16 de marzo de 2018

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BIOCOMBUSTIBLES Y PERVERSIÓN SIN LÍMITES DEL CAPITALISMO

Por: Carlos del Frade (APE)

26 de febrero de 2010

Da vuelta el sentido de las cosas para que el mundo siga siendo el lugar donde solamente las minorías tienen derecho a vivir de verdad.

Desde 1975 al presente, después de la primera conferencia internacional sobre medio ambiente, la ecología se ha convertido no solamente en una disciplina científica sino también en una bandera de advertencia y, al mismo tiempo, en un buen disfraz para parecerse a gente sensible. El capitalismo necesita de la explotación irracional de la naturaleza para saciar su voracidad consumista. No importa que el planeta ya exhiba fecha de vencimiento.

Pero lo cierto es que hay que cuidar las formas. Hacer lo mismo pero llamarlo de otra manera.
Explotar sin límites y encubrirlo con una gran cantidad de bellas palabras y símbolos eficaces.
Ya no importa la biodiversidad. Lo que realmente interesa es seguir teniendo combustible para la maquinaria del sistema. El combustible del mañana deberá ser ecológico y para ello tendrá que multiplicarse la devastación de la mismísima ecología planetaria.

Por eso el negocio ahora se llama biocombustibles. Planificar las distintas geografías a imagen y semejanza de los intereses económicos. Eso si, bajo un manto de palabras que prometen el cuidado de la naturaleza y, por supuesto, de la humanidad.

Perversión sin límites del sistema.

- El uso de cultivos para conseguir combustible para coches aumenta el hambre y no sirve para ayudar a detener el cambio climático. La enorme expansión en el uso de biocombustibles industriales debe detenerse - dice Tim Rice, autor del informe “Comida o gasolina: el impacto de los biocombustibles industriales en las personas y el hambre en el mundo”, presentado por la organización Ayuda en Acción y ActionAid.

Los cálculos estremecen.

“Hasta cien millones de personas más podrían pasar hambre en el mundo como consecuencia de la apuesta de la Unión Europea por los biocombustibles”, dicen las noticias que registraron la presentación el mencionado informe.

Pero el disfraz del sistema está bien diseñado y planificado. La Unión Europea se ha fijado que el diez por ciento de los combustibles para el transporte procedan de la naturaleza para el año 2020.

Los datos dicen que es necesario destinar 17,5 millones de hectáreas a cultivos para este tipo de combustibles, una superficie equivalente a más del cincuenta por ciento del territorio italiano, por ejemplo.

Para los investigadores de la organización, “en todos los países en vías de desarrollo, las empresas de la Unión Europea ya han adquirido o están en negociaciones para adquirir al menos 5 millones de hectáreas", lo que provoca "escasez de alimentos para la población local y desplazada". El estudio denuncia otra de las máscaras de los llamados biocombustibles cuando asegura que “no ahorran emisiones de gases de efecto invernadero "si se comparan con los combustibles fósiles a los que reemplazan".

El sistema no tiene límites. Miente de manera descarada, sigue hambreando y a eso le llama protección del medio ambiente.

La cuestión, entonces, es ponerle límites al sistema.

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