto día, me sorprendí al ver al juez con cuatro hombres armados encapuchados, más una persona de civil; me dijeron que era mi abogado de oficio. Me preguntaron "¿Quieres un abogado democrático?". "No le respondí. Luego él mismo pasó a leerme un informe, acusándome de varios hechos, basándose en declaraciones de personas y pruebas sembradas por ellos mismos, inclusive afirmando que yo había sido detenida en un enfrentamiento y diciendo que el padre de mis hijos era una persona a quien buscaban, por eso me caía todo el peso de la ley y fui sentenciada a cadena perpetua.

Esto es una venganza política de persecución por la simple sospecha de pertenecer a "movimientos subversivos" te asesinan, te torturan, violan y encarcelan de por vida. El Estado ha aplicado una política de matanza en masa, que son asesinatos; eso lo he vivido.

El abogado después que escucho mi sentencia, dijo: "Dado el delito que ha cometido mi patrocinada, no se puede hacer nada, sólo apelar", "Señores, el juicio ha terminado dijo el juez, se pasará a que la detenida firme su sentencia". No quise firmar, le dije que no estaba de acuerdo con la sentencia injusta, y todo el juicio era una burla porque la sentencia ya la tenía preparada. Esto molestó al juez, llamó a dos de sus hombres y me quitaron a mi bebé, hubo un forcejeo, temí soltarlo porque empezó a llorar, por eso firmé. Y el abogado de oficio no dijo nada, (ahora que me encuentro en nuevo juicio me entero que el abogado de ese entonces es un capitán del ejército).

Denuncio las torturas, violaciones a que he sido sometida, mi hijo y yo, desde mi injusta detención. Las Fuerzas Armadas actuaron con sevicia y vesania. Soy una víctima más como tantas otras miles que hubo en el Perú, y esto no debe ni puede quedar impune. En mi juicio no he tenido un debido proceso, se me ha negado el derecho a la defensa, no me hicieron confrontación con las personas que decían ser testigos, eso no puede ser prueba para sentenciarme a cadena perpetua. El abogado de oficio ¿A quién defendió? ¡A los torturadores! Avaló las leyes inconstitucionales antisubversivas, las cuales denuncio.

(Comité de

[*] Tomado de la revista La Voz de AFADEVIG