24 de mayo de 2019

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¿GIRO A LA DERECHA DE EVO MORALES? .

Por: Juan Pedro Denaday.

22 de septiembre de 2006

A la retórica conciliadora para "calmar ánimos" se le han sumado una serie de concesiones materiales, que representan un retroceso frente a los avances que se habían comenzado a esbozar. Luego de que el MAS y el líder indígena Evo Morales triunfaran de manera aplastante en las elecciones presidenciales de diciembre de 2005, hubo quienes lo interpretamos como una victoria popular contra el imperialismo y advertimos que sería por lo tanto un gobierno asediado por la derecha.

Naturalmente nadie tenía expectativas en que el gobierno se transformara un gobierno revolucionario ni nada por el estilo, pero en la medida en que existía un ’empate’ en la lucha de clases y las masas no tenían ni la madurez ni el nivel de organización social y política como para imponer su propio gobierno, la victoria de un emergente del movimiento campesino frente al candidato del imperialismo Tuto Quiroga, representaba un resultado favorable a los explotados.

La victoria electoral le abría nuevos desafíos al movimiento popular, la posibilidad concreta de una nacionalización de los hidrocarburos y la convocatoria a una Asamblea Constituyente donde las clases subalternas pudiesen ejercer un peso específico e imponer sus demandas mediante el ejercicio de su soberanía política.

Aunque la organización del movimiento de masas no fuese tal como para darle una salida revolucionaria al impasse en que había ingresado la lucha de clases boliviana (posibilidad que algunos sostienen invariablemente de forma ahistórica y un tanto alegre; me refiero a aquella idea de que siempre, en todo momento y lugar, existe la posibilidad de desencadenar una revolución socialista e imponer un gobierno obrero, al margen de la situación histórica concreta y la relación de fuerzas realmente existente), al mismo tiempo si había alcanzado un nivel de radicalidad y permanencia en el tiempo tal como para ejercer una presión sobre el gobierno que lo obligara a tomar algunas medidas de carácter progresivo. Estaba en duda, en todo caso, el nivel de presión que esas masas pudiesen ejercer.

Los decretos de nacionalización del 1º de mayo, la convocatoria a la Asamblea Constituyente y la campaña de "No a las autonomías para la burguesía", fueron medidas que marcaban la posibilidad de que algunas conquistas históricas se materializaran. El proyecto de Reforma Agraria, aunque muy limitado, también apuntaba en este sentido. Cierta retórica conciliadora del gobierno por momentos con Estados Unidos y por momentos con la derecha local, reflejaban los aspectos más negativos y retardatarios del gobierno indígena. Pero en la medida en que el gobierno mantuviera sus principales medidas la retórica conciliadora podía ser entendida en un sentido táctico, e incluso como la manifestación de una relación de fuerzas real.

Y esto es precisamente lo que viene modificándose con las últimas medidas de Evo Morales. Porque a la retórica conciliadora para "calmar ánimos" se le han sumado una serie de concesiones materiales, que representan un retroceso frente a los avances que se habían comenzado a esbozar. Primero con los acuerdos para la Asamblea Constituyente, donde se le otorgó una sobre representación innecesaria a los partidos de la derecha. Fue precisamente esta concesión inicial del gobierno lo que le dio una relativa legitimidad a la medida de paro cívico en Oriente, dado que el gobierno quedó descolocado al querer imponer a último momento el criterio de mayoría absoluta cuando previamente había negociado los dos tercios.

Petrobrás arma el gabinete... del gobierno boliviano

Esta línea de concesiones, cuyo exponente ideológico es el vicepresidente García Linera, se ha profundizado con la renuncia del Ministro de Hidrocarburos Andrés Soliz Rada, que era la expresión de una línea nacionalizadora "dura", aunque fuese en los marcos de un capitalismo de estado. Este ministro quería afectar verdaderamente y de una manera radical los intereses de las empresas petroleras, incluso de aquellas que envolvían un problema diplomático con el Brasil y Argentina, como Petrobrás y Repsol respectivamente.

No en balde, antes de protagonizar esta experiencia gubernamental, en su calidad de periodista especializado en el tema hidrocarburos, Soliz Rada había definido al peronista Néstor Kirchner como un "vocero de la Repsol". El ahora ex -ministro ha expresado claramente que dejó el cargo tras la decisión del ejecutivo de "congelar la medida que disponía el monopolio estatal de la comercialización del petróleo y excluía a Petrobras de ese negocio" (Ver "Hay pugnas por aplicar el decreto", Pablo Estefanoni, Página/12 19/09/06).

La expulsión de Soliz Rada y su reemplazo por el economista moderado Villegas representa una clara concesión del gobierno de Evo Morales a las transnacionales. El conflicto se originó por la intención del entonces ministro Soliz Rada de que YPFB tomara el control de las refinerías de Petrobrás así como la comercialización de sus productos (Ver En Bolivia, la oposición exige un giro en la política petrolera, Agencias AP, AFP, EFE y ANSA, La Nación 17/09/06).

Vale aclarar, que Petrobrás no es ni por casualidad (como se la quiere presentar) una "empresa estatal", sino una sociedad anónima donde invierten y obtienen enormes dividendos múltiples accionistas privados de varios países, y donde el Estado brasilero es un accionista más y se encarga de la administración burocrática de la petrolera. Además, por supuesto, como brillantemente cumple la función el líder del PT, el presidente Lula da Silva, el gobierno brasilero actúa como vocero y correa de transmisión de los intereses imperialistas en la región. En esto, junto al presidente Kirchner, forman una dupla ejemplar.

Contra la derecha, defender la Constituyente y la Nacionalización

No se trata por supuesto de desarrollar una oposición frontal con el gobierno, adoptando posiciones doctrinarias que operen no sobre la realidad de la lucha de clases sino sobre la base de esquemas imaginarios, menos aún cuando existe un asedio importante de la derecha y el imperialismo (que por otra parte consideran las concesiones gubernamentales como una muestra de debilidad, pero de ninguna manera como la posibilidad de proyectar un acuerdo estratégico). Las clases dominantes y el imperialismo tienen claro que en definitiva las fuerzas sociales y políticas que el MAS representa son de conjunto antagónicas a sus intereses. Pero tampoco hay que dejar de advertir y marcar las limitaciones y concesiones del gobierno que representan un obstáculo al proceso y que incluso puede introducir la desmoralización entre los sectores populares.

El MAS no es un movimiento homogéneo, y hay que actuar sobre esas contradicciones para orientarlo hacia la izquierda, hacia un curso de medidas progresivas de carácter verdaderamente antiimperialistas y a una confrontación abierta con la oligarquía. La profundización de un proceso de medidas de carácter nacionalista y antiimperialista, abrirá la posibilidad futura de desencadenar un proceso anticapitalista y de revolución social, que es evidente no se encuentra maduro en la actualidad. Para ello, es insoslayable un proceso de acumulación política y establecimiento de relaciones de fuerzas por parte de las clases subalternas.

En definitiva, para que el proceso avance y no sea congelado es indispensable la movilización del movimiento de masas, sobre todo de los sectores campesinos, indígenas y cocaleros, la vanguardia de El Alto y las juntas vecinales que fueron la sabia vital de la lucha de clases en los últimos años y otorgaron el voto popular masivo que permitió el acceso al gobierno de Evo Morales. En este sentido, la defensa de una Constituyente soberana y democrática, sin pactos con la burguesía, y la nacionalización total de los hidrocarburos deben mantenerse como las banderas innegociables de los movimientos sociales.

* Corriente Praxis - Argentina: www.corrientepraxis.org.ar
Correspondencia de Prensa. germain5@chasque.net