16 de marzo de 2018

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LA CIA: BRUTALES TÁCTICAS DE INTERROGATORIO

Por: Amy Goodman/Mark Benjamin.

1ro de julio de 2007

Democracy Now!

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

AMY GOODMAN: “Los maestros de la tortura de la CIA: Psicólogos [ayudaron a] la CIA a explotar un programa militar secreto para desarrollar brutales tácticas de interrogatorio.” Es el comienzo de un nuevo artículo de Mark Benjamin de Salon.com. El pasado mes, el Inspector General del Pentágono desclasificó un informe que suministro evidencia concreta de que métodos desarrollados por los militares de EE.UU. para resistir la tortura estaban siendo utilizados para desarrollar técnicas de interrogatorio contra prisioneros. El periodista investigativo revela que dos psicólogos que trabajaron como contratistas para la CIA desde 11-S estaban al centro del programa. Ambos están siendo investigados.

El periodista investigativo Mark Benjamin desvela un nuevo ángulo de esta historia – el uso por la CIA de tácticas similares a las de los interrogadores militares. También señala la coordinación a alto nivel entre la CIA y los militares de EE.UU. en el desarrollo de los métodos de interrogatorio.

Mark Benjamin es el corresponsal nacional de Salon.com. Nos habla desde Washington, D.C. Bienvenido a Democracy Now!, Mark.

MARK BENJAMIN: Gracias por invitarme.

AMY GOODMAN: Explique lo que ha descubierto.

MARK BENJAMIN: Lo que hemos llegado a saber es que hay una escuela especial, una escuela secreta, llamada Supervivencia, Evasión, Resistencia y Escape. Es donde entrenamos a soldados de elite para que resistan, si son capturados por enemigos que ignoran las Convenciones de Ginebra, cosas como waterboarding [1], posiciones de estrés, humillación sexual, aislamiento, ese tipo de cosa. Y hay periodistas, incluyéndome a mí, que han estado trabajando desde años para tratar de mostrar que parece que el Pentágono en cierto modo usó ingeniería inversa para desarrollar esas tácticas a ser utilizadas para interrogar a prisioneros reales. El Pentágono había dicho: “No, no, no,” hasta el mes pasado. Usted mencionó un informe del Inspector General que salió y dijo, bueno, sí, en los hechos, el Pentágono lo hizo. Lo que se nos dice ahora es que parece que la CIA, trabajando estrechamente con el Pentágono, hizo lo mismo muy al comienzo en la guerra contra el terror, basándose en psicólogos muy próximos a este programa. Y el que ambas agencias hayan recurrido a ese programa, que llaman el programa SERE temprano en la guerra contra el terror, sugiere que hubo una coordinación a muy alto nivel en el gobierno de Bush.

AMY GOODMAN: Por favor explique lo que es el programa SERE.

MARK BENJAMIN: El programa SERE es un programa de la era de la Guerra Fría, con el que literalmente establecimos prisiones fingidas en sitios como Fort Bragg, Carolina del Norte, que es donde tenemos una especie de programa bandera, en el que soldados de elite – por ejemplo, soldados de las Fuerzas Especiales – son sometidos a brutales interrogatorios ficticios. Como mencionara, waterboarding es sólo una de las cosas que enfrentan – aislamiento en celdas muy, muy pequeñas, encapuchamiento, ese tipo de cosas, posiciones de estrés. Y la intención es enseñar a esos soldados a resistir esas tácticas ilegales si los capturan.

Y eso presenta un problema obvio. Si vas a someterte a ese entrenamiento, que ha sido diseñado para que la gente resista interrogatorios ilegales, y lo das vuelta para que sirva para tácticas de interrogatorio, que es lo que sabemos ahora que hicieron tanto el Pentágono como la CIA, es muy probable, obviamente, que resulten tácticas que violan las Convenciones de Ginebra. Es un problema para el gobierno de Bush, que ha estado diciendo que sus tácticas son seguras, efectivas y legales. El entrenamiento SERE no ha sido diseñado para ser seguro, efectivo o legal.

AMY GOODMAN: Usted habla de dos psicólogos empleados por la CIA que ahora mismo están siendo investigados. Explique quiénes son.

