9 de diciembre de 2018

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CUMBRE DE LA OTAN

OBAMA Y SUS ALIADOS REDOBLAN LA APUESTA MILITARISTA

6 de abril de 2009

La OTAN celebró sus 60 cumpleaños ratificando su alineamiento con la aventura militar de EEUU en Afganistán. Los aliados europeos se comprometieron, bien que tímidamente, con Barack Obama y su petición de refuerzos. Pese a la represión policial, miles de manifestantes hicieron oir su voz y exigieron la disolución de esta organización militar, responsable del 75% del gasto militar mundial.

La OTAN conmemoró su sexagésimo aniversario a orillas del Rhin escenificando un cierre de filas en torno a la nueva estrategia de EEUU en torno al gigantesco reto de Afganistán.
Los aliados europeos de Washington se comprometieron a enviar 5.000 soldados más al cenagal afgano, que se sumarán a los refuerzos -21.000 soldados más- anunciados por el inquilino de la Casa Blanca, Barack Obama, con motivo de la presentación de su nuevo plan.
Gran Bretaña, aliado preferente de EEUU en la punta de lanza anglosajona, ofrecerá 900 soldados, mientras que Alemania y el Estado español comprometen respectivamente 600 y 450 efectivos más.

El Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero trata así de hacerse perdonar su españolísima obcecación con la cuestión kosovar y muestra el alcance real del desafío a EEUU con el que dio inicio a su primera legislatura: la retirada de Irak.

Obama saca pecho
Con este realineamiento con la aventura militar estadounidense en suelo afgano, la cumbre de Estrasburgo-Kehl ratifica el proceso de conversión de la OTAN en una organización militar que, desde su histórica subordinación a los intereses de Washington, asume crecientemente labores subalternas y de «gendarmería mundial» -aderezada con un barniz presuntamente humanitario- en los escenarios elegidos por Estados Unidos en la lucha por mantener su primacía a escala mundial.
Exultante, Obama envió un mensaje a la red Al Qaeda asegurando que no ganará a la OTAN en Afganistán.

Tras elogiar a los copatrocinadores de la cumbre, la alemana Angela Merkel y el francés Nicolas Sarkozy, el presidente estadounidense señaló que el compromiso de los aliados respecto a Afganistán «es una señal de la determinación con la que abordan los desafíos de la OTAN».

Horas antes, al arrancar el Consejo Atlántico, tanto Merkel como Sarkozy coincidieron en hacer suya la tesis de que Occidente se juega su credibilidad en las montañas y desiertos afganos. «No tenemos el derecho a perder», señaló el inquilino del Elíseo. «Afganistán es verdaderamente nuestra prueba de fuego», coincidió la canciller.

Los afganos serán los paganos
Tras un paseo matutino por el puente que atraviesa el Rihn y comunica las ciudades de Estrasburgo y Kehl, y ajenos a las protestas de miles de activistas llegados de todos los rincones de Europa, los jefes de Estado y de Gobierno de los países aliados volvieron a mostrar, con su compromiso con la «solución militar» a la cuestión afgana, cuánto les importa realmente el destino de la población de aquel depauperado país. Y es que, si atendemos al informe presentado por una veintena de ONGs con motivo de la cumbre, los anunciados refuerzos militares a Afganistán no provocarán sino más sufrimiento a los civiles.

«Es muy probable que el despliegue de refuerzos lleve aparejado un recrudecimiento de los combates y que los civiles vuelvan a verse atrapados entre dos fuegos», alertó desde Kabul un responsable de Oxfam, Matt Waldman, encargado de presentar el informe.

Bajo el sugestivo título de «El precio del conflicto», el informe denuncia que «demasiadas operaciones llevadas a cabo por las fuerzas extranjeras entrañan un recurso excesivo a la fuerza, pérdidas humanas y graves daños materiales».

La advertencia de ONGs como Save The Children, ActioAid, International Rescue Committe y CARE Afganistán no parece excesiva si tenemos en cuenta que los propios comandantes aliados sobre el terreno han reconocido que los refuerzos provocarán un recrudecimiento de los combates con la resistencia.

Eso sí, estos mismos comandantes auguran una «mejora» de la situación pero sólo entrado el año 2010.

