19 de septiembre de 2021

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Hamás, Hezbollah y un minuto de reflexión.

Por: Miguel Ángel Llana.

1ro de septiembre de 2006

La escalada de violencia desatada por Israel en Palestina y en Líbano propicia que la población y sus organizaciones, Hezbollah y Hamás, tomen mayor conciencia, si cabe, de la insaciabilidad sin límite de Israel, que ahora se enfrenta a dos problemas que no puede resolver: Hezbollah no está dispuesto a desarmarse como pretenden Israel y NU, y los palestinos están con Hamás y con su dirección no entreguista. Hamás comenzó siendo una organización de ayuda humanitaria, de asistencia a los palestinos con dificultades, pero las circunstancias han hecho que se transforme, ya que estos problemas sociales tienen un responsable: la ocupación israelí.

La función asistencial llevada a cabo por Hamás no era suficiente, por lo que acabó convirtiéndose en un partido con gran base social y prestigio entre la población, y así llegó a liderar Palestina y a ganar las elecciones, Parlamento y Gobierno. Pero, lo más importante, y la diferencia, es su determinación de hacer frente al ocupante: lo “desafíó” a una negociación de Estado a Estado, aunque sólo en negociaciones serias y para algo que no pudiera servir a Israel para seguir ganando tiempo y dilatar las soluciones tantos años esperadas. Quedaron atrás los acuerdos de paz y los tratados, cuyo resultado, siempre el mismo, se tradujo en menos paz y menos territorios... para los palestinos, claro. Así se manifestaba Asis Duek, presidente del parlamento palestino, encarcelado ahora por Israel, sin más.

Hezbollah, formado por libaneses de distintas creencias religiosas, actúa sólo en Líbano. Es un Partido político con una gran organización social en sanidad, educación, etc., con representación en el Gobierno y Parlamento. Dispone de una milicia con tecnología militar rudimentaria, pero tremendamente adiestrada y organizada. Creada en 1982, expulsa al ejército israelí en el 2000 después de 22 años de ocupación, tras años de lucha y sin tomar represalias contra los que habían colaborado con el ocupante.

La victoria de Hezbollah, y la derrota de Israel, lo fue en el 2000 en tres frentes; social, político y militar. Y ahora se vuelve a repetir, pues los destrozos sufridos en Líbano son la mayor manifestación de la derrota israelí. Además no sólo Hezbollah sale reforzado, sino que amplía su liderazgo como modelo, dentro y fuera de Líbano.

Israel ha sido derrotado, también, porque no ha conseguido destruir “totalmente” a lo los libaneses (o a los palestinos) y estos han obtenido la victoria por haber “sobrevivido”. En el lenguaje israelí sólo cuenta la aniquilación completa del contrario, no es suficiente ganar. Así se manifiestan tanto los israelíes de la calle como su gobierno y parlamento. Todos han quedado frustrados por haber dejado su “trabajo” de exterminio a medias. Para los libaneses (o palestinos), la supervivencia ha sido la victoria, y su alegría, poder volver a sus casas destruidas.

Aunque, a pesar de todo, Israel mantuvo y mantiene la ocupación de Shebaa, Altos del Golán sirios encima de Damasco. Y se negó a entregar los prisioneros (unos cuatrocientos libaneses continúan en cárceles israelíes) y los planos de las minas sembradas en el Sur de Líbano. Siempre en contra de las Resoluciones de la ONU -y de su complicidad- o gracias a ella.

Hamás, formado por palestinos; Hezbollah, por libaneses, ambos defienden su tierra de la ocupación israelí como pueden, con un elevado precio y cuantiosas víctimas. Son la respuesta a la ocupación. Son la resistencia necesaria y legítima a la agresión de Israel y a las agresiones mediáticas, económicas, militares y de los organismos internacionales, de NU.

Israel, desde las elecciones ganadas por Hamás en enero, ha incrementado la represión en Palestina contra la población, Gobierno y Parlamento, que mantiene secuestrados, a los que habría que sumar 9.000 palestinos prisioneros. Israel ha estado más de un mes destruyendo Líbano, mientras en NU “debatían” una resolución que sólo se aprueba cuando ya no hay nada más que destruir. Y 30.000 soldados israelíes, de nuevo, vuelven a ocupar Líbano y mantiene un bloqueo por tierra mar y aire que impide, incluso, la llegada de ayuda humanitaria (la palestinización de Líbano). El texto de la Resolución 1701 es tan trágico como la realidad misma. (http://daccess-ods.un.org/TMP/7338659.html)

La escalada de violencia desatada por Israel en Palestina y en Líbano propicia que la población y sus organizaciones, Hezbollah y Hamás, tomen mayor conciencia, si cabe, de la insaciabilidad sin límite de Israel, que ahora se enfrenta a dos problemas que no puede resolver: Hezbollah no está dispuesto a desarmarse como pretenden Israel y NU, y los palestinos están con Hamás y con su dirección no entreguista.

Israel que nunca ha negociado -no está en su diccionario negociar-, debe su existencia a la violencia. Nunca ha utilizado el derecho a defenderse, sencillamente ha ido atacando y ensanchando sus fronteras, con asentamientos y ocupaciones realizados, cada vez, con más violencia.

Lo más grave es que NU aplaude, y premia, a Israel después de haber destruido el Líbano y de haber secuestrado a buena parte del legítimo Gobierno palestino y su parlamento y de mantener en estado de sitio a toda la población. La Resolución consolida y legaliza la situación con un teórico alto el fuego, pero mantiene la ocupación de hecho. Ni una sola palabra sobre la destrucción de toda la infraestructura civil y el crimen de guerra que supone, o sobre indemnizaciones. La línea del frente continúa siendo explosiva, y la belicosidad israelí en alza; Olmert ya ha dicho que perseguirá a los dirigentes de Hezbollah y reitera su derecho a defenderse. NU decide controlar al país atacado y enviará 15.000 soldados al Líbano, en vez de enviarlos a Israel.

En Palestina, desde las elecciones en enero, los muertos son varios cientos, y cientos las casas destruidas, además de prisioneros, incluyendo a parte del Gobierno y Parlamento. Los prisioneros civiles -Palestina no tiene ejército- en cárceles israelíes superan los 9.000. Sin embargo un soldado israelí está en manos palestinas y los muertos no llegan a la media docena.

Líbano ha sido arrasada en 34 días, con el resultado de más de mil muertos y un sinnúmero de desaparecidos, de los que apenas un diez por ciento son combatientes. El ejército israelí mantiene 30.000 soldados en territorio libanés. Israel ha tenido unas 157 muertos, de los que más de dos tercios eran soldados. Israel mantiene prisioneros a cuatrocientos libaneses desde hace años, mientras que Hezbollah tiene a dos prisioneros.

Hezbollah y Hamás, con el apoyo de Siria e Irán, dicen, han provocado todos estos muertos y esta destrucción, ¿con qué calculadora se hacen estos números? ¿Quién tira las bombas, acaso Siria o Irán?

Hezbollah, a juzgar por las cifras, dirigió sus ataques contra objetivos militares; Israel, en cambio, se cebó en las instalaciones civiles y en la población civil. En Palestina, los datos son aún más elocuentes. Y en ambos casos, los mismos datos se pueden extrapolar a décadas más atrás.

Las preguntas de: ¿Quién actúa como terrorista? Y ¿Quién tiene derecho a defenderse y qué defiende cada uno?, debieran hacerse con los datos de las víctimas en la mano. Las lágrimas de Beirut nos conciernen... y las de Palestina y las de Iraq y las de..., son hijas de nuestras bombas.