MARK BENJAMIN: Los dos psicólogos se llaman James Mitchell y Bruce Jessen, y son psicólogos que han estado asociados a este programa de entrenamiento – de nuevo, llamado programa SERE – durante años. Lo que hemos averiguado es que el Comité de Servicios Armados del Senado – el comité dirigido por Carl Levin, un demócrata de Michigan – ahora investiga las actividades de estos dos psicólogos, en particular.

Lo que dicen nuestras fuentes en el Congreso y, en realidad, algunos de los propios colegas de Mitchell y Jessen es que esos individuos, esos psicólogos asociados con el entrenamiento militar SERE, estaban entonces empleados por la CIA como contratistas para hacer lo mismo que hacían los militares, que era dar vuelta esas tácticas y utilizarlas contra terroristas reales. Y, en realidad, Jane Mayer del New Yorker, que ha producido algunos maravillosos reportajes sobre el mismo tema, ubicó a uno de esos tipos, James Mitchell, en una pieza con un detenido de alto nivel de la CIA a comienzos de 2002, y, según Mayer, instaba a utilizar algunas cosas muy duras.

AMY GOODMAN: ¿Quién los investiga?

MARK BENJAMIN: El Comité de Servicios Armados del Senado está investigando a esos sujetos, y, en realidad, sobre la base de la solicitud de Carl Levin, el Departamento de Defensa ha ordenado que todo el que esté asociado con el Departamento de Defensa, en un memorando al presidente del Estado Mayor Conjunto y otros, que cualquier documento que contenga los nombres de esos dos sujetos: Bruce Jessen o James Mitchell, debe ser preservado, y que nadie puede destruir documentos asociados con esos dos sujetos, porque forman parte de esta investigación del Senado.

AMY GOODMAN: ¿Puede hablar de la carta que psicólogos han escrito a la Asociación Psicológica [US]Americana y la controversia que se avecina dentro de esa organización de cerca de 150.000 psicólogos?

MARK BENJAMIN: Hay una desavenencia importante en la Asociación Psicológica [US]Americana, una asociación profesional de psicólogos. En 2005, la Asociación Psicológica [US]Americana elaboró líneas directivas éticas que dicen esencialmente que un psicólogo puede ayudar a participar en un interrogatorio militar. Es algo importante, porque la Asociación Psiquiátrica [US]Americana para psiquiatras dijo no, no participaremos en eso. Resulta que seis de los diez psicólogos individuales que ayudaron a redactar esas directrices éticas para la Asociación Psicológica [US]Americana estaban asociados con los militares. Y, en los hechos, varios de ellos estaban vinculados a esta escuela SERE.

Este tema ha estado desgarrando la Asociación Psicológica [US]Americana durante años, y hay un grupo creciente de psicólogos que están muy, muy preocupados de que las propias líneas directivas de la Asociación Psicológica [US]Americana estén permitiendo que psicólogos, como esos individuos Bruce Jessen y James Mitchell, realicen ingeniería inversa de tácticas de entrenamiento para convertirlas en brutales técnicas de interrogatorio. Y existe un montón de cartas que van y vienen, francamente, al jefe de – a la presidenta de la Asociación Psicológica [US]Americana, objetando a esas líneas directivas y tal vez al uso de esas tácticas

AMY GOODMAN: Usted escribe sobre las docenas de psicólogos que han publicado una carta conjunta a la presidenta de la Asociación Psicológica [US]Americana, Sharon Brehm, identificando a otro psicólogo empleado por la CIA. Fue uno de los diez de ese comité que fueron convocados en 2005 para considerar la participación de psicólogos en esos interrogatorios. Explique quién es.

MARK BENJAMIN: Es un sujeto con el apellido Shumate. Es un psicólogo del Centro de Contraterrorismo de la CIA. Es el centro que informó – en los días del 11-S había un tipo llamado Cofer Black a cargo de esa unidad. Usted recordará a Cofer Black que es muy conocido por ir al Congreso, muy al principio de la guerra contra el terror, y haber dicho, sabe: “Hay un antes del 11-S y hay un después del 11-S; después del 11-S nos sacamos los guantes.”

Lo que preocupa a los psicólogos es que sus colegas que están asociados con ese centro, el Centro de Contraterrorismo, parecen ser también, sabe, cruciales en la ingeniería inversa de esas tácticas, esas tácticas de entrenamiento en técnicas brutales de interrogatorio, o por lo menos es lo que preocupa a esos psicólogos. Y lo que están haciendo es alertar a su organización de que podría haber un verdadero problema por ese motivo.