Compromiso pobre

Será que estos comandantes esperan los 21.000 soldados de refuerzo estadounidenses (que podrían ser incluso 10.000 más), porque el alcance del compromiso de los aliados es mínimo para un territorio tan vasto como el afgano.

Y es que, de los 5.000 efectivos más comprometidos, 3.000 serán destinados a Afganistán pero sólo para garantizar la «seguridad» con motivo de las elecciones de agosto.
El resto se dedicará al adiestramiento de las fuerzas colaboracionistas afganas, una tarea para la que los aliados crearán un nuevo fondo de 100 millones de dólares, de los que 57 procederán de Alemania.

Todo apunta a que EEUU asumirá, más aún si cabe, el liderazgo militar de la operación. El Pentágono no ha escatimado críticas en los últimos meses a la «escasa preparación y pericia» de las fuerzas militares europeas para bregarse en un escenario bélico como el afgano.
Otra cosa es que los refuerzos militares estadounidenses vayan a ser suficientes para dar la vuelta a una situación que el propio Obama ha reconocido como «peligrosa», con una resistencia que controla provincias enteras del país y que tiene prácticamente acorralado al Gobierno títere afgano en Kabul.

La nueva estrategia para Afganistán de Obama supone, en este sentido, un reparto de papeles en el que a la OTAN se le asigna un papel policial y de adiestramiento, además del asesoramiento en tareas de «reconstrucción» de un país devastado por treinta años de guerra de liberación contra la invasión soviética, seguida por una guerra civil y coronada por una campaña de bombardeos y una guerra de ocupación liderada por los mismos que prometen ahora reconstruirlo.

Los aliados dieron ayer su visto bueno con entusiasmo a esa estrategia, que según afirmó el Sarkozy, «coincide palabra por palabra con lo que los europeos llevábamos tiempo pidiendo»: un refuerzo de la presencia civil y un hincapié en la formación de las fuerzas afganas.
Los aliados no parecen haberse leído el informe antes citado de las ONGs, en el que critican la asunción por parte de los militares de la llamada «acción humanitaria», lo que «diluye la línea de separación entre organizaciones militares y civiles, poniendo a estas últimas en claro peligro».

Nuevo secretario general

Turquía levantó en el último minuto el veto a la candidatura del danés Anders Fogh Rasmussen, que se convirtió en nuevo secretario general de la OTAN.
El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, reprochaba a Rasmussen su apoyo a un diario danés que en 2005 publicó caricaturas de Mahoma que soliviantaron el mundo musulmán y su negativa a cerrar la cadena de pro-kurda Roj-TV.

Erdogan retiró su veto tras haber obtenido «garantías» por parte de Obama.
Las policías no pudieron impedir las protestas

Miles de personas, convocadas por 600 organizaciones de 43 países, se manifestaron en ambas orillas del Rhin contra la cumbre de la OTAN e hicieron frente al impresionante hostigamiento policial, que no logró evitar que el rechazo al belicismo aliado se hiciera oir tanto en Estrasburgo como en Khel.

En la orilla francesa, miles de manifestantes (30.000 según los organizadores, 10.000 según fuentes policiales) exigieron la disolución de la organización militar. A escasos metros del escenario de la cumbre, el Palacio de Congresos, la Policía francesa hacía uso de gases lacrimógenos y de granadas ensordecedoras para cumplir la orden de Sarkozy: «No quiero ver manifestantes en las calles».

Pues los vio. En respuesta a la represión policial, que dejó decenas de heridos, grupos pequeños y extremadamente móviles de manifestantes, identificados como miembros del Bloque Negro por parte de la Policía, incendiaron un puesto policial. Los enfrentamientos se saldaron asimismo con el incendio de un hotel y con daños en otros establecimientos.
En la orilla alemana, la Policía incumplió su promesa de reabrir el puente y dejar pasar a los manifestantes para que se unieran a la protesta en Estrasburgo.
«¡Abrid el puente, abrid el puente!», gritaban los manifestantes, 6.000 según fuentes policiales. Todo en vano.
También hubo manifestaciones contra la OTAN en ciudades de todo el mundo, como en Bilbo.

FUENTE: GARA

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