AMY GOODMAN: ¡Claro! Cofer Black está involucrado ahora con Blackwater, la compañía de seguridad privada basada en Carolina del Norte, un vástago relacionado con la inteligencia. Ahora bien, R. Scott Shumate fue una de las diez personas que participaron en ese grupo de trabajo PENS, el grupo de trabajo asesor que terminó por informar que los psicólogos podrían continuar en esos interrogatorios militares, a pesar de que tres de sus miembros – tuvimos a dos de ellos en Democracy Now! – han expresado considerable preocupación al respecto, y uno de esos miembros entregó todas sus notas de preparación de la reunión y después, las listas de correo electrónico, al Comité de Servicios Armados del Senado, durante su investigación.

MARK BENJAMIN: Así es. Y algunos de los psicólogos, como usted mencionó, esos psicólogos civiles, sienten de cierto modo que se les presionó o engañó o, sabe, en otras palabras, que los militares que estaban en ese panel y que presentaron esas directrices éticas en cierto modo dirigieron el asunto. Pienso que es a eso a lo que usted se refiere. Y, sí, existe una preocupación muy seria entre esos psicólogos, de que sus colegas profesionales puedan haber jugado un papel esencial en la conversión de esas técnicas, tanto en el Pentágono y, como hemos descubierto ahora, también en la CIA, en algunas técnicas de interrogatorio verdaderamente brutales.

AMY GOODMAN: ¿Puede hablar sobre el tema de “jointness” [expresión acuñada por los militares estadounidenses para definir la cooperación en todas las fases de los procesos militares, N. del T.] ?Mark Benjamin?

MARK BENJAMIN: Sí, “jointness” es un término – si hablas con gente en las fuerzas armadas, es un término que se refiere a una decisión a alto nivel tomada por – por ejemplo, tomada en la Casa Blanca – para que la CIA y los militares trabajen de común acuerdo en un proyecto de alto nivel. En este caso, serían los interrogatorios. Lo que sucedió en este caso en particular es que tenemos jointness respecto a los interrogatorios. Muy temprano en la guerra contra el terror, la CIA y el Pentágono trabajaron en estrecha cooperación para desarrollar esas técnicas de interrogatorio basadas en ese tipo de entrenamiento brutal de nuestras propias tropas. De nuevo, se refieren a esto como “jointness.” Así que lo que se tendrá – eso explicará muchas cosas. Explicaría por qué en las salas de interrogatorio puede haber un grupo de gente de la CIA y al mismo tiempo puede haber, sabe, un soldado de elite de las Fuerzas especiales o un soldado de la Fuerza Delta, que participen en esos interrogatorios. Así que lo que pasa es que nuestras tropas más elitistas trabajan muy, muy estrechamente, con la CIA en algunos interrogatorios muy duros.

AMY GOODMAN: ¿El tema del aislamiento y el papel crucial de uno de esos dos psicólogos?

MARK BENJAMIN: Sí, uno de los psicólogos es un sujeto llamado Bruce Jessen, quien es aparentemente un experto en aislamiento. El motivo por el que eso es interesante es que el mes pasado el Consejo de Europa publicó un nuevo informe que en cierto modo explica lo que sucedió a esos detenidos de la CIA cuando estaban en esos sitios ocultos, como los llama el presidente o como han sido llamados. Y una de las cosas que sucede con esas personas es que son colocadas en una pieza insonorizada, con una luz blanca muy suave, aire que sale por un agujero en el techo, y virtualmente sin interacción con otros seres humanos durante 120 días. La investigación parece mostrar que cuando eso ocurre, uno comienza a perder su sentido de identidad, se alucina, oye cosas, ve cosas que no existen, y sufre una crisis psicológica. Es una forma de abuso que no deja marcas físicas. Y creo que la preocupación se debe a que la CIA aparentemente utilizó esas tácticas, y que algunos de esos psicólogos pueden haber jugado un papel en la ayuda a la CIA y a los militares para que aprendieran a hacerlo.

AMY GOODMAN: Cuando hablamos con los psicólogos, dos de las diez personas que realizaron ese grupo de trabajo para la Asociación Psicológica [US]Americana [APA], nueve de ellos miembros con derecho a voto, seis de ellos militares, Nina Thomas, psicóloga basada en Nueva York que participó, dijo que, aunque conocía la conexión militar, no se dio cuenta de hasta qué punto algunos de los miembros estaban en ese grupo de trabajo presidencial, que hizo su recomendación a la APA, cuán involucrados estaban en el programa SERE y en los interrogatorios. Entre las personas de las que habló estaba el coronel Morgan Banks.

MARK BENJAMIN: Correcto. Morgan Banks es un individuo que está asociado con el Directorado Psicológico del Comando de Operaciones Especiales, de modo que son los psicólogos superiores asociados con las unidades de Operaciones Especiales en las fuerzas armadas. Lo que descubrimos el pasado mes, cuando el Inspector General del Departamento de Defensa desclasificó un informe que mostraba que ese departamento, el Directorado Psicológico del Comando de Operaciones Especiales, presentó al comienzo de la guerra un plan específico para que se hiciera eso. En otras palabras, cuando digo “eso,” quiero decir esas tácticas de entrenamiento, esos brutales interrogatorios simulados, y los voltearon para convertirlos en técnicas reales de interrogatorio. Porque el hecho de que ese sujeto, Morgan Banks, estuviera a cargo de esa parte de Operaciones Especiales, parece sugerir contundentemente – no dice Morgan Banks por su nombre, pero dice que su organización lo hizo. De modo que si hay un individuo que participa y que forma parte de la planificación original para convertir esas técnicas en verdaderas tácticas de interrogatorio y después participa en un grupo de trabajo de la Asociación Psicológica [US]Americana que elabora directrices éticas que dice que eso se puede hacer, pienso que hace sonar una alarma real entre los psicólogos.

AMY GOODMAN: Bueno, ciertamente seguiremos prestando atención a este tema. La reunión de la APA, la reunión de la Asociación Psicológica [US]Americana, la conferencia anual, tendrá lugar en San Francisco a mediados de agosto. Sé que hay muchos que no están pagando sus cuotas, muchos psicólogos; algunos se han retirado por esto. Seguiremos atentos, ya que se espera que aparezcan nuevas denuncias en las próximas semanas.

Y le agradezco, Mark Benjamin, por hablar con nosotros. Mark Benjamin, corresponsal nacional en Salon.com.

Mark, para terminar, el viernes, fui a la Universidad Yeshiva, aquí en Nueva York, que tuvo una conferencia para su cincuenta aniversario, llamada “Guerra, tortura y terror: el rol de la psicología.” Habló Michael Gelles. Fue uno de esos miembros del grupo de trabajo de la APA. Defendió la posición de la participación de psicólogos en interrogatorios militares. Después, una serie de psicólogos lo cuestionó seriamente desde el público.

MARK BENJAMIN: Sí, y el argumento de gente como Gelles, que estuvo en ese panel, es que si hay un psicólogo en la sala o cerca de la sala en la que tiene lugar un interrogatorio, permite que el psicólogo sea una especie de personal de seguridad. En otras palabras: tengamos por lo menos psicólogos cerca, para que puedan fijar ciertos límites. El reverso de eso, desde luego, es que los psicólogos – como profesionales médicos, saben cómo apretar las clavijas a la gente. Y hay transcripciones de interrogatorios, que incluyen a ese individuo, el vigésimo secuestrador, Kahtani, que muestran a psicólogos en Guantánamo que dicen a los interrogadores cómo pueden aumentar la presión, no actuando como personal de seguridad durante los interrogatorios, sino diciendo esencialmente a los interrogadores cómo ser más compulsivos. Es el punto crucial del problema.

AMY GOODMAN: Mark Benjamin de Salon.com.

http://www.democracynow.org/article.pl?sid=07/06/25/1421214&tid=25
[1] Waterboarding es una forma de tortura que ha sido utilizada para obtener información, forzar confesiones, y causar angustia mental a sus víctimas. El proceso real involucra inmovilizar por completo a un prisionero atándolo a una mesa o plancha. Lo atan de modo que no pueda mover sus brazos o piernas más de unos centímetros. Luego, inclinan la mesa/plancha de manera que la víctima yace inclinada, con sus pies a unos 25 cm. más elevados que su cabeza. Le colocan un trapo en la boca y cubren su cara con plástico transparente. Luego le echan balde tras balde sobre la cara lo que hacen que su mente y su cuerpo sientan que se está ahogando. [N. del T.]

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